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Wittgenstein en la jungla

Ludwig Wittgenstein

“Un libro filosófico podría titularse Las maravillas de la jungla”, escribe el lingüista y matemático vienés en una de sus notas de clase. Solo publicó una obra importante en vida, el Tractatus Logico-Philosophicus (1921)El resto de su producción constituye un conglomerado de aforismos, apuntes y observaciones publicado póstumamente en diversas recopilaciones como la titulada Cultura y valor, que reúne textos fechados entre 1914 y 1951. Para Ludwig Wittgenstein (1889-1951), “lo esencial es llevar a cabo animosamente la actividad de aclarar”, “poner señales en todos los lugares de los que parten caminos equivocados, para ayudar a pasar los puntos peligrosos”. En Investigaciones filosóficas, advierte: “Los resultados de la filosofía son el descubrimiento de algún que otro simple sinsentido y los chichones que el entendimiento se hace al chocar con los límites del lenguaje. Estos, los chichones, nos hacen reconocer el valor del descubrimiento”. 

Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo. (Tractatus, 5.6)

Ética y estética son una y la misma cosa. (6.421)

Si por eternidad se entiende, no una duración temporal infinita, sino intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente. (6.4311)

De lo que no se puede hablar hay que callar. (7)

Una buena metáfora refresca el entendimiento. (1929)

Cada mañana hay que atravesar de nuevo la escoria muerta, para llegar al núcleo vivo y cálido. (1929)

La diferencia entre un buen arquitecto y uno malo estriba en que este sucumbe a cualquier tentación, mientras que el primero le hace frente. (1930)

Quien solo se adelanta a su época, será alcanzado por ella alguna vez. (1930)

El pensamiento está ya agotado y no puede utilizarse más. Lo mismo que el papel de plata, que una vez arrugado, nunca puede volver a quedar liso. Casi todos mis pensamientos están algo arrugados. (1931)

En arte es difícil decir algo que sea tan bueno como no decir nada. (c 1933)

También los pensamientos caen a veces inmaduros del árbol. (1937)

También en el pensar hay un tiempo de sembrar y un tiempo de cosechar. (1937)

Nada es tan difícil como no engañarse. (1938)

En la carrera de la filosofía gana el que puede correr más despacio. O aquel que alcanza el último la meta. (1938)

Estoy sentado sobre la vida como el mal jinete sobre el caballo. Debo agradecer a la bondad del animal el no ser derribado ahora mismo. (c 1939)

Con frecuencia, decir la verdad es solo un poco más incómodo que decir una mentira; más o menos tan difícil como tomar café amargo en vez de dulce; y, sin embargo, me inclino fuertemente a decir la mentira. (1940)

A veces es necesario sacar una expresión del lenguaje y mandarla limpiar; después se puede volver a poner en circulación. (1940)

¡Qué difícil es para mí ver lo que tengo ante los ojos! (1940)

Nuestras mayores tonterías pueden ser muy sabias. (1941)

Es increíble lo que ayuda un nuevo cajón en el lugar adecuado de nuestro archivo. (1941)

Al filosofar hay que bajar al viejo caos y sentirse a gusto en él. (1948)

Debes aceptar las faltas de tu propio estilo. Casi como los defectos del propio rostro. (1948)

La ambición es la muerte del pensamiento. (1948)

El saludo de los filósofos entre sí debería ser: «¡Date tiempo!» (1948)

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #321

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