Servando Gómez
Servando Gómez, “la Tuta”, líder de la narcosecta de Los Caballeros Templarios.

‘Breaking Bad’ a lo mexicano

Este artículo se publicó originalmente en el número 257 de la revista Cáñamo España

Se podría decir que Servando Gómez, “la Tuta”, es el Walter White mexicano. La Tuta era un abnegado profesor de primaria en la sierra de Michoacán cuando se metió en el mundo del narcotráfico y terminó encabezando un cártel, el de Los Caballeros Templarios. A diferencia del personaje televisivo de Breaking Bad, la Tuta estaba mucho más loco. Los Caballeros Templarios eran una extrañísima narcosecta con su propia Biblia. Decían librar una guerra santa y asesinaban con brutalidad medieval.

La Tuta era un fanático del tarot, confesaba que lo consultaba a menudo para decidir los futuros del cártel. Tampoco cultivaba el bajo perfil de White; utilizaba las redes sociales con frecuencia para subir sus pensamientos o “entrevistas” con políticos, empresarios y periodistas, a los que sobornaba frente a una cámara. Su detención, en febrero del 2015, supuso el fin de los Templarios y de una era de terror en Michoacán.

Gómez nació en Arteaga, Michoacán, en 1966, a los pies de la sierra Madre Occidental, una zona denominada Tierra Caliente, dado que ha sido cuna de grupos guerrilleros y narcotraficantes desde hace décadas. Estudió para ser maestro normalista, profesión que empezó a ejercer en 1985 dando clases en los ranchos de la zona. Quienes le conocieron durante esos años le describen como un profesor dedicado, que se desvivía por sus alumnos. Participó en la apertura de centros para combatir las adicciones al alcohol y a la droga. Probablemente en ese ambiente fue donde tuvo su primer contacto con narcotraficantes y sicarios.

Para el año 2001 ya había abandonado el magisterio para dedicarse al narcotráfico. A pesar de ello, continuó cobrando sus cheques de profesor de la Secretaría de Educación de Michoacán al menos hasta el año 2010. No está muy claro cómo hizo la transición de profesor a capo, la versión más extendida es que en alguno de sus centros de rehabilitación conoció (bien porque fue paciente o porque reclutaba a los pacientes del centro para unirse al narco) a Nazario Moreno. Apodado “el Más Loco”, fundó el cártel conocido como La Familia Mexicana en el año 2004. Tenía delirios mesiánicos y aseguraba que libraba una guerra santa contra el cártel de los Zetas, que habían llegado a la región. Las ejecuciones que cometía las describía como “justicia divina”, y redactó una Biblia que tenían que seguir sus discípulos (muchos de ellos, reclutados desde centros de desintoxicación).

Decían librar una guerra santa y asesinaban con brutalidad medieval. La Tuta era un fanático del tarot, confesaba que lo consultaba para decidir los futuros del cártel

Sus sicarios tenían que ser abstemios y, según sus normas, castigaban con la muerte a los integrantes que abusaban de mujeres. La Tuta solía presentarse en los pueblos de Michoacán vistiendo vaqueros, ropa vieja y una gorra. En la cintura llevaba una escuadra calibre cuarenta y cinco plateada, y en los bolsillos traseros de los vaqueros sobresalía un fajo de dólares. Reunía a los pobladores en el Zócalo del pueblo y les explicaba que La Familia Michoacana era un mal necesario, y que si no lo hicieran ellos estarían los Zetas. Al final repartía el dinero entre las madres y los pobladores.

La Familia se fracturó en el 2011 y el Más Loco y la Tuta se quedaron al mando de un nuevo cártel llamado Los Caballeros Templarios, que compartían los mismos anhelos de narcosecta que su antecesor. La Tuta se encargaba de la comunicación del grupo, y para ello utilizaba tanto la prensa tradicional como las redes sociales. Nunca rehuía una entrevista, a pesar de ser uno de los narcotraficantes más buscados durante casi una década, la Tuta concedió entrevistas a televisiones mexicanas, estadounidenses y británicas. También pagó numerosas inserciones pagadas en los principales diarios de Michoacán, en las que anunciaba el nacimiento de los Caballeros Templarios, o el posicionamiento del cártel frente a diversos temas como los operativos del Ejército en Michoacán, o el nacimiento de los Grupos de Autodefensa, que nacieron para acabar con la Tuta y compañía. Con este mismo fin, la Tuta solía llamar a programas de televisión o radio de su Estado cuando informaban cosas de su cártel que no eran de su agrado, exigiendo el derecho de réplica.

