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Vancouver y las nuevas regulaciones para los dispensarios

pajaro
Ilustración de Óscar Noguera

En la ciudad de Vancouver no se necesita estar enfermo para consumir una gran variedad de productos cannábicos. Pero se tiene que fingir una enfermedad para poder comprar “legalmente”, aunque, al fin y al cabo, todos estamos enfermos de una forma u otra.

La marihuana es la droga más social de la región, a la par de la cerveza y el café. Es común estar en un bar o en uno de los innumerables expendios de cafeína y salir a fumarse un peta con los colegas. En los conciertos y parques siempre llega el olorcillo. ¡Vaya!, la marihuana está presente en todas las actividades diarias de cualquier habitante de Vancouver, y cualquiera te puede vender o compartir su material sin riesgo a ser arrestado. La policía de Vancouver, o VPD, es independiente a la policía de Canadá (RCMP); es decir, Vancouver tiene su propia fuerza policial, quienes dijeron hace años que dejarían por completo de perseguir a los fumetas.

Por ende, comenzaron a salir dispensarios como hongos en otoño amparados por un débil programa de marihuana medicinal del gobierno federal que apenas da abasto para surtir el material de mala calidad a sus clientes. Al principio, algunos cayeron víctimas de la ley, pero cada vez abrieron más y más, haciendo imposible para la policía cerrarlos todos; no es que haya luz verde, se siguen cerrando dispensarios en todo el país con el pretexto de que tienen lazos con el crimen organizado. La marihuana es más tolerada en Vancouver.

Vancouver, Canadá. Año 2016. Existen 176 dispensarios operando, más mi nuevo vecino, 177. Pero se avecinan cambios duros. La ciudad ha decidido regularlos dando permisos para operar y, por supuesto, cobrando dinero por expedir dichos permisos. Con la regulación vienen muchas restricciones ridículas. Los dispensarios no pueden estar a 300 metros de escuelas o centros comunitarios ni uno cerca de otro, por lo que solo 11 han logrado pasar la primera etapa de aprobación. Los expendios que no recibieron las licencias están apelando bajo diferentes circunstancias; de 62 apelaciones, hasta el momento solo 2 de los solicitantes tuvieron éxito. De todos los que han rechazado, muchos están buscando nuevas locaciones: tienen hasta el mes de noviembre para presentar su apelación y podrán seguir operando hasta entonces. Cuando la apelación sea rechazada tendrán que cerrar en poco tiempo, por lo que corremos el riesgo de que solo el 7% de los dispensarios sobrevivan para el 2017.

En mi vecindario de Commercial Drive, las cosas no pintan bien. El Pain Management Society, de BudderKing, es uno de los afectados, ya que hay una escuela a 200 metros y fracción y un par de dispensarios a pocas cuadras de distancia. Fueron unos de los primeros en abrir sus puertas al público, que frecuenta sus instalaciones para paliar sus dolores. El dispensario ya había sufrido un duro golpe cuando se prohibieron los vapour lounges, haciendo ilegal a los miembros el poder medicarse dentro de sus instalaciones, lo cual perjudica a su negocio, ya que los budder hits son una de sus principales atracciones; con 99% puro THC, los pacientes solo requerían un toque para estar libres de dolor por horas y podían convivir con otros pacientes.

A Chuck Varabioff, el dueño del B.C. Pain Society, también en Commercial Drive, le fue rechazado. Ha apelado alegando que sus pacientes vienen por la cercanía que tiene el dispensario con los medios de transporte, su amplio estacionamiento y sus precios bajos. En Vancouver se pueden conseguir gramos desde 3 euros. La BOF (sus siglas por su nombre en inglés: Bottom of the Bag) es una mezcla de todas las marihuanas que sobran mezcladas con hoja; nunca se sabe cómo te va a poner, pero es un material superaccesible. Las sativas rondan entre los 5 y 6 euros y las índicas van desde los 8 hasta los 12 euros, dependiendo de la calidad.

Manifestación de la Vancouver Global Marijuana March, 2015. Foto: Danny Kresnyak
Manifestación de la Vancouver Global Marijuana March, 2015. Foto: Danny Kresnyak

Muchos no estaban tan preocupados, ya que Justin Trudeau prometió que legalizaría la marihuana en Canadá. Ya lleva meses en el poder y solo ha dicho que aún no estamos listos porque contravenimos tratados internacionales, normas mundiales y la virgen en muletas. No se ve aún una fecha en que se normalice el uso del cannabis; en lo que va de año se ha arrestado a miles de personas por consumo. Lo único que Trudeau ha hecho es nombrar a Bill Blair, exjefe de la policía de Toronto, como el encargado de coordinar la legalización. Han leído bien, un poli convertido en político que tendrá que trabajar con la ministro de Justicia, Jody Wilson-Raybould, y el de Seguridad Pública, Ralph Goodale, para crear las reglas de la legalización.

Para organizaciones que dependen de la marihuana como Hayley Rose Foundation, su objetivo es no quedarse sin cannabis. La asociación sin fines de lucro ayuda a niños epilépticos a controlar sus ataques mediante plantas con alto contenido de CBD, y quedarse sin medicina no es una opción. “El coste subirá aún más para nosotros, no habrá compasión, la mayoría de los productos de CBD no son rentables porque no ponen, y los dispensarios que queden se enfocarán más a productos con alto THC, que coloca, porque el gobierno se niega a legalizar el cultivo para todos. Los expendios buscarán ganancias con THC, y los productos con CBD que usamos para niños epilépticos estarán fuera de sus menús”, nos dice Jordan Grey, miembro de la organización. No se sabe a ciencia cierta cómo procederá el gobierno. Algunos temen que la legalización restrinja el acceso a buena calidad, ya que si el gobierno solo da licencias a los cultivadores que considera seguros (sus amigos), como lo hace ahora con el programa caduco de marihuana medicinal, la calidad del material va a sufrir.

Actualmente solo hay un programa de marihuana medicinal, la Marijuana for Medical Purposes Regulation (MMPR). Todo lo demás opera en una zona gris y al final es ilegal. La MMPR entró en vigor en el 2013, y se creó para regular la producción y distribución de marihuana con fines medicinales. El gobierno conservador de Harper intentó abolir el programa en el 2014, pero la Corte de Justicia ordenó que los que ya tenían permiso podrían seguir cultivando y los que lograron tener licencias médicas podrían poseer hasta 150 gramos de medicina. Este año la familia Allard también ganó el derecho de cultivar marihuana para su propio consumo vía la Suprema Corte de Justicia, y el juez dio al gobierno seis meses para regular su programa medicinal. El gobierno de Canadá aún no reconoce el uso de la marihuana, pero respeta la decisión de las Cortes de permitir a los enfermos consumirla cuando es autorizada por un médico, ya que es un derecho humano el curarse a sí mismo.

Mientras esto sucede, se han planeado protestas para el 20 de abril, que es el tradicional Four Twenty, que cada año atrae a más de 20.000 personas. Este año ha habido una ruptura entre los organizadores. Una facción ha decidido mover la protesta hacia la playa Sunset, donde caben más personas y los vendedores de todo tipo de productos cannábicos tendrán más espacio. El otro grupo ha protestado en las inmediaciones de la galería de arte, que por el momento se encuentra cercada por remodelación. Las autoridades de la ciudad han dicho que no tienen problema con la protesta de la playa y que la policía no arrestará a nadie por fumar marihuana. No se sabe qué pasará con las nuevas regulaciones ni con los dispensarios ni las nuevas leyes. La lucha continúa.

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