Según documentos oficiales del Estado botsuano, la política sobre cannabis fue aprobada por el Parlamento el 2 de abril de 2025, la Cannabis Act fue sancionada en agosto de ese año y la reglamentación se publicó el 12 de enero de 2026. A partir de ahí comenzó la implementación formal del esquema, con la entrada en funciones de la Autoridad Nacional de Control del Cannabis, la habilitación de una granja estatal para la fase inicial de cultivo y la concesión de dos licencias piloto.
En paralelo, el gobierno de Duma Boko ha presentado el cannabis industrial y medicinal como parte de una estrategia para reducir la dependencia de los diamantes y abrir nuevas cadenas agroindustriales. En el discurso presupuestario de 2026/2027, el ministro de Finanzas, Ndaba Gaolathe, incluyó la producción de cannabis y su marco regulatorio entre las prioridades emergentes del presupuesto de desarrollo. La hoja de ruta prevé avanzar por fases, con ensayos en la Botswana University of Agriculture and Natural Resources y una apertura posterior a agricultores locales con capacidad para integrarse en esa cadena de valor.
Pero el respaldo oficial llegó acompañado de una arquitectura regulatoria dura. La cobertura especializada sobre la nueva norma describe un sistema de licencias para cultivo, viveros, semillas, manufactura, transporte, investigación, importación y exportación. Más que una liberalización, lo que aparece es un mercado de acceso administrado, con inspecciones y control de la circulación del producto. En ese marco, el cáñamo queda reconocido como oportunidad económica, aunque bajo una lógica que favorece a quienes ya tienen capital y estructura para absorber una regulación pesada.
En ese sentido, Botsuana parece haber resuelto que el cannabis puede servir para diversificar la economía y estimular la investigación aplicada. Lo que todavía no está claro, al igual que lo que ocurre en otros mercados emergentes del cannabis legal, es quién podrá entrar realmente en ese mercado porque cuando el acceso depende de filtros financieros y burocráticos el desarrollo corre el riesgo de concentrarse en pocos actores con capacidad para sostener la inversión inicial.