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Documentales contra el opio del pueblo

Se viene la Semana Santa y, fieles al espíritu de servicio –y de llevar alegremente la contraria– que nos guía, proponemos una alternativa cinematográfica a la habitual sobredosis de péplums, epopeyas bíblicas y derivados igualmente proselitistas. Una alternativa en clave documental, escéptica y variadita, que bascula entre el argumentario más fervorosamente ateo y la denuncia, a menudo en forma de cine de terror, de prácticas aberrantes por parte de instituciones autoerigidas en guardianes de la fe de millones de persones.

Se viene la Semana Santa y, fieles al espíritu de servicio –y de llevar alegremente la contraria– que nos guía, proponemos una alternativa cinematográfica a la habitual sobredosis de péplums, epopeyas bíblicas y derivados igualmente proselitistas, más que nada por si el sufrido lector ya está hasta el gorro de revisitar los sufrimientos y los pectorales de Ben-Hur.

Una alternativa en clave documental, escéptica y variadita, que bascula entre el argumentario más fervorosamente ateo y la denuncia, a menudo en forma de cine de terror, de prácticas aberrantes por parte de instituciones autoerigidas en guardianes de la fe de millones de persones. Una alternativa a la contra de la sustancia que Marx bautizó como el opio del pueblo y que confiamos será del gusto de casi todo dios, si nos guiamos por la ya inmortal cita de Richard Dawkins: “Todos somos ateos respecto a la mayoría de dioses en que las sociedades han creído alguna vez. Algunos solo hemos ido un dios más allá”.

Marjoe: niño prodigio

Marjoe, el nombre que sus evangélicos padres inventaron para él, es una fusión de los nombres de la madre biológica y el padre adoptivo de Jesucristo. En 1948, a los cuatro años, récord mundial, el crío, un prodigio de locuacidad con el cerebro lavado desde el cordón umbilical, ya ofició una boda. Convertido en una celebridad en Estados Unidos, y en una fábrica de dinero para sus padres, Marjoe estuvo más de una década dando impactantes y lucrativos sermones multitudinarios impunemente, hasta que, cosas de la adolescencia, se hartó y lo dejó. Tras una etapa hippie en las playas californianas, volvió al show, pero al poco se alió con los documentalistas Howard Smith y Sarah Kernochan para explicar su historia, es decir, su mentira, en una película. Marjoe, el film, es un making of del circo evangélico que revela todos los trucos que desde su más tierna infancia le habían enseñado y había puesto en práctica con éxito inusitado su protagonista. La película ganó el Oscar al mejor documental en 1972 y supuso el fin (buscado) de la carrera como pastor de Marjoe, que se recicló en actor secundario de cine y televisión. Dos años después, en Terremoto (1974), encarnaba a un ateo fanático y violador al que acababa abatiendo el muy pío policía interpretado por George Kennedy. Una nada sutil venganza de Hollywood contra el ángel caído.

Marjoe

Atheism: A rough history of disbelief: el escepticismo a través de los tiempos

“¿Quiere Dios evitar el mal pero no puede hacerlo? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz de hacerlo pero no quiere? Entonces es malévolo. ¿Quiere y puede Dios evitar el mal? Entonces, ¿por qué lo permite? ¿No puede ni quiere evitar el mal? Entonces, ¿por qué llamarlo Dios?”. Desde esta fundacional reflexión de Epicuro hasta la teoría de la evolución con la que Darwin clavó la puntilla al argumento del diseño inteligente, pasando por el barón de Holbach y El sistema de la naturaleza, el libro que escribió bajo seudónimo y se considera la biblia del ateísmo, el intelectual Jonathan Miller –novelista, ensayista, presentador, humorista, médico y director de ópera y teatro– traza un recorrido prolijo y matizado por la historia del escepticismo respecto de la religión en este imprescindible trabajo en tres partes que la BBC estrenó en el 2004. Tendría como continuación inmediata The atheism tapes, seis capítulos en los que Miller entrevista al teólogo Denys Turner y a cinco ateos militantes: los filósofos Colin McGinn y Daniel C. Dennett, el biólogo Richard Dawkins, el físico Steven Weinberg y el dramaturgo Arthur Miller.

