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Marihuana para tratar la adicción a la pasta base de cocaína

Pasta base cocaína
Pasta base cocaína

Recientemente, la alcaldía de Bogotá, Colombia, ha instaurado un programa piloto de reducción de riesgos para tratar con marihuana la adicción a la pasta base de cocaína (PBC). El programa se ha iniciado con 15 personas con una fuerte adicción a la PBC, a las que se les suministrará marihuana durante 8 meses para evaluar su eficacia como tratamiento sustitutivo que ayude a los adictos a abandonar o reducir el consumo. Otros gobiernos, como el de Uruguay, están planteando iniciativas parecidas. Según la BBC, en la iniciativa colombiana “se trataría de ver si la marihuana puede ayudar a manejar el síndrome de abstinencia de adictos al bazuco [PBC] interesados en dejar la droga, así como la ansiedad y los cambios de estado de ánimo propios de su falta o consumo elevado”. 

El consumo de PBC se está convirtiendo en un problema de magnitud casi irresoluble en América Latina. Estudios preclínicos realizados con PBC en Uruguay han encontrado un efecto neurotóxico no debido a la cocaína presente, sino a los adulterantes. Las manifestaciones clínicas más fuertemente observadas en usuarios de PBC son neuropsiquiátricas y cardiovasculares, seguidas por las respiratorias. A estos problemas se suman los derivados de la infraalimentación y la pérdida de pesoasociada y al consiguiente debilitamiento del sistema inmunitario, derivando todo ello en una merma considerable en la calidad de vida, que puede dar lugar a la aparición de enfermedades graves tanto médicas como neuropsiquiátricas. A día de hoy no existe un solo tratamiento farmacológico eficaz, de las decenas de ellos que se prueban cada año, para el tratamiento a la adicción de los derivados de la cocaína. 

Existen algunas evidencias que indican que la marihuana podría reducir e incluso eliminar el consumo de PBC, así como sus manifestaciones clínicas asociadas. Un estudio llevado a cabo en Brasil en el que se hizo un seguimiento durante nueve meses a 25 usuarios de crack (una forma menos perjudicial de cocaína que la PBC) con una fuerte adicción, de acuerdo a criterios ICD-10 y DSM-IV, encontró que la mayoría de los sujetos (68%) cesaron el uso de crack y refirieron que el uso de marihuana les redujo el craving y les produjo cambios tanto subjetivos como específicos en su conducta que les ayudó a abandonar la adición. El tiempo medio que tardaron en dejar de usar crack fue de 5,2 semanas, fumando entre 3 y 4 cigarrillos de marihuana por día. Del resto de la muestra, la mitad (16%) mantuvo su nivel de uso de crack pese al uso de marihuana, y la otra mitad (16%) abandonó el tratamiento antes de los tres primeros meses.

En otro estudio, esta vez de tipo etnográfico, realizado en Jamaica, se hizo un seguimiento a 31 mujeres usuarias (17) y exusuarias (14) de crack en Jamaica. Según la autora, el impacto del crack en su salud y en su apariencia física era devastador: no sólo el crack les “robaba” su fortaleza y habilidad para trabajar, también deterioraba su aspecto físico: les dejaba el pelo seco, tenían manchas negras y úlceras en la piel y los dedos quemados y con manchas, y padecían una severa pérdida de peso, aspectos físicos que en la sociedad jamaicana además eran motivo de marginación y rechazo social. De las 14 mujeres que habían dejado de consumir crack, 13 atribuían su éxito al uso de ganja (marihuana), ya fuera por su capacidad para controlar el daño fisiológico asociado al crack o, en un caso, por su valor religioso (asociado a la cultura rastafari). En las mujeres que fumaban marihuana y mantenían su consumo de crack, la marihuana les permitía mantener su peso corporal estable y el cuidado de sus hijos. De hecho, usando marihuana, estas mujeres, en vez de buscar experiencias hedónicas, lo que estaban haciendo era automedicarse. 