Youtuber

La Tuta era además un youtuber consumado. A menudo subía a Internet videomensajes en los que abordaba diversos temas. No tenía pudor en reconocer que había asesinado a gente, aunque se ufanaba de que nunca había “asesinado a un inocente”. Una noción interesante, dado que según la Fiscalía mexicana consultaba el tarot regularmente, entre otras cosas para determinar si alguno de sus hombres le había traicionado y así poder ajustar cuentas. “Mis muchachos se portan bien –explicaba en uno de sus vídeos, donde aclaraba que quienes no lo hacían eran castigados–. Los dedos de la mano no son parejos, como no son parejos los miembros de una familia”.

Algunos de los vídeos de la Tuta se convirtieron en virales. Tenía la costumbre de grabar sus encuentros con los políticos y los periodistas, mismos que subía a la red cuando lo consideraba oportuno. De esta forma acabó con la carrera del gobernador del Estado y también de periodistas. En uno de sus vídeos aparece con el corresponsal de Televisa en Michoacán y el jefe de una agencia de noticias. Se queja de que le dan poca cobertura y de que los vídeos de otros sicarios youtubers tienen cinco millones de visitas, mientras que el suyo solo llega a las ciento ochenta y cinco mil. Los informadores le dan consejos para mejorar sus vídeos y luego le piden dinero, uno para una camioneta y el otro para comprar unas cámaras que cuestan seis mil dólares. La Tuta les da el dinero y después desaparece. El vídeo costó la carrera de ambos informadores, que, en su defensa, dijeron que los obligaron a asistir al encuentro.

Tras la muerte del Más Loco, en el 2014, la Tuta se convirtió en el criminal más buscado del Estado y fue el blanco del operativo que el Ejército llevó a cabo en Michoacán para acabar con Los Caballeros Templarios. La Tuta empezó a vivir a salto de mata, en cuevas en la sierra de las que se movía cuando se lo aconsejaba el tarot. Nunca paró de conceder entrevistas ni de subir vídeos a Internet. Su suerte se acabó en febrero del 2015. El Ejército lo detuvo en Morelia sin tener que disparar un solo tiro. Con él se acabaron Los Caballeros Templarios, aunque quedaron para la posteridad sus vídeos, que todavía se pueden consultar. En una entrevista con el británico Channel 4, el redactor le pregunta si conoce Breaking Bad. La Tuta no ha visto la serie y el periodista le explica la trama. “Si tú supieras cómo hacen el meth. ¡Qué tontos los que se meten eso! Es ácido de batería de coche, se te cae todo”, le responde al periodista. El tráfico de metanfetamina era uno de los negocios de la Tuta, que, quizás por ello, termina diciendo: “El mundo no lo vamos a componer, y esto es negocio”.

Extracto del juramento templario

Estas son algunas de las normas contenidas en el “Código de los Caballeros Templarios de Michoacán”:

8. Los Caballeros Templarios deben amar y servir desinteresadamente a toda la humanidad.

24. En su conducta, el templario evitará lo siguiente: emborracharse en forma ofensiva, ser inmoral, cobarde, mentir o tener intenciones maliciosas.

28. Para Los Caballeros Templarios de Michoacán, la disciplina es constante y la obediencia es siempre respetada: se va y se viene a la señal de quien posee autoridad.

37. Está estrictamente prohibido a todos los miembros de la orden realizar secuestros con la finalidad de obtener dinero.

38. Los jefes de la orden y su personal deben practicarse periódicamente la prueba de antidoping e informar al consejo los resultados de dichos exámenes.

41. Para hacer uso de la fuerza letal se requiere autorización del consejo.

46. Por seguridad de todos, los Caballeros deben estar alertas las veinticuatro horas del día.

48. Los Caballeros Templarios de Michoacán aplican la justicia, por ello ningún elemento debe matar por gusto o por dinero. Cuando se tome esa decisión, debe investigarse bien previamente, y si existen razones suficientes entonces sí proceder.

52. Aquel caballero que traicione a los Templarios será castigado con la pena máxima y, además, se le decomisarán sus propiedades; sus familiares correrán la misma suerte.

Si por desgracia yo traicionara mi juramento, ruego ser ejecutado por la orden como un traidor.

 

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