Astillas del bosque (I)
Thoreau
Agrimensor, carpintero, fabricante de lápices, “inspector de tormentas”, estudioso de la filosofía griega y del pensamiento oriental, amigo de Emerson, pionero de la desobediencia civil, fue definido por Henry Miller como “un aristócrata del espíritu, lo más raro de encontrar sobre la faz de la tierra, la mejor clase de hombre que una comunidad puede producir”. Cabe lamentar que Thoreau (1817-1862) no compendiara su arte de vivir en un libro de aforismos, pero su diario, sus ensayos, sus cartas, su Walden o la vida en los bosques (1854) están llenos de sabias iluminaciones. Empezamos por espigar el primer capítulo (“Economía”) de su tonificante obra maestra.
No es sino lo que piensa el hombre de sí mismo lo que fragua su destino.
La mayoría de los lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no solo no son indispensables, sino obstáculo cierto para la elevación de la humanidad.
Ser un filósofo no consiste en tener pensamientos sutiles, ni siquiera en fundar una escuela, sino en amar la sabiduría hasta el punto de vivir conforme a sus dictados una vida sencilla.
Hablo para la gran masa de descontentos, que se quejan ociosamente de la dureza de su sino y de los tiempos que corren en lugar de intentar mejorarlos.
Siempre he ansiado mejorar el momento y hacerlo mío de manera plena, detenerme en esa encrucijada de dos eternidades, pasado y futuro, que es precisamente el presente.
Solo obtuve dolores por mis esfuerzos, pero esos esfuerzos fueron, a su vez, mi recompensa.
Si os disponéis a abordar un nuevo empeño, hacedlo con vuestro traje viejo.
Todo niño recomienza el mundo.
Si las aves disponen de nidos, los zorros de madrigueras y los salvajes de chozas, en la moderna sociedad civilizada solo la mitad de las familias cuenta con albergue propio.
Si se afirma que la civilización representa un adelanto real en la situación humana, debe demostrarse que ha producido mejores viviendas sin hacerlas más costosas.
¿Hemos de esforzarnos siempre por obtener más en lugar de contentarnos alguna vez con menos?
Los hombres se han convertido en herramientas de sus herramientas.
Es difícil empezar sin pedir prestado, pero acaso sea esta la forma más generosa de hacer que el prójimo participe en vuestra empresa.
Se profesan y practican toda clase de cosas, menos el arte de vivir.
Nuestros inventos suelen ser juguetes que distraen nuestra atención de cosas más serias.
Tenemos prisa por construir un telégrafo entre Maine y Texas; pero puede que Maine y Texas no tengan nada importante que comunicarse.
El hombre cuyo caballo corre más deprisa no siempre es portador del mensaje más importante.
He aprendido que el viajero más veloz es aquel que se desplaza a pie.
El comercio maldice todo lo que toca.
Puede que no lleguemos a puerto, pero mantendremos la ruta.
Cooperar, tanto en el sentido más elevado, como en el más modesto, significa subsistir solidariamente.
Decídete a ser bueno.
Hay mil que podan las ramas del mal por cada uno que se dedica a erradicarlo; incluso es posible que quien más tiempo y dinero dedica a los necesitados sea quien por su modo de vida más contribuye a la miseria que trata en vano de socorrer.
Tratemos de convertirnos en uno de los bienes que atesora el mundo.