Durante tres años, la paciente recibió flores de cannabis para tratar una distonía idiopática, una enfermedad que provoca contracciones musculares involuntarias. Su aseguradora autorizó el tratamiento en septiembre de 2023 y cuando el Parlamento alemán retiró esta presentación del catálogo público, solicitó mantener la cobertura porque no toleraba los medicamentos alternativos.
El tribunal rechazó su petición, ya que desde el 30 de julio la legislación alemana excluye las flores secas del seguro público obligatorio, conocido como GKV. La reforma tampoco estableció un periodo transitorio para los tratamientos previamente aprobados. Aunque reconoció la gravedad de la enfermedad, consideró que no se cumplían las condiciones excepcionales para obligar a financiar una prestación excluida.
La exclusión del reembolso no prohíbe que un médico prescriba flores ni que el paciente las compre en una farmacia con receta privada. En la cobertura pública permanecen, bajo determinadas condiciones, los extractos estandarizados y los medicamentos con dronabinol o nabilona. Para nuevas terapias financiadas, la normativa también contempla un ensayo inicial de seis meses con un medicamento autorizado con cannabis.
Las autorizaciones anteriores a la reforma ya han dado lugar a respuestas judiciales diferentes. El 8 de septiembre, un tribunal de Dresde ordenó mantener provisionalmente el suministro de otro paciente cuya autorización indefinida no había sido revocada. El 16 de septiembre, un tribunal de Leipzig rechazó una petición similar porque allí la autorización permitía expresamente revisar ante un cambio legal.
La paciente de Frankfurt pidió que otro tribunal revisara su caso, según informó Apotheke Adhoc el 1 de septiembre. Su caso añade un capítulo a los problemas que ya encontraban los pacientes alemanes para obtener reembolsos. La resolución no es firme y la controversia sobre las autorizaciones anteriores sigue abierta.
Mientras Alemania debate nuevas restricciones a la prescripción remota y al reparto, esta reforma plantea otro problema: qué ocurre con quienes ya tenían tratamientos financiados. La flor sigue siendo legalmente accesible mediante receta privada, pero esa vía depende de que cada paciente pueda asumir su coste.