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3 de Diciembre de 2022 #292

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Por una regulación diferenciada para vaporizar nicotina y calentar tabaco

En un duro golpe a los desarrollos tecnológicos de la industria del tabaco y el enfoque de reducción de riesgos y daños se convirtió el proyecto de ley que pretende unificar los dispositivos electrónicos de administración de nicotina –vapeadores o calentadores de tabaco– en la legislación actual de cigarrillos. Aunque estos dispositivos son recientes, hay suficiente evidencia que demuestra que vapear y calentar tabaco no es lo mismo que fumar y que por eso requieren una regulación diferenciada. 

En un duro golpe a los desarrollos tecnológicos de la industria del tabaco y el enfoque de reducción de riesgos y daños se convirtió el proyecto de ley que pretende unificar los dispositivos electrónicos de administración de nicotina –vapeadores o calentadores de tabaco– en la legislación actual de cigarrillos. Aunque estos dispositivos son recientes, hay suficiente evidencia que demuestra que vapear y calentar tabaco no es lo mismo que fumar y que por eso requieren una regulación diferenciada.  

Pero, ¿por qué vapear y calentar nicotina no es fumar? Cuando se fuma la materia vegetal entra en combustión a más de 800 grados centígrados de temperatura, lo que genera monóxido de carbono, alquitrán y más de 6.000 sustancias toxicas que son inhaladas por las vías respiratorias a través del humo, haciendo contacto con dedos, boca, garganta, pulmones, piel, sangre y todo el cuerpo. Por el contrario, los vapeadores o productos que calientan tabaco, son dispositivos que calientan –no queman– sustancias liquidas o láminas de tabaco a menos de 350 grados centígrados de temperatura, lo que elimina la combustión y todas las consecuencias que se derivan de este proceso y son la principal fuente de toxicidad a la hora de administrarse nicotina.

Los vaporizadores y calentadores de tabaco no van a reemplazar las acciones de prevención, prohibición, regulación, restricción y cesación que buscan las leyes actuales, por el contrario, las van a complementar en la búsqueda de transiciones regresivas para abandonar el consumo y la sustitución hacia otros dispositivos de menor riesgo. Colombia puede ser pionera en esta tarea si buscamos proteger realmente a los menores de edad y posiblemente darle unos años más de vida a los miles de adictos a la nicotina que ya tienen claro que no la van a abandonar. 
 

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