Max Aub

Max Aub

Este artículo se publicó originalmente en el número 290 de la revista Cáñamo España

"Arte: convertir la verdad en mentira, para que no deje de ser verdad."

El nombre, tan sucinto y contundente a la vez, de este escritor fallecido en México hace medio siglo, encierra una larga y laberíntica genealogía, difícil de explicar incluso para él mismo: “Nacido en París, crecido en Valencia, hablando español –que sé escribir– con acento francés, hablo francés –que no sé escribir– como si lo fuese, y pronuncio perfectamente el alemán, que no sé hablar”. Maestro laureado del humor fúnebre –sin cuya ayuda no hubiera sobrevivido a tres guerras devastadoras–, pocos intelectuales trabajaron con tanta alegría y amaron con tanta pasión su destino trágico junto a un pueblo en armas. En el intervalo más duro (1936-1939), participó en la realización de proyectos como el Guernica de Picasso o Sierra de Teruel (1939), la película de Malraux. El precio fueron tres años en cárceles y campos de concentración de Francia y Argelia, donde fue cruzándose con otros eminentes refugiados judíos: Carl Einstein, Walter Benjamin, Arthur Koestler, Hannah Arendt, Simone Weil... Los aforismos seleccionados proceden respectivamente de Cuaderno verde (1955), cuya autoría atribuye al pintor apócrifo Torres Campalans, Crímenes ejemplares (1957), Signos de ortografía (1968) y “Cuaderno de Ferrís” (Campo de almendros, 1968).

Pintar, no lo que se ve, sino lo que se sabe.

No saber lo que se hace hasta después, es decir, engendrar.

No emplear dos pinceladas donde baste una.

Todo es medio para lograr otro medio de alcanzar un fin que desconocemos.

Si presentaran a un ser fuera de la Historia –caído del cielo– uno o varios cuadros de Velázquez, El Greco, Goya y Picasso, y le preguntaran cuál fue, a su juicio, su sucesión en el tiempo, no creo que dudara en señalar a Picasso como primitivo, y a Velázquez como el más reciente, el más perfecto. El lío se lo haría entre los otros dos. Pero Picasso, Goya, El Greco, Velázquez sería una normal sucesión para un espíritu no prevenido.

Irse por las raíces.

Arte: convertir la verdad en mentira, para que no deje de ser verdad.

Nunca ha sido el arte más libre ni la humanidad más esclava.

Chirico está muy bien, pero no todo el mundo puede darse el lujo de haber nacido en Grecia.

No pensar en lo que se quiere pintar, sino pintar el pensamiento. Pintar con el pensamiento.

El perfil prueba que el hombre tiene un solo ojo.

¿Quién no se ha suicidado?

Puntos, comas, guiones, paréntesis, asteriscos: ¡Cuántos crímenes se cometen en vuestro nombre!

La Tierra, esa errata errante.

Este paréntesis sin fin.

Esta fe de erratas tan atea.

El catolicismo, he aquí el enemigo. No por el clero, ni el lujo ni el arte; por tener al hombre en tan poco. Ningún pueblo como el español bebió esa ponzoña; quedó menguado, paralítico del lado izquierdo.

Que el hombre es lobo para los demás hombres, es cosa vieja. Lo que no sabía era que España era tierra de lobos por excelencia. ¿O me dejo llevar por el nacionalismo?

España ha sido siempre un país reaccionario, retardatario, tradicionalista, católico romano a machamartillo, cerrado, duro de mollera, fanático, pobre; con sus ventajas humanas: acogedor, decente, humano, virtudes personales que nada tienen que ver con la política aunque no estén reñidas con ella; ni con la derecha ni con la izquierda.

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