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El Congreso debate terapias con psicodélicos para la salud mental

La Sala Ernest Lluch del Congreso de los Diputados acogió una jornada dedicada a las terapias asistidas con psicodélicos (TAP), organizada por la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (SEMPsi) con la colaboración de Fundación Inawe. Clínicos, investigadores y pacientes llevaron a sede parlamentaria un debate que pide más investigación, formación y marcos regulatorios capaces de traducir la evidencia emergente en acceso sanitario seguro.

Durante cuatro horas, el Parlamento escuchó un diagnóstico ya conocido –la salud mental como uno de los grandes desafíos sanitarios del siglo XXI– y una propuesta que todavía incomoda  y que tiene relación con explorar terapias puntuales, intensivas y supervisadas que combinan psicoterapia y la administración de sustancias como la psilocibina, el MDMA o el LSD en entornos clínicos acreditados. El programa incluyó bloques centrados en evidencia y seguridad, experiencias de pacientes y modelos internacionales de implementación y regulación.

Para Antón Gómez-Escolar, psicofarmacólogo especializado en psicodélicos y miembro de la junta directiva de SEMPsi, llevar esta conversación al Parlamento era más que un gesto simbólico, catalogando el encuentro como “un hito muy necesario y urgente debido a la crisis, el estancamiento y la gran necesidad de innovación” que atraviesa la salud mental.

En el centro del debate estuvo la definición misma este tipo de terapias, ya que no se trata de “tomar una sustancia” sino de un procedimiento clínico completo –cribado, preparación, sesión asistida, integración y seguimiento– cuyo sentido se juega en la relación terapéutica y en el control estricto de riesgos.En esa línea, la psiquiatra e investigadora Rosa María Dueñas (Parc Sanitari Sant Joan de Déu de Sant Boi, Barcelona) recordó que la evidencia disponible apunta a que, en contextos terapéuticos controlados, los psicodélicos “son eficaces con una o pocas administraciones, y tienen efectos “curativos” rápidos y duraderos” en trastornos como la depresión resistente, el estrés postraumático, la ansiedad o las adicciones. De ahí que, junto a los potenciales beneficios descritos en ensayos y revisiones, se insistiera en la necesidad de protocolos, equipos entrenados y criterios de indicación claros. El reto es  evitar que el entusiasmo se convierta en promesa fácil y, al mismo tiempo, no dejar que el miedo heredado vinculado a los recreativo bloquee la innovación.

Hoy, en Europa y en España, la esketamina intranasal (Spravato) es la única opción vinculada a este campo con autorización para uso clínico en depresión resistente y bajo supervisión médica. Pero ese paso no se traslada automáticamente a las TAP con psicodélicos clásicos. Para sustancias como la psilocibina, el MDMA o el LSD, la vía dominante continúa siendo la investigación clínica y, de forma excepcional, los mecanismos previstos para “situaciones especiales” y uso compasivo contemplados en la normativa española, siempre bajo control de la AEMPS y con criterios estrictos.


Mientras España discute cómo traducir el debate en política pública, otros países europeos han ensayado pasos intermedios. En Alemania, el regulador autorizó un programa de uso compasivo con psilocibina para casos de depresión resistente en centros concretos y bajo condiciones muy limitadas. En la República Checa, una enmienda legal aprobada en 2025 abrió la puerta al acceso terapéutico a partir de 2026 dentro de protocolos sanitarios. Fuera de Europa, Australia permite desde julio de 2023 la prescripción por psiquiatras autorizados de MDMA para TEPT y psilocibina para depresión resistente, bajo controles reforzados. Junto ocn lo anterior, proyectos financiados por la Unión Europea  muestran que el interés institucional por estas líneas de investigación ya no es marginal.

Que la jornada se celebrara en el Congreso no fue un detalle menor porque la discusión sobre las terapias asistidas con psicodélicos empieza a salir del terreno estrictamente académico y a entrar en la agenda de política sanitaria. En la sesión se repasó el estado regulatorio actual en España –sin aprobaciones clínicas para psicodélicos clásicos y con la esketamina como única opción autorizada en el entorno hospitalario– y se expusieron ejemplos internacionales de acceso excepcional y programas piloto. Gómez-Escolar insistió en que este tipo de actos son “importantísimos” para reducir el desconocimiento y el estigma que, a su juicio, actúan como “frenos” para permisos de investigación, financiación y adopción clínica.

Es importante recalcar que, en otros países ya existen vías controladas para que pacientes que no responden a tratamientos convencionales accedan a estas terapias. En España, en cambio, la discusión sigue en la fase de definir si se habilitarán programas piloto y mecanismos de acceso excepcional para poder avanzar con garantías. Por eso, los ponentes reclamaron financiación para ensayos, formación específica, centros acreditados y sistemas de registro y auditoría antes de pensar en una aplicación más amplia.

Vídeos de la jornada aquí.

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