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Público variado en el final del Trofeo Rock Villa de Madrid en la plaza de toros de las ventas, 1981. Foto: Miguel Trillo
Público variado en el final del Trofeo Rock Villa de Madrid en la plaza de toros de las ventas, 1981. Foto: Miguel Trillo

Aunque la ingenuidad fue probablemente el rasgo más genuino de la movida madrileña –como corresponde a un fenómeno cuyos integrantes más provectos apenas frisaban la treintena–, sus tenaces detractores no han cesado de imputarle los más perversos crímenes: vivir con frescura, entender el trabajo como diversión, dejarse fascinar por la ciudad, la gente, la noche, los bares, la ropa, los conciertos...

A lo largo de su breve existencia, aquel experimento colectivo contemporáneo a la transición democrática española se vio en la necesidad de combatir el escepticismo de la vieja guardia intelectual, la voracidad de los medios de comunicación, la utilización propagandística por parte de las instituciones, la inicial indiferencia y posterior ambición comercializadora del mercado y, por último, su propia iconoclasia. Pero los ochenta no solo fueron los años de la movida. Un puñado de testimonios basta para evocar la riqueza y complejidad de aquella encrucijada histórica.

“En pleno debate sobre la Constitución española de 1978, Juan Benet propuso una extraña y sugerente redacción, con un único artículo que rezaba así: ‘Todo español, por el mero hecho de serlo, tiene derecho al fracaso”

Rafael Conte, “La escritura originaria”, ABC, 3-IX-1998

“Detesto la llegada del Guernica [Picasso, 1937], fin de una pesadilla de cuarenta y dos años y comienzo de otra... Detesto el final de la transición sellada artísticamente por la puntilla y el descabello del Guernica... Odio el premio podrido del Guernica concedido a los españoles por sus méritos en las oposiciones de ingreso a la democracia”

Antonio Saura, Contra el Guernica, 1981, edición del 2009

“Una generación no digo que buena o mala, mejor o peor que las anteriores o las por venir, pero sí, al menos, optimista y, por primera vez en muchos años, encantada con el tiempo –los ochenta– que le ha tocado vivir, y hasta el gorro o el moño, según los casos, del desencanto de sus hermanos mayores”

Quico Rivas, “Pintar en Madrid”, Diwan, n.º 11, julio de 1981

“Recuerdo que acababa de morir Franco y estaban poniendo música clásica en el Drugstore de Fuencarral, y yo no me decidía entre Space Oddity y Billion Dollar Babies, de Alice Cooper; al final, me compré el de Bowie y a la semana siguiente el otro. Ese interés era debido a que un mes antes había devorado el libro de Eduardo Haro Ibars, Gay Rock, que fue lo primero que leí sobre esa gente. Sí, me abrió. Me abrió demasiado, porque recuerdo que yo iba por casa diciendo: ‘Mamá, quiero ser chico, para ser maricón”

Alaska, Total, n.º 3, 1982

“A partir de 1982, la oferta que se nos hace es la de la normalidad, la modernización y la homologación, es decir, adecuar el paso al ritmo general del sistema. Al final de ese viaje se crearon dos autos sacramentales, dos grandes escenificaciones de la modernidad: los Juegos Olímpicos y la Expo de Sevilla. Hasta ahí aguantaron el aliento y el presupuesto general del Estado. ¿Qué ocurre después? Una caída en picado de las expectativas, seguida de la instalación de un miedo profundo en todas las dimensiones de la existencia, acompañado del descrédito de la memoria y la utopía. Con el primero, se consigue que la gente no busque las causas; con el segundo, que no busque salidas”

Vázquez Montalbán, “La vuelta al orden. Un adiós al siglo xx”, El Europeo, 1997

“Me consta haber fracasado históricamente –como este país, dicho sea con perdón– en el intento de llegar a ser moderno. Pero creo que podríamos pasarlo mejor en este clima de fragmentación y múltiples referencias que en el viejo y asfixiante monoteísmo cultural que reinaba, en el poder y en la oposición, durante los recientes años de prehistoria”

Ludolfo Paramio, Madriz, febrero de 1984

“Vecinos de Madrid: hemos de estar en extremo contentos y satisfechos por el hecho de que Madrid se haya convertido en la fábula de Europa. Voces extranjeras la llaman la capital de la alegría y el contento. Nada puede producirnos mayor gozo, siempre ajeno a cualquier soberbia o vanidad, porque titular así nuestra ciudad significa que es acogedora, cordial, libre, apacible y universal”

