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Estudio analiza la relación entre cannabis, memoria y cerebro envejecido

Un análisis liderado por un equipo de la University of Colorado Anschutz, observó mayor volumen en ciertas regiones cerebrales y también mejores puntajes en pruebas cognitivas en adultos. El trabajo se suma a un debate que suele centrarse en la memoria durante los efectos del cannabis, más que en lo que ocurre cuando el consumo convive con el envejecimiento.

La investigación que se publicó en Journal of Studies on Alcohol and Drugs cruzó imágenes, desempeño y autoinformes de consumo. La exposición se clasificó en tres grupos, no uso, uso “moderado” (1–100 veces en la vida) y uso “alto” (más de 100). En este contexto, es importante leer el resultado del estudio con prudencia ya que se trata de un trabajo de carácter observacional a gran escala, sin control de dosis ni de productos y que si bien es útil para detectar patrones poblacionales, es incapaz de probar causalidad.

Aun así, el hallazgo fue consistente en varias medidas. En promedio, quienes reportaron consumo mostraron mayor volumen regional en estructuras vinculadas a memoria y aprendizaje y en áreas asociadas a recompensa y emoción. En pruebas de aprendizaje, velocidad de procesamiento y memoria a corto plazo, el grupo de uso moderado tendió a rendir mejor, en el de uso alto, el patrón fue más irregular. También surgieron diferencias por sexo, lo que viene a ratificar de que el sistema endocannabinoide puede modularse de manera distinta según biología y contextos de vida.

Vale la pena insistir que el estudio no cuenta con datos finos sobre potencia, proporciones THC/CBD, vías de administración y el consumo fue autorreportado por los participantes, lo que aumenta los sesgos. Además, en una zona concreta del cerebro llamada cíngulo posterior, el mayor consumo se asoció con un volumen ligeramente menor.

En términos prácticos, el estudio describe una asociación en adultos de mediana edad y mayores entre haber usado cannabis alguna vez y cambios en el volumen del cerebro y en los resultados de pruebas cognitivas, con resultados más consistentes en el grupo de uso moderado. 

En ese sentido, los autores advierten que, por su diseño observacional y por la falta de datos detallados sobre productos, dosis y patrones recientes, los hallazgos no permiten concluir causa y efecto. La evidencia, más bien, apunta a la necesidad de investigaciones que distingan tipo de cannabinoides, frecuencia, edad de inicio y motivos de uso para evaluar riesgos y posibles beneficios a medida que avanza la edad.

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