El estudio, firmado por investigadores de Durban University of Technology, Tshwane University of Technology y la University of Alberta, comparó tres grupos: quimioterapia sola, cannabinoides solos y combinación de ambas estrategias. Ese enfoque permitió mirar síntomas, marcadores biológicos, aunque con la limitación de que no hubo asignación aleatoria ni una exposición estandarizada a cannabinoides.
Los resultados indicaron que los pacientes que recibieron cannabinoides, solos o combinados con docetaxel (fármaco para la quimioterapia), mostraron mayores reducciones del dolor y mejores puntajes de bienestar emocional, autocuidado y actividades cotidianas. También se observó una caída más rápida del antígeno prostático específico (PSA) y, en el grupo combinado, una mayor probabilidad de remisión o reducción tumoral.
Sin embargo, el artículo reconoce límites relacionados con el diseño observacional, ausencia de placebo, formulaciones variables, dosis reportadas por los propios pacientes y reclutamiento en un único sitio. Además, todos habían recibido terapia de deprivación androgénica, lo que complica atribuir los cambios del PSA solo a los cannabinoides.
En esa misma línea, la American Society of Clinical Oncology recomienda no usar cannabis o cannabinoides como tratamiento antitumoral fuera de ensayos clínicos y reserva la evidencia más sólida sobre todo en efectos secundarios de la quimioterapia.
Eso sí, lo relevante del trabajo es que suma datos clínicos a un debate dominado durante años por testimonios y expectativas. Para pacientes con cáncer de próstata, abre una conversación más seria sobre dolor y calidad de vida, reforzando el interés por el uso del cannabis en el tratamiento del cáncer.