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Kurt Cobain

La heroína para salvaguardar el alma de la angustia de vivir

Kurt Cobain

A Kurt Cobain no lo mató su adicción a la heroína. Yo me atrevería a decir que gracias a esta pudo soportar durante más tiempo su tránsito entre los vivos. Meterlo en el mismo saco en el que la historia del rock suele meter a sus ilustres yonquis sería tan injusto como inapropiado, porque Cobain no tiene nada que ver con Johnny Thunders ni tampoco con el Keith Richards adicto de la década de los setenta, ni siquiera con el Pete Doherty que tanto juego le dio a la prensa sensacionalista unos años atrás.

A Kurt Cobain lo mató una combinación letal de ingredientes: su tendencia a la depresión clínica y los insoportables dolores estomacales que le persiguieron durante toda su vida. El enorme éxito de Nirvana y el verse transformado en involuntario portavoz de una generación cuando todavía estaba tratando de saber quién era no hicieron más que empeorar su situación. Sumémosle a eso una pareja –Courtney Love– que podía ser un infierno y una bendición a la vez, y la implacable presión de la industria del disco para que la máquina de hacer dinero no se detuviera, y ya tenemos definido el conflicto que quizá otro artista hubiese podido superar, pero no Cobain, supeditado a su propia fragilidad. Es muy probable que algunos momentos de paz en los últimos años de su vida fuesen debidos a la heroína.

Nirvana revolucionaron el mundo de la música pop a finales de 1991 con el álbum Nevermind. La canción “Smells like teen spirit” fue un grito de desesperación cuyo significado, a fecha de hoy, nadie sabe interpretar con exactitud, algo que le confiere la posibilidad de contener un significado distinto para cada oyente. No por inesperada la irrupción de Nirvana fue menos necesaria. El trío formado por Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl impuso un cambio de mentalidad; el rock sin colorantes volvió a tener protagonismo en las listas de éxitos y la industria tuvo que rendirse ante una cantera de artistas procedentes del underground y de la escena independiente. Una parte de esa escena se había fraguado en Seattle. Aislada por montañas y con un clima marcado por una lluvia omnipresente, la ciudad, que por aquel entonces contaba con 500.000 habitantes, era un lugar idóneo para beber cerveza, tocar en un grupo y, llegado el caso, dejarse tentar por la heroína. La mezcla de todos estos componentes generó un fenómeno local que fue desarrollándose por su cuenta, lejos de la atención de unos medios atentos a R.E.M. y The Replacements. Libres de la presión de las discográficas, entre 1987 y 1990, los músicos de Seattle desarrollaron una música que pasaría a dominar las listas de éxitos, atrayendo a los cazatalentos de la industria discográfica.

Así fue como en 1992, y gracias al éxito global de Nirvana y Pearl Jam, Seattle pasó a ser la capital del grunge. Del mismo modo que las anfetaminas fueron la droga de los mods y los ácidos y la marihuana, la sustancia hippie, la heroína se convirtió en parte indisociable de lo que fue el grunge, y fue determinante para formaciones como Mudhoney, Alice in Chains, Hole, Screaming Trees… El primer síntoma preocupante de aquella relación se hizo visible en 1990, cuando Andy Wood, vocalista de Mother Love Bone, falleció por sobredosis. El grupo se disolvió y dos de sus miembros, Jeff Ament y Stone Gossard, montaron Pearl Jam. Para entonces, Nirvana ya habían publicado su primer álbum, Bleach (1989), donde la mezcla de rock duro, ruido y melodía pop se había convertido en el marchamo del trío. El debut había sido publicado por Sub Pop, el sello local que albergó a la gran mayoría de grupos grunge, entonces operando todavía desde el flanco alternativo. En breve, Sub Pop sería sinónimo de una nueva corriente sonora.

Alimentando a su única hija, Frances Bean Cobain

Uno de los dilemas que incrementó los problemas físicos y emocionales de Cobain fue el hecho de abandonar Sub Pop para firmar contrato con la multinacional Geffen. Para el líder de Nirvana, la música era alimento espiritual, algo con lo que no se podía tratar como un mero producto. Pero Cobain tenía un don, y el potencial de su música merecía la oportunidad de una difusión a gran escala. El músico se sintió un traidor a sus principios y eso le sumergió en una de tantas crisis. Niño hiperactivo –de pequeño hubo de ser medicado para paliar una tendencia que volvía locos a sus allegados–, vivió una infancia marcada por el divorcio de sus padres y el posterior matrimonio de su madre. Las heridas emocionales de ese periodo fueron causantes de los agudos dolores estomacales que marcaron su existencia. En el colegio fue un inadaptado, tachado de maricón por quienes veían sospechoso todo aquel comportamiento que no perpetuara la imagen del heterosexual americano. Aquel pozo de conflictos, además de convertirse en el origen de la rabia que alimentó su música, también alimentó una angustia que su cuerpo somatizó. Intentó aliviar los efectos de dolor físico y anímico con hash, pero el efecto no fue suficiente.

