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Jarred Shaw evita pena de muerte por gominolas con THC

Un tribunal de Indonesia condenó a 26 meses de prisión al jugador estadounidense de baloncesto Jarred Shaw por recibir un paquete de gominolas con THC enviado desde Tailandia. Durante meses, el caso lo expuso a la posibilidad de la pena de muerte, pese a que alegó uso medicinal de cannabis para tratar la enfermedad de Crohn.

El caso se remonta al 7 de mayo de 2025, cuando Shaw, entonces jugador de los Tangerang Hawks en la liga profesional de Indonesia, fue detenido tras recoger un paquete en el lobby de su edificio. Según la policía, el envío contenía 132 gominolas con THC, valoradas en unos 400 dólares y con un peso total cercano a los 869 gramos. El paquete había salido de Tailandia, donde los productos cannábicos cuentan con una regulación mucho más laxa que en Indonesia.

Desde el inicio, las autoridades presentaron la causa como un posible delito de distribución y no como una situación de uso personal o terapéutico. Esa diferencia es clave en un país cuya legislación sigue anclada en la “guerra contra las drogas”, con penas que pueden ir de la cadena perpetua a la ejecución por fusilamiento y, para un extranjero,  estos pequeños matices en la calificación penal pueden marcar la distancia entre una condena limitada y la pena capital.

Shaw ha insistido en que utiliza cannabis para aliviar los síntomas de la enfermedad de Crohn, una patología inflamatoria crónica que provoca dolores intensos, problemas digestivos e insomnio. La defensa presentó informes médicos que acreditan su diagnóstico y el uso de derivados del cannabis, como las gominolas con THC, como parte de su manejo del dolor. El activista humanitario Donte West y el abogado indonesio Richard Siregar subrayaron ante el tribunal ese carácter médico y lograron su traslado al hospital Abdi Waluyo, además del acompañamiento de la Embajada de Estados Unidos en Yakarta.

Aunque la condena a 26 meses implica que Shaw seguirá privado de libertad, la legislación indonesia contempla reducciones de pena y beneficios ligados a su estado de salud, por lo que una excarcelación anticipada no está descartada. El caso, sin embargo, vuelve a evidenciar el choque entre la expansión global del uso medicinal del cannabis y políticas de drogas conservadoras que no distinguen entre sustancias, contextos ni motivaciones. Lo que en un país se considera tratamiento puede, al cruzar una frontera, transformarse en un delito castigado con la muerte.

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