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Harina de cáñamo para el alfajor argentino

En San Juan se elaboran alfajores de harina de cáñamo y pistacho al amparo del nuevo marco que incorporó la semilla al Código Alimentario Argentino. El producto está elaborado con cáñamo agroecológico de Córdoba y se describe como sin gluten y rico en proteínas. 

La incorporación de la semilla de cáñamo al Código Alimentario Argentino, vigente desde fines de 2023, empieza a dejar productos concretos. En San Juan, una marca local elabora alfajores con harina de cáñamo y pistacho y suma a uno de los dulces más populares de Argentina una semilla que durante décadas quedó oculta tras el estigma de una planta.

La Resolución Conjunta 31/2023, publicada en el Boletín Oficial, sumó las semillas de cáñamo a la categoría de “semillas comestibles” y habilitó su harina y su aceite, siempre que el material no supere el 1 % de THC. La norma se enmarca en la Ley 27.669 de cannabis y cáñamo industrial y se inspiró en regulaciones de Canadá, la Unión Europea y Uruguay, en sintonía con la agenda federal argentina sobre el sector.

El gesto tiene una carga histórica importante ya que la industria del cáñamo argentino había quedado clausurada en 1977, cuando se confundió el valor proteico de la semilla con los efectos del THC, de modo que la nueva categoría reabre un camino cerrado durante casi medio siglo. 

Detrás de esta marca, llamada significativamente Cáñamor, está Ánika Tropea, su directora de calidad y regulatoria. Licenciada en Tecnología de Alimentos, Tropea  apuesta por un alfajor federal: cáñamo agroecológico de Córdoba, elaboración sanjuanina y pistacho local. Además, es un producto rico en proteínas y en ácidos grasos omega-3 y omega-6 que cuenta con inscripción en el Registro Nacional de Productos Alimenticios y es apto para las personas celíacas.

San Juan se suma así al mapa de provincias argentinas que exploran el cáñamo como parte de su economía regional, como lo que viene ocurriendo, por ejemplo, con Mendoza y su ley de cannabis y cáñamo. Pero, y más allá de este tradicional dulce, el caso muestra cómo una planta perseguida durante décadas vuelve a la economía formal cuando la regulación deja a un lado el estigma del cáñamo como algo peligroso y empieza a ser tratado como una materia prima versátil.

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