Para Navidades de 1991, Nevermind ya era megaventas. Entonces comenzaron los rumores sobre el estado de salud del mesías del rock alternativo. En una publicación se comentó que se había quedado dormido en un par de ocasiones durante la entrevista. En otra apuntaron que aquella aparente fatiga podía ser en realidad algo muy diferente. “Está bailando con Mr Brownstone”, se escribió, aludiendo al nombre que Guns N’ Roses le daba a la heroína. Pero Cobain negaba su adicción a cualquier droga: “Según mi propia experiencia, todas son una pérdida de tiempo –contó a Rolling Stone cuando le interrogaron al respecto–, destruyen tu memoria, tu autoestima y todo lo que tiene que ver con ella. Pero no voy a ponerme a predicar en contra de nada. Cada uno toma sus propias decisiones”. Aquella “pérdida de tiempo” se incrementó con la aparición en escena de Courtney Love, que en febrero de 1992 se convirtió en su esposa y también en su compañera de viajes narcóticos.

La dependencia de la pareja fue haciéndose evidente. Una de las señales fue el distanciamiento entre Cobain y sus dos compañeros de grupo. Para entonces, el matrimonio era el máximo exponente de una situación que el periodista Michael Azerrad había descrito, en un artículo sobre el rock de Seattle, como “un accidente esperando el momento para tener lugar”. En lo referente al matrimonio Cobain-Love, la situación estalló cuando, en verano de 1992, Vanity Fair publicó un reportaje en el que Love reconocía haber usado heroína estando embarazada. La tormenta informativa que generó aquello se volvió en contra de la pareja, y le obligó a desintoxicarse. Pero Cobain nunca consiguió romper sus vínculos con la heroína.

Cobain tocando

“Mis dolores de estómago han sido uno de los obstáculos para poder hacer giras”, explicaba el músico al periodista David Fricke en enero de 1994, cuando supuestamente las aguas en el entorno de Nirvana se habían calmado a todos los niveles. El trío había publicado en otoño de 1993 In Utero, un álbum concebido después de la resaca del éxito, más crudo pero preservando la melódica de Cobain. “Cuando alguien sufre dolores de ese tipo durante cinco años, al quinto año ha enloquecido. No podía soportarlo, estaba esquizofrénico”, proseguía en la entrevista con Fricke, para acabar preguntándose si en caso de que el dolor desapareciera alguna vez su creatividad se iría también con él.

El dolor desapareció definitivamente el 6 de abril de 1994, después de una serie de acontecimientos que se desencadenaron a principios de marzo, en Roma, cuando se hizo público que el músico había sufrido una sobredosis. Desde entonces, las noticias que llegaron –y las que entonces no trascendieron– no hacían presagiar nada bueno. Una secuencia de peleas con Love, ingresos en clínicas y huidas de las mismas, reuniones con amigos que querían ayudar y, finalmente, el suicidio, que acabó definitivamente con todo. El mundo quedó consternado. Asistíamos por primera vez al suicidio de un ídolo pop de tal magnitud. No había sido una muerte accidental como las de Hendrix, Joplin o Morrison. Era una despedida pactada consigo mismo, que dejó abiertos interrogantes y plasmó dolorosas certezas sobre el dolor que puede llegar a producir la fama.

Los álbumes del 'grunge'

Mudhoney

Superfuzz bigmuff (1989)

El primer himno del grunge fue “Touch me I’m sick”, una burrada envuelta en distorsión que coronaba este miniálbum, el primer clásico de los imprescindibles Mudhoney.

 

Nevermind

Nevermind (1991)

El álbum que homologó esta corriente musical a nivel comercial y catapultó a Cobain como portavoz generacional por medio de canciones agresivas pero melódicas como “In bloom” y “Lithium”.

Ten

Ten (1991)

La otra piedra angular del rock alternativo. Pearl Jam exhibía en este debut un ascendente comercial que amenazaba seriamente su credibilidad en una época en la que la credibilidad era vital.

Singles

Singles (1992)

Hollywood no tardó en encargar su película grunge, y Cameron Crowe la dirigió. Su banda sonora mostraba el lado más amable de la escena, con aportaciones de grupos como Alice in Chains, Soundgarden, Pearl Jam y Smashing Pumpkins.

Hole

Live through this (1994)

El segundo álbum de Hole vio retrasada su publicación a causa del suicidio de Cobain. La rabia de sus canciones era anterior a la tragedia pero, en cierto modo, canciones como “Asking for it” parecen estar influenciadas por las turbulencias que persiguieron al matrimonio Cobain-Love.

 

Grunge

“Come as you are” y la heroína

Las letras de Kurt Cobain rara vez narraban. Consistían en sucesiones de imágenes a veces confrontadas que acababan creando mensajes crípticos pero feroces. Buscar en ellas referencias abiertas a la heroína es tan inevitable como complicado. El único elemento relacionado con la vida y la muerte de Cobain que aparece claramente en las letras (y en algunas fotos) son las armas. En “Come as you are”, la referencia a la pistola (“And I swear I don’t have a gun”) ha sido entendida por algunos como una metáfora de la jeringuilla, puesto que la letra también hace referencia al lema de una campaña (“If doused in mud, soak in bleach”) promovida en Seattle para evitar el contagio del VIH por medio de jeringuillas infectadas. El verso “Come as a friend, as a trend, as a known enemy” también podría referirse al caballo, del mismo modo que se cree que “Pennyroyal tea” está inspirada en la droga, entre otras cosas por sus referencias a los laxantes que los heroinómanos consumen para combatir el estreñimiento que produce la heroína.

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