Atheism: A rough history of disbelief

Root of all evil?: leña al mono(teísmo)

El auge del islamismo radical y del terrorismo yihadista, que alcanzó su cénit en los atentados del 11 de septiembre de 2001, y del fundamentalismo cristiano en Estados Unidos, que al humo de las torres se rearmó para tomar el control de las instituciones norteamericanas, Casa Blanca incluida, propició como respuesta un activismo ateo especialmente potente en el mundo anglosajón y que tiene en Richard Dawkins una de sus cabezas de cartel. Dawkins, biólogo evolucionista, dio un paso más en su militancia con este documental, estrenado por Channel 4 en el 2006, en el que desde el minuto uno, explícito y contundente, advierte de la amenaza múltiple de la religión sustentada en “el peligroso proceso de no pensar llamado fe” y en “mitos de la edad de bronce” como la idea de un creador divino que “desprecia la elegante realidad del universo”. Se trata –alega– de librar una batalla contra la “irracional fe militante” y un extremismo religioso al alza “implicado en los más amargos e interminables conflictos del mundo”. Si lo de Miller es música clásica, esto es rock and roll.

Root of all evil?

Jesus Camp: profecía siniestra

“Quiero ver a nuestros jóvenes tan implicados con la causa de Cristo como lo están aquellos jóvenes [con la del islam]. Quiero verlos dedicar su vida al evangelio de manera tan radical como lo están haciendo [con su religión] los jóvenes en Pakistán, Israel o Palestina”. Con esta declaración de intenciones, emoción nada contenida y gesto beatífico, la responsable del campamento juvenil evangélico del que da cuenta Jesus Camp no deja lugar a dudas. “La fe es un virus que infecta a los jóvenes”, advierte Root of all evil? Y este docu sobre gente averiada averiando a la siguiente generación ilustra cómo eso se hace de forma literal. En sesiones catárticas que ponen los pelos de punta –el film no desentonaría en cualquier lista de horror movies en campamentos de verano al lado de Viernes 13–, los críos son adoctrinados en la fe ciega, el acientifismo y toda la agenda política fundamentalista, una horquilla que abarca del creacionismo al antiabortismo más feroz. Viéndolos cantar extasiados es inevitable evocar a los perfectos y rubísimos cachorrillos nazis de Cabaret entonando “Tomorrow belongs to me” como una siniestra profecía.

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Líbranos del mal: dejad que los niños se acerquen a mí

El camino al ateísmo de Bob Jyono fue una vía dolorosa empedrada por el padre Oliver O’Grady, el hombre al que confió el cuidado de su hija y que abusó de ella de los cinco a los doce años amparado en la autoridad y la impunidad que otorga la sotana. O’Grady, primer sacerdote católico condenado por pederastia, relató tras sus siete años de condena sus crímenes frente a la cámara de Amy Berg, exhibiendo un distanciamiento, una calma y un gusto por el eufemismo que contrastan de manera lacerante con el dolor que desprenden los testimonios de sus víctimas. El film, finalista en la carrera de los Óscar del 2016, también detalla los esfuerzos de la Iglesia, que no quiso dar su versión, para encubrir a O’Grady durante dos décadas, mediante el modus operandi que ahora ya sabemos habitual: trasladarle de parroquia tras cada nueva queja, de manera que los crímenes cometidos por un monstruo o un enfermo derivaron en una estrategia organizada, sistemática y delictiva de encubrimiento. Un deslizamiento también presente en Mea Maxima Culpa, de Alex Gibney, o Twist of faith, de Kirby Dick, que también abordan abusos sexuales amparados por la sotana.

Berg, por su parte, expondría después el lado más siniestro de los mormones en Prophet’s prey (2015), sobre la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que incentiva la poligamia, y su presidente y profeta, Warren Jeffs, que mantiene el control de la secta desde la prisión donde cumple condena a perpetuidad por dos casos de abuso sexual infantil.

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Undercover mosque: el discurso del odio

Bin Laden es mejor que un millón de George Bush, que mil Tony Blair, porque es un musulmán. Los musulmanes tenemos que gobernarnos nosotros y gobernar a los demás. Un musulmán no puede reconocer las instituciones británicas. Alá ha creado a las mujeres deficientes, su intelecto está incompleto. Son solo algunas de las perlas que, entre espeluznantes incitaciones al odio racial y a la yihad, han salido de boca de imanes que predican en mezquitas e instituciones islámicas británicas que, de cara a la galería, venden un discurso moderado. El asunto lo destapó el programa de periodismo de investigación de Channel 4 Dispatches en el 2007, en un episodio que hiela la sangre grabado con cámara oculta durante un año en media docena de centros islámicos utilizados por Arabia Saudí para difundir el extremismo wahabista.

