Ingredientes
Elaboración
El origen de esta particular receta en realidad fueron una especie de crepes dulces (funoyakis) que se elaboraban en el interior de los monasterios del Japón de la era Edo (1683-1868) y se servían en ceremonias budistas. Su primera evolución, cual Pokémon, llegó poco después, en el período Meiji, desde 1868 hasta 1912. Durante esa época salieron de los monasterios y comenzó a venderse en las tiendas una versión algo más dulce llamada mojiyaki. Fue después del terremoto de 1923 cuando ya surgió la versión salada y pasó a llamarse okonomiyaki, tal y como lo conocemos hoy en día. Actualmente, existen tantas versiones como tipos de tortillas o pizzas, ya que, partiendo de la masa base, los ingredientes de su interior y las salsas o condimentos de su exterior pueden variar y combinarse de muchísimas maneras. La que aquí os muestro es la mía, pero podéis tunearla y adaptarla a los ingredientes que dispongáis o a vuestros gustos o imaginación.
En esta, lo primero que haremos será el aceite de sésamo cannábico: llenamos un bote hermético con cogollos o restos de manicura de Sour Bluez, dependerá de la potencia que busquemos. A continuación, vertemos el aceite de sésamo en el bote hasta cubrir la yerba por completo y lo dejamos macerar entre 30 y 45 días, moviendo el recipiente ligeramente un mínimo de una vez por semana. Pasado este tiempo, filtramos el contenido con un colador de tela y listo.
Una vez que tengamos nuestro aliño mágico preparado, podemos ponernos el kimono, juntar nuestras manos e inclinarnos ante los ingredientes para empezar la elaboración. Lo primero será lavar bien los vegetales. Luego, pelamos la cebolla, quitamos las hojas externas de la col y las cortamos las dos en juliana, es decir, en tiras finas. El calabacín, en medias rodajas algo más gruesas, igual que las láminas de los shiitake. Ponemos el aceite suave en una sartén y comenzamos pochando la cebolla. Cuando esté transparente, agregamos la col con un poco de sal y dejamos que poche también. Lo siguiente serán las setas y el calabacín. Cuando todo esté blandito y comience a dorar, retiramos y reservamos.
Mientras, hacemos la masa: cogemos un recipiente pequeño, vertemos la harina y la levadura y las mezclamos bien. Continuamos batiendo los huevos en otro bol algo más grande. Incorporamos a estos los ingredientes líquidos, es decir, el caldo, la salsa de soja y el aceite cannábico. Volvemos a batir con una varilla manual y vamos añadiendo poco a poco la harina/levadura tamizada con un colador. Cuando tengamos una mezcla homogénea, podemos añadir los vegetales pochados y proceder a su cocción cual tortilla de patata. A saber, ponemos un poco de aceite en una sartén que no se pegue, la calentamos bien y vertemos la mezcla para que se cuaje por ambos lados. La sartén debe ser del mayor diámetro posible para que no nos salga una “tortilla” demasiado gorda, ya que contiene harina y es conveniente que tenga cierta cocción y no quede cruda en su interior.
Cuando esté bien hecha, la ponemos en un plato y decoramos su superficie con las dos salsas, dibujando líneas finas cruzadas de ambas, es decir, una salsa en horizontal y otra en vertical. Por último, coronamos con los copos de katsuobushi por encima junto con el cebollino picado. Y ya tenemos nuestro okonomiyaki desconection preparado. Solo quedaría cortarla y disfrutar de su exquisito sabor y su suave y melosa textura. Espero que os guste y disfrutéis tanto de su degustación como de su digestión/desconexión. ¡Hasta la próxima!