Los tratamientos contra la depresión con ketamina llegan a Barcelona

Los tratamientos contra la depresión con ketamina llegan a Barcelona

La ciudad condal acoge una de las primeras clínicas europeas especializadas en el uso de ketamina para el tratamiento de la depresión severa.

La ketamina es la única sustancia de efectos psicodélicos que ha sido aprobada para su uso en tratamientos para la salud mental. Tanto en EE UU como en Europa las correspondientes agencias del medicamento han aprobado en los últimos años el uso de la esketamina (un isómero de la ketamina) como tratamiento para la depresión severa. Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos y Canadá ya existen más de 300 clínicas que administran ketamina legalmente, pero en Europa no abundan tanto. Ahora se acaba de abrir la primera clínica de Barcelona dedicada exclusivamente al tratamiento de la depresión con ketamina.

La particularidad de la ketamina es que, a diferencia de los antidepresivos clásicos, no necesita varias semanas para producir efectos. Esta sustancia actúa sobre el sistema glutamatérgico, lo que la convierte en un fármaco de acción rápida. Los estudios clínicos han demostrado que la ketamina puede reducir los síntomas de la depresión y los pensamientos suicidas en tan solo unas pocas horas.

“En tiempos difíciles para la salud mental como los actuales, y en concreto para las personas con depresión, disponer de un nuevo método terapéutico de probada eficacia es ilusionante. No queremos generar esperanzas desorbitadas pero seguro que la ketamina ayudará a mucha gente en situación difícil. Ser pioneros en Cataluña en este terreno es un orgullo para nuestro equipo”, dijo el médico psiquiatra Joan Obiols, fundador del proyecto, en una nota de prensa de la clínica Synaptica.

La ketamina es un fármaco muy usado como anestésico desde los años 70 por su amplio margen de seguridad. A finales de los años 80 y principios de los 90 la sustancia se empezó a usar en contextos recreativos en relación al auge de la cultura rave. En 1999 fue incluida en la lista III de sustancias fiscalizadas de EE UU y más tarde otros países controlaron su uso. Eso no impidió que se siguieran realizando estudios sobre su potencial como antidepresivo y en el tratamiento contra las adicciones. Después de completar los ensayos clínicos necesarios en 2019 la Administración de Fármacos y Alimentos de EE UU y la Agencia Europea del Medicamento aprobaron su uso contra la depresión.

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