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Lo que la industria del cannabis puede aprender de la perfumería

El olor suele ser el primer encuentro con el cannabis antes del efecto. Sin embargo, en el mercado legal lo que prima son los datos. Es en este contexto que especialistas sugieren mirar a la perfumería para diseñar aromas con intención, narrar su evolución en el tiempo y construir valor a un producto sin depender solo del porcentaje de THC.

Durante años, el sector cannábico se acostumbró a vender destacando porcentajes y rendimientos. Sin embargo, y así lo propone el medio especializado mg Magazine, para muchas personas, la decisión real pasa fundamentalmente por lo sensorial. El olor puede orientar expectativas, activar memorias y marcar una preferencia. En ese sentido, la perfumería tiene mucho que ofrecer, ya que lleva siglos traduciendo la química en emoción y, ese conocimiento, puede funcionar como espejo útil para un mercado cannábico.

Uno de los detalles a destacar es que en perfumería, el aroma se diseña para “funcionar” en un medio, como por ejemplo la piel o el ambiente,  y para comunicar una intención. La fundadora del Institute for Art and Olfaction, Saskia Wilson-Brown, lo explicó para mg Magazine como se debe alcanzar un equilibrio entre desempeño técnico y significado donde, no solo debe sugerir una historia y el relato aromático, se debe acompañar la experiencia corporal que el producto entrega.

La segunda lección propuesta tiene relación con el concepto de “construcción por capas” del aroma, es decir, cómo un olor se percibe por etapas y no todo de golpe. En el marco clásico, las fragancias se construyen en el tiempo –notas altas, medias y de base– según volatilidad y persistencia. La analogía sirve para ordenar cómo abordar lo que nos entregan los terpenos  sin la mera suma de compuestos, ya que sin estructura puede producir ruido y no la complejidad que es o que se busca. Dicho de otra manera, el cogollo con su aroma debe ser capaz de describir una progresión, no una acumulación.

El otro aprendizaje que se puede obtener de la industria de los perfumes es comercial. La perfumería rara vez se vende como una lista de ingredientes, sino más bien se presenta y se vende como un estado de ánimo, diseño y narrativa. Acá los especialistas  insisten en la autenticidad del encuadre y en empezar por la pregunta “¿cuál es la intención?” porque la idea no es generar un shock en el consumidor y, para evitarlo, se debe anclar el nuevo aroma con referencias reconocibles y guiar a los usuarios en lo que pueden esperar a lo largo del consumo.

Por eso, hay que tomarse el aroma más allá de un capricho estético, ya que si el cannabis quiere salir de la lógica de “más potencia” como estrategia de venta, necesita herramientas para describir lo que ofrece sin reducirlo y, en ese sentido, la perfumería ya ha demostrado que la experiencia también se diseña y educar al público es parte del producto.

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