Otro estudio en el que se ha visto que el uso de marihuana puede facilitar la reducción o eliminación del consumo de psicoestimulantes y/o alcohol y otras drogas se realizó en Estados Unidos con usuarios de marihuana medicinal (MM) que buscaban tratamiento para dejar el uso de drogas y se comparó con datos de pacientes que no utilizaban MM. Aunque se trataba de una muestra muy pequeña (8 sujetos), se encontró que el uso de MM no perjudicaba el tratamiento, sirviéndoles como medicina con menos efectos secundarios que los fármacos habituales en este tipo de tratamientos. El número de pacientes que refirieron problemas médicos en los últimos 30 días disminuyó y permaneció en los programas de tratamiento durante más tiempo que los que no utilizaban MM. También obtuvieron mejores resultados con relación a indicadores de trabajo, problemas con la justicia y hospitalizaciones. El autor de este estudio concluye que el uso de MM no compromete los tratamientos de abuso de sustancias y que incluso obtienen iguales resultados, sino mejores, los que usan MM respecto a los que no la usan. Desde una perspectiva además del balance coste/beneficio, tanto de salud como económico, la MM en el tratamiento de abuso de sustancias supone un tratamiento que es mejor tolerado que las medicaciones habituales, más barato y con menos problemas médicos derivados de la medicación. 

Otro estudio, también efectuado con usuarios de MM en California, esta vez con una muestra más amplia (130 sujetos), encontró que la mitad de la muestra usaba MM como sustituto de alcohol y de drogas ilegales y, en consonancia con el estudio anterior, el 74% de la muestra utilizaba cannabis como sustituto de la medicación de prescripción. Las razones para ello fueron que tenían menos efectos secundarios y éstos eran más tolerables que con medicaciones de prescripción. 

Un último estudio con una muestra de 1.746 usuarios de MM en Estados Unidos de nuevo encontró que, comparados con la población general norteamericana, los usuarios de MM hacían un menor uso de alcohol y cocaína, y que la MM les servía de sustituto para todo un amplio abanico de terapiasprevias intentadas, que incluían medicaciones de prescripción, terapia física y acupuntura, entre otras. Resultados parecidos recogidos en un dispensario canadiense de cannabis medicinal encontraron también que la MM le sirvió a un porcentaje significativo de personas a sustituir el alcohol y drogas, como la cocaína o la heroína, por MM.

En esta misma línea, dos estudios, uno realizado en Australia con 128 usuarios de MM y otro en el Reino Unido con 2.969 sujetos, encontraron resultados similares. En el estudio australiano se encontró que el 62% de los pacientes disminuyeron o abandonaron el uso de fármacos de prescripción cuando empezaron a utilizar MM, la cual era típicamente percibida como superior a los fármacos de prescripción en términos tanto de efectos secundarios experimentados como de alivio percibido. Respecto al estudio inglés, de nuevo, de 916 sujetos que respondieron a las preguntas en las que se comparaba la MM con los fármacos de prescripción utilizados, sólo 27 refirieron que los segundos funcionaban mejor que la MM.

En conclusión, se dispone de una evidencia relativamente sólida que indica que la MM es mejor tolerada por los pacientes que los fármacos de prescripción habituales y de una evidencia menos sólida, pero que apunta a que la MM puede servir para reducir o eliminar el consumo de drogas de abuso, especialmente de psicoestimulantes, entre ellos, los derivados de la cocaína, como es el crack o la PBC. Estas evidencias incluyen el permitir a los usuarios de PBC que siguen manteniendo el consumo tener una mejor calidad de vida, ya que les posibilita llevar una vida más adaptada, en la que los efectos deletéreos de la PBC quedan reducidos. Por último, si bien las evidencias sobre la eficacia de la MM para el tratamiento de la adicción a la PBC son limitadas, la realidad es que tampoco se dispone de medicaciones eficaces para el tratamiento de la adicción a la cocaína y sus derivados, y las medicaciones que suelen utilizarse sólo sirven para paliar algunos de los síntomas asociados y no para curar la dependencia, aparte de que poseen reconocidos efectos secundarios. El hecho de que la MM sea mejor tolerada que los fármacos de prescripción, junto a las evidencias anecdóticas de su posible eficacia, son razones sólidas para plantear la implantación de experiencias piloto, como la iniciada en Bogotá y la que se está proponiendo en Uruguay. 

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