Tan o más revelador que el programa son las consecuencias de su emisión, tras la cual la Policía y la Fiscalía abrieron una investigación. Pese a lo explícito de las grabaciones, concluyeron, y aquí viene el shock, que no había evidencias para incriminar a ninguno de los que aparecía echando sapos por la boca. Sí vieron en cambio indicios de manipulación por parte de los autores del reportaje, señalados como sospechosos, ellos sí, de islamofobia y odio racial. El asunto se trasladó a la Ofcom, el organismo regulador de los medios británicos, que, tras escrutar a fondo el reportaje, resolvió que se trataba de un trabajo periodístico impecable. La Policía y la Fiscalía tuvieron que pedir disculpas a la cadena y pagar 100.000 libras para evitar una condena más grave por libelo. Pero los hechos denunciados por los periodistas quedaron impunes.

Undercover mosque

Going clear: Scientology and the prison of belief: autoayuda, miedo y ciencia ficción

“La cienciología es un viaje por la mente de L. Ron Hubbard, cuanto más profundizas más te acabas pareciendo a él”, explica el Pulitzer Lawrence Wright, autor del libro en el que se basa este documental del oscarizado Alex Gibney. Una mente perturbada, a tenor del retrato que se hace del fundador del más exitoso culto nacido en el siglo xx. El film narra la conversión del pequeño grupo inicial de incondicionales de la dianética, el método de terapia y autoayuda inventado por Hubbard y rechazado por la comunidad científica, en una secta que acabará aceptada como religión gracias a un pulso ganado al fisco americano. Una religión con una cosmogonía secreta que solo se le revela a los que, tras años de perseverar y vaciarse los bolsillos, alcanzan el anhelado nivel OT 3, y que habla de un dictador extraterrestre que trajo a la Tierra a miles de personas, las colocó junto a volcanes y las exterminó con bombas de hidrógeno, y bla-bla-bla. A través del testimonio de numerosos excienciólogos, Gibney ahonda en las técnicas de control que se aplica a sus miembros y en los abusos físicos y psicológicos a que son sometidos los que cuestionan el más leve precepto de la organización. Se cuenta que la iglesia tiene informes con informaciones privadísimas de todos sus miembros, extraídas en las auditaciones, las inevitables sesiones de terapia, y se insinúa a voz en grito que Travolta y Tom Cruise, los más afamados proselitistas de la cienciología, no podrían dejar de serlo aunque quisieran. Sus archivos pesan demasiado.

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Religulous: ‘michaelmooreando’

No todo va a ser cine de terror. También hay lugar para el humor. Religulous propone un recorrido similar al de Root of all evil? Pero Bill Maher, estrella de la televisión americana que también ejerce de ateo recalcitrante, no es un científico, sino un cómico. En una apuesta puramente michaelmooreana, con él burlándose en la cara de sus interlocutores, a menudo tipos de talla intelectual muy baja, y siempre reservándose la última palabra, Maher ridiculiza algunos de los planteamientos más fácilmente ridiculizables de los tres grandes monoteísmos, sin olvidarse de los cienciólogos. Tramposa pero eficacísima, ofrece en todo caso una galería de tipos digna de un freak show y algún momentazo, como cuando Maher le expone a un senador evangélico su preocupación por el hecho de que alguien que cree en una serpiente que habla (en referencia al Génesis) esté en puestos públicos de responsabilidad, y el tipo contesta, creyendo hacer una gracia, que para entrar en el Senado “no hace falta pasar un test de inteligencia”. El silencio y la mirada con que le replica el entrevistador congela su sonrisa y la de cualquier espectador.

