Fireball. Visitantes de mundos oscuros
Fireball. Visitantes de mundos oscuros

Werner Herzog, indomable

Este artículo se publicó originalmente en el número 280 de la revista Cáñamo España

El cineasta de setenta y nueve años sigue fiel a su perfil de aventurero cinematográfico en su último documental Fireball. Visitantes de mundos oscuros, continuación de Dentro del volcán, junto a Clive Oppenheimer. Sus primeras obras también están ya disponibles en las plataformas de streaming.

“Es una tierra que Dios, si es que existe, ha creado con ira. Es la única tierra donde la creación aún está inconclusa. Observando de cerca lo que nos rodea vemos una especie de armonía. Es la armonía de... Una masacre abrumadora y colectiva”. Con estas palabras Werner Herzog definía el paisaje salvaje de la Amazonia, recogidas por el cineasta Les Blank en el documental Burden of Dreams (1982), suerte de making of de Fitzcarraldo (1982), una de las más celebradas, controvertidas y conflictivas películas que Herzog rodó junto a Klaus Kinski, alter ego y “enemigo íntimo” del cineasta bávaro.

Aunque han pasado casi cuarenta años desde ese rodaje y esas declaraciones, el espíritu aventurero y la mirada perpleja de Herzog sobre el mundo que nos rodea no han mermado ni un milímetro. Sus últimas producciones, entre el documental de naturaleza y el reportaje antropológico y etnográfico, son un buen ejemplo de ello. Fireball. Visitantes de mundos oscuros (2020), de nuevo junto a Clive Oppenheimer formando tándem documentalista, aborda el misterio de los meteoritos; Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin (2019) homenajea a su amigo Bruce Chatwin, cuya novela El virrey de Ouidah Herzog adaptó en Cobra verde (1985), mientras que Family Romance, LLC (2019) se fija en las empresas japonesas que alquilan los servicios de personas que se hacen pasar por familiares y allegados.

Fireball. Visitantes de mundos oscuros se estrenó el noviembre pasado en Apple+ y cabe interpretarla como la continuación natural de Dentro del volcán, que puede verse en Netflix. Tanto uno como otro documental están realizados junto a Oppenheimer, vulcanólogo de la Universidad de Cambridge, a quien conoció hace casi quince años en el rodaje de su visita a la Antártida en Encuentros en el fin del mundo (2007).

Dentro del volcán (2016)
Dentro del volcán (2016)

En aquella película, la fascinación de Herzog por el equipo de investigadores que, en el monte Erebus, el volcán activo más austral de la Tierra, en la Antártida, se exponía a un riesgo tremendo para llevar a cabo sus misiones científicas fue el germen de esta fructífera amistad con Oppenheimer. Su relación profesional y personal los ha llevado a recorrer los volcanes más impresionantes del mundo, desde el Merapi, en Indonesia, hasta el Paetku, en Corea del Norte, o los paisajes volcánicos de Islandia, siempre en busca de algo más que el dato científico. Porque en Dentro del volcán, Oppenheimer y Herzog prefieren indagar en el aspecto espiritual que las diversas culturas del mundo han otorgado a esta estructura geológica y en la inesperada relación que existe entre el ser humano y los volcanes. A pesar de la violencia del magma y de la lava, o más bien gracias a esta, los homínidos encontraron un lugar en el mundo que les permitió desarrollarse como Homo sapiens, explica en la película el antropólogo Tim White.

Es probable que seamos lo que somos gracias a los volcanes, pero no hay duda de que todo lo que existe en la Tierra no es más que polvo de estrellas. Hace sesenta y seis millones de años, un meteorito de doce kilómetros de diámetro que impactó en la península mexicana del Yucatán fue responsable, creen los científicos, de la extinción de los dinosaurios y del cambio de ciclo geológico que permitió, asimismo, el desarrollo de la especie homínida. Como en el anterior documental, Oppenheimer y Herzog ahondan en Fireball en cómo estos fenómenos astronómicos y geológicos han dado forma no solo al paisaje del planeta, sino también a sus culturas. Viajando de cráter en cráter, de Australia a la India o a la Alsacia francesa, la dupla nos acerca las historias humanas que se han rendido al fenómeno de las rocas extraterrestres.

Un doble homenaje

Werner Herzog cumplirá ochenta años el próximo mes de septiembre, convertido en un mito del cine por méritos propios. La voz pausada, cavernosa e irónica del bávaro, con su característico acento alemán al hablar en inglés, nos ha abierto la puerta a mundos y maneras de vivir sorprendentes, mientras que su modo de entender el cine va acompañado de una cierta idea de aventura que, en el siglo xxi pospandémico, parece condenada a la extinción.

Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin. (Foto: Mike Patterson)
Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin. (Foto: Mike Patterson)

Esa idea de final de un mundo palpita, justamente, en Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin, en la que recorre los parajes de la Patagonia, Gales o el interior de Australia para dar cuenta de quién fue Bruce Chatwin, uno de los escritores más carismáticos del siglo xx y amigo personal de Herzog. Experto en arte, arqueólogo, periodista y cronista de viajes, en la personalidad de Chatwin cristalizaba el espíritu de héroe aventurero que ha acabado por hacer suyo Herzog. Nomad, disponible en Filmin, dibuja un trayecto por la polifacética personalidad de Chatwin, al tiempo que esboza, asimismo, el retrato de dos hombres de espíritu afín, cuya curiosidad por el mundo que los rodea no conoce ni fronteras ni límites.

Dear Werner (Pablo Maqueda, 2020)
Dear Werner (Pablo Maqueda, 2020)

Y si Herzog recorre los principales lugares asociados a la memoria de su amigo Bruce Chatwin, en Dear Werner, el español Pablo Maqueda hace un ejercicio similar, aunque las razones de seguir los pasos del bávaro vengan dadas por otros motivos bien distintos. Bajo la forma de un diario de viajes y de una larga carta de admiración dirigida al maestro, Maqueda se filma a sí mismo caminando de Múnich a París por el mismo trayecto de 775 kilómetros que Herzog realizó a pie en el invierno de 1974 para visitar a la crítica de cine alemana Lotte H. Eisner, amiga y mentora, cuya salud iba en declive.

Entonces, Herzog creía que ese viaje a pie tendría algo de redentor y que, milagrosamente, ayudaría a que Eisner –figura esencial en el establecimiento de la historia del cine alemán y la recuperación de sus primeras obras maestras– se repusiera. Quién sabe cómo, pero así sucedió. Y Herzog, por su parte, transformó ese peregrinaje de cuidados y sacrificios en uno de sus libros más cautivadores, De caminar por el hielo, convertido en Dear Werner en una guía de pasos a dar y de reconforte espiritual cuando las brumas de la vida lo empañan todo.

Para Maqueda, el viaje también poseía el objetivo de lograr una redención personal. En una encrucijada personal al haber sido rechazado en varias convocatorias de ayudas su principal proyecto cinematográfico, y tras diez años luchando por lograr un lugar en el sector, Maqueda preparó esta aventura personal para hacer de ella una metáfora sobre la dureza del camino cuando uno intenta hacer realidad los sueños profesionales. Dear Werner, también disponible en Filmin, permite esa lectura concreta, aunque, como sucede con las películas del alemán, nos abre asimismo las puertas a un mundo de líricas reflexiones sobre la condición humana. Por algo cuenta con la bendición, colaboración incluida, del propio Herzog.

En Filmin, por concluir, han incorporado, con motivo del estreno en la plataforma de Dear Werner, buena parte de las primeras producciones del bávaro, desde su debut Signos de vida (1968) hasta la metafísica Fata morgana (1970), las singulares También los enanos empezaron pequeños (1970) o Stroszek (1977), sin olvidar sus laureadas ficciones Aguirre, la cólera de Dios (1972), El enigma de Gaspar Hauser (1974), Corazón de cristal (1976), Nosferatu, vampiro de la noche (1979) y Cobra Verde (1988), su última película junto a Klaus Kinski. También se pueden encontrar dos de sus más icónicas obras recientes, La cueva de los sueños olvidados (2010) y su personalísimo remake de Teniente corrupto (2007), con un alucinado Nicolas Cage y muchas iguanas, entre otros títulos.

Fitzcarraldo
Fitzcarraldo (1982)

Por supuesto, no falta en el catálogo Fitzcarraldo, inspirada en la historia real del comerciante de caucho Carlos Fermín Fitzcarrald, quien, en los últimos años del siglo xix, se decidió a construir un fastuoso teatro de ópera en el corazón de la ciudad de Iquitos, en plena selva peruana. Entre las locuras que exigía esa vasta empresa estaba la de subir y transportar un enorme barco a través de una montaña cenagosa. Excesiva, delirante, violenta y desbordante de una belleza conmovedora, Fitzcarraldo encapsula el significado de lo “herzogiano”, un concepto que tiene que ver con el encuentro de lo sublime y de lo enajenado que Herzog dejó por escrito en La conquista de lo inútil: “Con la desquiciada furia de un perro que ha hincado los dientes en la pierna de un ciervo ya muerto […] se apoderó de mí una visión: la imagen de un enorme barco de vapor en una montaña. En el barco que, gracias al vapor y por su propia fuerza, remonta serpenteando una pendiente empinada en la jungla, y por encima de una naturaleza que aniquila a los quejumbrosos y a los fuertes con igual ferocidad, suena la voz de Caruso, que acalla todo dolor y todo chillido de los animales de la selva y extingue el canto de los pájaros”.

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