La ampliación forma parte de las nuevas zonas de regulación especial aprobadas por el Gobierno surcoreano. Estos espacios permiten probar actividades que la normativa general restringe o no contempla, bajo condiciones específicas y supervisión pública. En Andong, la excepción ya permitía desde 2020 trabajar con cannabidiol para desarrollar tecnologías de producción de materias primas farmacéuticas.
El nuevo programa incorpora el cannabigerol (CBG), cannabicromeno (CBC) y cannabinol (CBN). Según el Gobierno de Gyeongsang del Norte, ocho operadores participarán en el proyecto, que busca abarcar desde el cultivo y la extracción hasta el desarrollo de ingredientes farmacéuticos y su eventual comercialización.
El cambio también amplía el foco de una estrategia que hasta ahora había estado centrada sobre todo en el CBD. En los últimos años, la investigación sobre otros compuestos de la planta ha crecido, aunque sus posibles aplicaciones médicas se encuentran en grados muy distintos de desarrollo. En Cáñamo hemos seguido, por ejemplo, investigaciones preclínicas sobre el CBG y trabajos dedicados al potencial antiinflamatorio de los cannabinoides minoritarios.
Ese punto es importante porque el hecho de que un gobierno facilite la investigación y el desarrollo farmacéutico no significa que el CBG, el CBC o el CBN hayan demostrado por sí mismos eficacia clínica para tratar enfermedadesy el programa surcoreano abre, en ese sentido, un marco para producir, estudiar y desarrollar estos compuestos, no una aprobación terapéutica automática.
En este contexto, la experiencia de Andong muestra que, incluso dentro de legislaciones restrictivas, las excepciones regulatorias empiezan a abrir espacios para investigar una planta cuya explotación científica e industrial sigue limitada por las mismas normas que estos programas intentan poner a prueba.