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Hell’s angel: una santa

El mito de Teresa de Calcuta se empezó a forjar con un documental hagiográfico que en 1969 le consagró la BBC. Veinticinco años después, el periodista Christopher Hitchens le dedicó otro, este centrado en el lado oscuro de la monja, el que nunca hasta entonces había aflorado en los medios. Apenas media hora, suficiente para desacreditar aquel reportaje fundacional; enumerar las posiciones fundamentalistas de la religiosa contra el aborto y la contracepción; destacar sus vínculos con el estafador Charles Keating y con sátrapas como su compatriota el albanés Enver Hoxha o el haitiano Baby Doc Duvalier, y reprocharle que no destinara nada de las cantidades ingentes de dinero que recaudó a dotar de condiciones sanitarias y atención médica adecuada a sus centros, donde los pobres iban a morir, porque la monja consideraba que no podía inmiscuirse en la voluntad divina. Hitchens prolongó la andanada con un ensayo, The missionary position, publicado en 1995 y nunca editado en España. Por supuesto, nada de lo que se cuenta ni en el reportaje ni en el libro le ha impedido a la Madre Teresa alcanzar la santidad.

Hell’s angel

The four horsemen: conversación y argumentario

¿Es posible expresar críticas a la religión sin ser tachado de ofensivo? ¿Son compatibles ciencia y religión? ¿Tienen todas las religiones una matriz totalitaria? ¿Es posible ser un hombre moral siendo ateo? En septiembre del 2007, Dawkins citó en su casa para reflexionar sobre estas y otras cuestiones a Hitchens, al filósofo Daniel C. Dennett y al neurocientífico Sam Harris, todos ellos ateos convencidos. El encuentro dio como resultado dos horas de conversación apasionante e ilustrada que fue grabada y colgada en la web de la fundación Dawkins y que ofrece claves y argumentos a puñados a cualquier escéptico. Dejó también una denominación recurrente para referirse a sus protagonistas, conocidos desde entonces como “los cuatro jinetes del no apocalipsis”. Si aún se quiere más Dawkins y más argumentario ateo, siempre se puede recurrir al mucho menos suculento The unbelievers, que recoge la gira que el biólogo hizo acompañado del físico teórico Lawrence Krauss como si fuera la de un grupo de rock, y la puntea con reflexiones de otros no creyentes orgullosos de su condición. Woody Allen, Ricky Gervais, Ayaan Hirsi Ali, Stephen Hawking, Werner Herzog o Ian McEwan están entre los que desfilan.

The four horsemen

Collision: esgrima verbal

Hasta su muerte en el 2011, Hitchens fue tal vez con Dawkins el más furioso militante de ese peleón nuevo ateísmo anglosajón, y un temible esgrimista verbal. Tras la publicación, en el 2007, de su best seller Dios no es bueno, el escritor se ofreció a debatir el contenido del libro con cualquiera que quisiera rebatirlo. El guante lo recogió el teólogo y pastor presbiteriano Douglas Wilson, y los dos cruzaron argumentos en la revista Christianity Today en torno a la pregunta: ¿es el cristianismo bueno para el mundo? Cuando se publicó el libro que recogía esa correspondencia Hitchens y Wilson, como Dawkins y Krauss, pactaron una gira conjunta, aunque esta de debates, que también sería filmada. El resultado, Collision, constituye un resumen de las posiciones de ambos contrincantes y de paso ejemplifica que el más inflamado choque dialéctico de ideas opuestas, hasta excluyentes, no es incompatible con mantener ileso el respeto entre las personas que las esgrimen.

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Jesus, you know: monologando con Dios

El implacable Ulrich Seidl pone a media docena de fieles a rezar y a hablar con Dios. Los coloca frente a la cámara, siempre inmóvil, y estas gentes temerosas del altísimo van contándole sus temores, sus dudas, sus zozobras. Le hacen partícipe de sus miserias, de sus pequeñas y grandes tragedias íntimas, de su dolor. En eso consiste este film desconcertante: gente herida apelando directamente a Dios, quizá hallando apenas un desahogo en el mero hecho de verbalizar todo ese caudal íntimo. Gente creyendo dialogar con el todopoderoso, aunque más bien se trate de monólogos, que, como la vida, basculan entre lo banal y lo terrible, lo hilarante y lo grotesco. Monólogos porque nadie replica al otro lado, es decir, más allá de la cuarta pared, que es donde está la cámara, y el director, y nosotros, espectadores, destinatarios también mudos de esas revelaciones. La cámara, el director, nosotros, llenando el vacío. Asumiendo, ni más ni menos, el papel de Dios.

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Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #232

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