Publicada en Phytochemistry Letters, la revisión reunió estudios difundidos entre 2017 y 2025 sobre aceites, tinturas, comestibles, líquidos para vapear y productos tópicos. Entre los trabajos incluidos aparecen análisis realizados en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, Sudáfrica y Taiwán, además de otros mercados europeos. La muestra, por tanto, no corresponde a una inspección concentrada en Estados Unidos, sino a una síntesis internacional desarrollada bajo normas y canales de venta diferentes.
Los autores consideran que las discrepancias de etiquetado no pueden explicarse como un fallo aislado de una jurisdicción. Sin embargo, la mayor parte de los datos procede de Europa y Norteamérica, mientras que Asia y África están menos representadas. El porcentaje agregado debe leerse como una descripción de la evidencia disponible y no como una estimación uniforme del mercado mundial.
Los aceites y tinturas presentaron la mayor proporción dentro del margen aceptado, con 124 de 300 productos, un 41,3 %. Los comestibles alcanzaron el 40,5 %, mientras que los líquidos para vapear llegaron al 24,3 % y los tópicos al 13,8 %. Una concentración distinta de la anunciada altera la dosis que una persona cree consumir y dificulta interpretar sus efectos y posibles riesgos.
La revisión también reunió detecciones de THC, cannabinoides sintéticos o semisintéticos, metales pesados, pesticidas y disolventes residuales. En algunos estudios, las concentraciones superaron límites legales o toxicológicos. Esto no significa que todos los productos contuvieran esas sustancias ni que los resultados puedan compararse directamente, porque fueron obtenidos con técnicas, criterios de precisión y estrategias de muestreo diferentes.
El trabajo no evaluó la eficacia terapéutica del CBD ni estudió resultados clínicos. Su objetivo fue comprobar si el contenido medido respaldaba lo indicado en el envase. Esa información resulta necesaria para estimar una dosis y valorar después cualquier efecto, tanto esperado como adverso.
La cuestión cobra relevancia en mercados donde el CBD ha ampliado su presencia comercial, como España. La revisión no analiza el mercado español por separado, pero refuerza una exigencia elemental. La cantidad declarada debería poder comprobarse mediante métodos consistentes.
Los autores proponen armonizar los análisis, fijar criterios específicos para cada formato, exigir controles de contaminantes y reforzar la vigilancia posterior a la venta. En un sector condicionado por reglas dispares para los productos de CBD, una etiqueta fiable no es un detalle. Es la condición mínima para dosificar y elegir con información