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Profeta desterrado

José Gaos (1900-1969) cultivó la filosofía como indagación de una verdad personal. Considerado como el paradigma del “transterrado”, término acuñado por él para designar al refugiado que descubre lejos de su tierra la verdadera patria.

Último rector de la Universidad de Madrid antes del hundimiento de la República, profesor más tarde de la Universidad Autónoma de México, traductor de Heidegger, Kant, Hegel, Husserl y Jaspers, entre otros, José Gaos (1900-1969) cultivó la filosofía como indagación de una verdad personal. Ferrater Mora, compañero no solo de oficio, sino de exilio, le caracteriza como un pensador que percibe el fracaso de su vocación, se obstina en ella y la transforma en testimonio íntimo. Considerado como el paradigma del “transterrado”, término acuñado por él para designar al refugiado que descubre lejos de su tierra la verdadera patria, este discípulo de Ortega transmite tanto en los aforismos publicados en vida –con títulos que no pecan ciertamente de poéticos: Diez por ciento (1957), Once por ciento (1959), Doce por ciento (1962)– como en los recogidos a título póstumo, los guiños de una inteligencia de indudable linaje profético.

Habiéndose engañado siempre que había pensado bien de los demás, pensó una vez mal de alguien y también se engañó. (c 1950)

En amor no hay peor injerencia que la del propio. (c 1950)

La madurez consiste en gozar hondamente de la realidad a pesar de ver a la perfección sus deficiencias. (c 1950)

Llegar tarde a gozar de la vida es la única seguridad de no llegar a hastiarse de ella. (1958)

Las máquinas traen el desempleo por ser propiedad privada, en vez de traer el ocio siendo propiedad colectiva. (1962)

Haz de manera que lo que hagas pueda y deba hacerlo todo el mundo. ¡Qué pretexto para no hacer lo debido! Haz de manera que lo que hagas no pueda ni deba hacerlo nadie más que tú. ¡Y no habrá escape al deber! (1962)

No hay que temer resultar ingenuo: la ingenuidad es parte de la honradez intelectual. (1958)

La preocupación por la salud, la quita. (1958)

No importa que todo esté dicho. Cada generación reitera la vida. Tiene que decir, pues, en buena parte las mismas cosas. Y prefiere su propio decirlas. (1958)

Nadie es profeta en su tierra; por eso lo es desterrado. (1959)

Hay que vivir a la vez como si se hubiese de morir al instante y como si no se hubiese de morir nunca. (1959)

Si es amor querer por las cualidades, es mayor querer pese a los defectos. (1960)

Al comienzo de la vejez hay una inexperiencia de ella que puede ser tan desastrosa como la conocida “inexperiencia de la juventud”. ¡Hasta de la vejez hay que ser experto! (1960)

Entre los extremos de la compañía pesada y la soledad pesada, prefiero resueltamente el último. Con mucho, antes cartujo que trapense. (1960)

La justicia social es una rectificación de la injusticia de la naturaleza por los humanos moralmente mejores, más generosos, más divinos. (1962)

La condición más necesaria para ser bueno es una paciencia incansable. (1964)

La única manera de pedir perdón sincera y eficaz: la enmienda. (1969)

La libertad no es para todos los hombres un bien. No lo es para los que tienen horror a la soledad y la responsabilidad individuales. A estos habría que imponérsela. Pero imponer la libertad, aparte de ser una contradicción, no sería precisamente liberalismo. (1969)

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #294

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