Tierno Galván, Bando municipal, 9 de mayo de 1985

“La conmoción es real. Tras cerca de cincuenta años de represión, las artes vuelven a la vida... El resultado es un renacimiento cultural que España no había vivido desde que Picasso y Buñuel se marcharon a París en la primera parte del siglo... ‘Ha tenido lugar un cambio cultural profundo –señala Javier Solana, ministro de Cultura–. Comparado con cualquier ambiente cultural, España es actualmente el más joven, vivo y activo país de Europa”

Newsweek, agosto de 1985

“La filosofía tiene que estar viva. ¿Lo ha estado alguna vez en España? ¿O para estarlo ha tenido que pasar por la hoguera, ha tenido que quemarse? ¿Y el pensamiento? ¿Cuál ha sido la suerte del pensamiento en España? Abstenerse, quedarse quietecito, no meterse en nada y, al hacerlo, rozar la traición y, sobre todo, la tradición”

María Zambrano, “Un liberal”, Diario 16, 19-V-1987

“La España de hoy es sin duda uno de los modelos de sociedad posmoderna, donde el carácter social parece poder brindarse también como chance de emancipación... Durante los últimos años, España, mucho más que París o Londres, y hasta puede que Nueva York, ha sido efectivamente el lugar ideal donde se han dado cita todas las aventuras intelectuales de Occidente”

Gianni Vattimo, La sociedad transparente, 1990

“Los años 1980 han sido los más cruciales de la historia de España, y posiblemente no habrá otros iguales. Es presumible que nuestro país se diluya en un mundo internacional. La última explosión de lo español han sido los ochenta”

Borja Casani, 16-V-1990, Solo se vive una vez: esplendor y ruina de la movida madrileña

“Si la década nos ofreció casi todo lo que podíamos desear, se cierra con la insatisfacción que produce comprobar la dura diferencia que existe entre los deseos y la realidad... Madrid centró tantas expectativas que prácticamente era imposible que se cumplieran todas. Hacer revisión de los resultados es un tanto penoso. Madrid ha dejado de ser la gran promesa para convertirse en otro punto más del eje europeo. Esto es algo mucho más valioso de lo que hubiéramos esperado en los años sesenta o setenta, pero, después de la fiebre de los ochenta, apenas podemos decir que no es un fracaso”

Rosa Olivares, Lápiz, n.º 79, verano 1991

“El de estos años ha sido un proceso doloroso, en el sentido de que se ha perdido muchísima gente. No es que el sueño fuese equivocado, pero la heroína hace daño. No lo digo en plan moralista, ¿eh? ¿Qué es lo que pasa? Las viejas amigas se prostituyen. ‘¿Que no hay? Pues me hago la calle’. En un primer momento nos parecía hasta divertido, todo era posible, todo estaba al alcance de la mano. Pero la gente se encanalla, empieza a pedir dinero prestado, el otro coge una pistola, todo se precipita. Ves caer gente a tu lado como naipes. Hubo muchos que se pringaron en las historias más peregrinas”

Alberto García-Alix, 2-XI-1990, Solo se vive una vez: esplendor y ruina de la movida madrileña

“40.518 heroinómanos detectados solo en la Comunidad de Madrid. ¿Qué tal? ¿Dice algo el dato respecto a una civilización, un modelo social, económico, cultural, según muchos irrebasable?”

Martínez Sarrión, Esquirlas, 1993-1999; edición del 2000

“Siempre estamos peor que nunca”

Fernando Savater, Diccionario filosófico, 1995

“No es mi propósito hurgar de nuevo en la vieja herida del dolor de España para buscar sus raíces y proponer algunos remedios, sino, por el contrario, tratar de transmitir una buena noticia: que parece haber sonado el fin de la representación desdichada de nuestro pasado, que se acabó el fracaso de España como paradigma de nuestra historia”

Santos Juliá, Conferencia en Tucson, abril de 1996

“Ese periodo que se llama transición es absolutamente insólito. El hecho de que aquellos años transcurrieran de manera tan saludable, rica y entusiasta permitía pensar que no éramos una generación del todo inútil. Pero cuando poco después todo se vino abajo, resulta inevitable pensar que algo se ha hecho mal. Todo ha terminado en un negocio, en un gran negocio”

Pilar Miró, “La vuelta al orden. Un adiós al siglo xx”, El Europeo, 1997

“Hemos cambiado una primogenitura fascinante por una moneda pequeña. Hubiéramos sido los legítimos herederos de un experimento glorioso, y lo hemos empeñado a cambio del éxito momentáneo, de la más mezquina parcela de poder y de aquellos estúpidos e ilusorios quince minutos de fama”

José Luis Brea, “La vuelta al orden. Un adiós al siglo xx”, El Europeo, 1997

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