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Bálsamos con THC y CBD alivian dolores en cáncer de mama

Un estudio realizado en Estados Unidos abre una vía para algunas mujeres con cáncer de mama que sufren dolores asociados a la terapia hormonal. La investigación no presenta el cannabis como tratamiento contra el cáncer, pero podría reducir efectos secundarios que pueden hacer más difícil sostener una medicación clave.

Los inhibidores de aromatasa forman parte del tratamiento estándar para mujeres posmenopáusicas con cáncer de mama con receptores hormonales positivos. Su eficacia clínica convive, sin embargo, con dolores articulares, rigidez y molestias óseas agrupadas bajo el nombre de síndrome musculoesquelético inducido por inhibidores de aromatasa, conocido por sus siglas en inglés como AIMSS. Como ocurre con otros efectos secundarios de la quimioterapia, este cuadro puede deteriorar la calidad de vida y dificultar la adherencia a una terapia que, en muchos casos, debe sostenerse durante años.

El estudio incluyó a mujeres con cáncer de mama en estadios 1 a 3 que presentaban dolor en manos y muñecas asociado al uso de inhibidores de aromatasa. Las participantes fueron asignadas a dos grupos: uno utilizó un bálsamo predominante en cannabidiol (CBD) y el otro un bálsamo predominante en delta-9-tetrahidrocannabinol (THC). La aplicación se realizó tres veces al día durante dos semanas, seguida de una extensión de otras dos semanas en la que las participantes podían elegir qué producto continuar usando.

Los resultados descritos por los investigadores apuntan a una buena tolerabilidad de ambos preparados y a mejoras reportadas en dolor y funcionamiento físico. El interés por el cannabis medicinal contra el dolor crónico viene creciendo en distintos ensayos, aunque este caso se limita a una población y un síntoma muy concretos. Sin embargo, el carácter abierto del ensayo, su duración acotada en el tiempo y la ausencia de un grupo placebo obligan a interpretar los datos con prudencia.

El interés por los cannabinoides tópicos se apoya en su posible acción local sobre inflamación, dolor y vías periféricas del sistema endocannabinoide. A diferencia de las formulaciones inhaladas u orales, los bálsamos aplicados sobre la piel buscan actuar en zonas concretas, con menor exposición sistémica. Esa diferencia es relevante en pacientes oncológicas, donde cualquier intervención complementaria debe evaluarse por su seguridad y su impacto real sobre el tratamiento principal. En ese punto, la discusión sobre cannabis y tratamientos contra el cáncer exige especial prudencia.

El hallazgo no convierte a los bálsamos con THC o CBD en una respuesta única, pero sí muestran un camino en cómo aliviar mejor los daños colaterales de este tipo de tratamientos. En ese terreno, el cannabis medicinal pasa a ocupar un lugar más concreto, siempre que sea sometido a la misma exigencia que cualquier herramienta terapéutica.

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