Es de todos sabido que la prohibición fue diseñada para reprimir a los disidentes y revolucionarios que hayan estado en contra de las políticas gubernamentales. Muchas de esas políticas eran y siguen siendo de carácter belicista. Mucha gente a lo largo del tiempo se ha manifestado en contra de la guerra y otras políticas crueles de los demócratas y republicanos.
Con el avance de las legalizaciones en algunos estados, los arrestos han disminuido un poco; según el FBI, el año anterior se registraron más de doscientos mil arrestos, trescientos mil en el 2020, el noventa por ciento por simple posesión. Se estima que más de tres mil personas aún están cumpliendo penas injustas. Históricamente, las personas de razas negras tienen el doble de riesgo de ser arrestadas: no solo se usa el cannabis como pretexto para arrestar disidentes, sino para llevar a cabo prácticas racistas y seguir teniendo el control sobre las minorías; recordemos que en las cárceles se llevan a cabo programas laborales que recuerdan la época del esclavismo.
En estas épocas de guerra, para ellos es importante tener a la población controlada, ya que las manifestaciones antiguerra suman miles de personas. Encarcelar a los organizadores con cargos relacionados con las drogas es una manera eficaz de aplicar un fascismo disfrazado. El peligro es que el gobierno de Trump endurezca las leyes prohibicionistas para acallar al pueblo. Aunque ha pedido que se reclasifique el cannabis, no quiere decir que los arrestos paren, sobre todo, en los estados rojos como Texas, en donde las leyes estatales son responsables de la mayoría de las condenas por simple posesión.
No es un problema exclusivo de Estados Unidos, la prohibición en el siglo xx se impulsó por intereses políticos, económicos y sociales en diferentes países. Se ignoraron estudios científicos, pero se impulsaron campañas de desinformación y estigmatización para asociar a la planta con ciertos grupos y justificar su criminalización.
No hay mal que por bien no venga dentro de la prohibición: muchos soldados que se han dado cuenta de las intenciones siniestras de los halcones de la guerra no quieren ir a morir por el estado de Israel. ¿La solución? Consumir marihuana antes de los exámenes médicos. Al salir positivos en la prueba antidroga, son descartados automáticamente para ir a combate. La pregunta es: ¿se seguirá “castigando” a los soldados marihuanos o relajarán las leyes para reclutar más carne de cañón?
Según las nuevas directrices de reclutamiento que entraron en vigor el 20 de abril, los reclutas del Ejército ya no necesitarán una exención para alistarse si tienen antecedentes penales por posesión de marihuana o parafernalia de drogas. Los marihuanos ya se pueden enlistar. Estas nuevas regulaciones, que también aumentarán la edad máxima de reclutamiento de 35 a 42 años, tienen como objetivo ampliar las oportunidades de ingreso a las fuerzas armadas.
“A medida que los estados continúan legalizando la marihuana, y el gobierno federal aún no la legaliza, ¿hasta qué punto nos estamos perjudicando al no mantener a soldados por algo que en algunos estados está bien y en otros no?”, dijo la coronel Angela Chipman, quien se desempeña como jefa de la división de reclutamiento y retención de personal militar del Ejército.
Ya enlistados en el Ejército más belicista del mundo, está absolutamente prohibido su consumo, incluso el CBD está vetado para los militares. Los productos de cannabis prohibidos incluyen aquellos que se inhalan o introducen de cualquier otra forma en el cuerpo: productos alimenticios; parches transdérmicos, lociones y aceites tópicos; jabones y champús, y otros productos cosméticos que se aplican directamente sobre la piel. Nada. Incluso se recomienda que no coman panqués con semillas de amapola ni nada que pudiera resultar en un falso positivo.
Un resultado positivo en una prueba de drogas suele castigarse con la separación obligatoria del servicio. Los soldados pueden recibir una baja deshonrosa o general, lo que puede resultar en la pérdida de los beneficios de la Administración de Veteranos y otros derechos, aunque la condición de veterano al final sirve de muy poco.
Generalmente y dependiendo de la cantidad y la reincidencia, puede haber sanciones no judiciales que incluyen la reducción de rango, la pérdida de sueldo y hasta cuarenta y cinco días de restricción. En casos más graves, se puede iniciar un consejo de guerra, lo que puede resultar en una baja deshonrosa y hasta dos años de confinamiento por posesión o uso de menos de 30 g. Por lo general, a los soldados se les prohíbe regresar al mundo castrense, es decir, se les impedirá permanentemente que presten servicio en cualquier rama de las fuerzas armadas. Los soldados suelen ser remitidos a un programa de tratamiento obligatorio para el abuso de sustancias.
En épocas de guerra, las sanciones se pueden recrudecer tanto para civiles como para militares. Pero es preferible una sanción que morir en una guerra extranjera.