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La historia humana muestra desde sus orígenes un cariz sombrío, cuando no trágico. Para no remontarnos demasiado atrás, podríamos preguntarnos con Montaigne en 1580: “¿Quién no juzga que el mundo se derrumba y que tenemos encima el día del juicio final? En presencia de tantas licencias y desórdenes, y de la impunidad de los mismos, más bien encuentro que nuestras desdichas son blandas”. Sin embargo, a lo largo del siglo xx, esa constante humana parece haber rebasado un umbral irreversible. Y no precisamente porque faltaran mentes lúcidas pensando en voz alta. Centrémonos en dos de ellas y comprobemos hasta qué punto clamaron sus voces en el desierto durante un intervalo corto pero decisivo: 1941-1964.

Este sistema no puede funcionar a menos que la demanda de lo innecesario aumente de continuo, lo cual solo es posible mediante incesantes llamamientos a la codicia y la competitividad. Los hombres siempre han sido presa de las distracciones, pero hasta ahora no se había hecho ningún intento por convertirlas en el centro de la vida humana. La nuestra es una época de irrelevancias sistematizadas, y el imbécil que todos llevamos dentro se ha convertido en uno de los titanes sobre cuyos hombros descansa el peso del sistema socioeconómico. La superación de las distracciones nunca ha sido tan imprescindible como ahora; tampoco ha sido nunca tan difícil como ahora

Aldous Huxley, 1941

La perfección de los medios y la confusión de los objetivos es lo que caracteriza nuestra época.

Einstein, 1941

La idolatría tecnológica es la religión cuyas doctrinas se promulgan implícita o explícitamente en las páginas de publicidad de los diarios y revistas, la fuente de la cual millones de hombres, mujeres y niños en los países capitalistas extraen su filosofía de la vida.

Huxley, 1943

Se prometió liberar al mundo de carencias y necesidades, pero grandes sectores del mundo se enfrentan hoy con el hambre mientras otros viven en la abundancia. No existe ninguna salida posible por la vía fácil, ya no hay tiempo para andar paso a paso y aplazar para un futuro indefinido los cambios necesarios. Ya no hay tiempo para mezquinos regateos.

Einstein, 1945

El poder desencadenado por la bomba atómica lo ha cambiado todo, excepto nuestra manera de pensar, y por eso navegamos hacia una catástrofe sin precedentes.

Einstein, 1946

Hoy día sabemos que no existe ninguna correlación entre tecnología avanzada y moralidad avanzada.

Huxley, 1947

Si la idea de un gobierno mundial no es realista, entonces solo existe una visión realista de nuestro futuro: la destrucción total del hombre por el hombre.

Einstein, 1948

En muchos casos, demasiados quizá, esa cosa que llamamos progreso es sencillamente una aceleración en el ritmo de explotación de los recursos disponibles. No hay margen de tiempo, ni de tierra, ni de recursos. La investigación debe dirigirse al desarrollo de sustitutos universalmente disponibles de las fuentes de energía; por ejemplo, la fuerza del viento y la energía solar. Cada momento de la vida de los seres humanos en un planeta superpoblado y desgastado es también un momento de crisis. Si seguimos viviendo como un enjambre de parásitos destructores, nos condenamos a nosotros y a nuestros hijos a la miseria y la desesperanza, que hallan su expresión en la violencia colectiva.

Huxley, 1949

¿Es exagerado decir que el destino del mundo pende de un hilo? No, no lo es. El destino de la humanidad siempre está pendiente de un hilo, pero ahora es más cierto que en ninguna época anterior.

Einstein, 1950

Una persona que vive en el siglo xx está menos expuesta a coger la peste que una persona que haya vivido en el siglo xiv, pero mucho más expuesta a incubar el cáncer, la diabetes, enfermedades coronarias, neurosis, psicosis y todas las variedades de desórdenes psicosomáticos.

Huxley, 1950

La superpoblación se ha convertido en una amenaza seria contra la salud y un obstáculo grave para cualquierintento de organizar la paz en este planeta.

Einstein, 1954

Armamentos, deuda universal y obsolescencia planificada: esos son los tres pilares de la prosperidad de Occidente.

Huxley, 1962

En un mundo con crecimiento explosivo de población, precipitados avances tecnológicos y nacionalismo militante, el tiempo a nuestra disposición es estrictamente limitado”

Huxley, 1964

Nº 235 ya en los quioscos

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