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Bocata patatero de caldereta cósmica

Fotos de Alberto Flores
Fotos de Alberto Flores

Ante la inminencia de las elecciones, La Alegría de la Huerta, el primer restaurante cannábico español, ha contratado a un cocinero para abrir un servicio de pícnic y de acción cannábica urgente. Es hora de trasladar la transformación psicotrópica de la esfera privada al espacio político y al ámbito laboral. España puede ser otra.

“Vivimos un momento de hastío político, y desde el frente cannábico queremos aportar nuestro granito para que el cambio que España necesita se lleve a cabo de la forma más imaginativa posible”, ha dicho Poncio Kush, el dueño de este restaurant, militante histórico del antiprohibicionismo. Al parecer, la euforia de la Marcha Mundial de la Marihuana en Madrid hizo pensar a muchos en nuevas estrategias para conseguir la legalización del cannabis. En la rama gastronómica se pensó que no se estaba haciendo lo suficiente para penetrar en la sociedad e influir en la política, así que Poncio Kush tomó dos decisiones ante la llegada del verano y de las elecciones: pondría un carrito de comidas en plena calle para despachar bocatas estimulantes a los peatones y regalaría a los cuatro partidos mayoritarios un catering cannábico de aúpa para que los dirigentes de este país adoptaran sin dilación la visión psicotrópica. “La marihuana no es la panacea, pero a estos chicos les vendría muy bien mirar el mundo con otros ojos”, dijo Poncio a los medios, o sea, a mí. “Pero Poncio, ¿cómo harás para que Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera embaúlen THC?”, le pregunté. “Mediante la seducción y el hambre”, me contestó mientras me pasaba para que degustase un bocata patatero de caldereta cósmica, obra de Pablo Cuenca, el nuevo cocinero.

"Desde el frente cannábico queremos aportar nuestro granito para que el cambio que España necesita se lleve a cabo de la forma más imaginativa posible"

El caso es que yo había ido a cubrir la noticia, pero no a catar las nuevas recetas. Media hora más tarde había quedado en casa de una amiga y no me apetecía, como comprenderán, aparecer con la conciencia alterada. Mi amiga Pastora necesitaba solaz y conversación reposada; “Mi vida es un caos”, me había dicho por teléfono. Así que traté de rechazar la gentil invitación a tomarme aquel bocadillo de patatas caramelizadas, cordero y setas shiitake. En vano. Poncio, al escuchar mis excusas, le pidió a Pablo que en una tartera me pusiera doble ración: “¿Por qué te crees –me dijo con cierta altanería– que he contratado a este excelente cocinero, montado este carrito y comprado al por mayor estas fiambreras hechas con papel de cáñamo? Ahora lo que se lleva es el pícnic psicotrópico, cómpralo aquí pero cómetelo donde quieras. Por ejemplo, en casa de tu amiga”. Y así fue como me presenté, con una tartera bajo el brazo, en casa de Pastora.

Pastora es una mujer soltera, amante del orden doméstico y de su gata Tórtola, y entregada por entero a su trabajo. Un trabajo aparentemente creativo y muy bien pagado: es escritora y conferenciante de éxito mundial. Los que estén familiarizados con el sector editorial ya habrán adivinado –por lo del éxito y el dinero– cuál es el tema de los libros y de las charlas de mi amiga Pastora: el emprendimiento y la autoayuda. La gente escucha con devoción sus historias de superación personal y de liderazgo empresarial. Grandes corporaciones la contratan para aportar a sus emporios la racionalidad creativa que defiende en sus libros de imaginativas recetas para poner orden en la vida, la casa y la empresa. Triunfa y, sin embargo, lo que son las cosas, Pastora lleva varios meses alicaída.

Caldereta cosmimca

“Mi vida es un caos, Herminio, todo funciona en apariencia pero me siento sola y vacía. No le encuentro sentido a nada. Y eso que todavía no he cumplido los cuarenta como tú”. Hace algunos años Pastora y yo nos enamoramos. No llegó muy lejos nuestro amor porque en la ordenada vida de Pastora no cabía nada más que su trabajo. Me gustaría decir que la dejé yo, harto de ser tratado como una tarea menor en el Excel de sus ocupaciones, pero la realidad es que conforme empezó a triunfar y a salir en los periódicos, dejé de importarle. Hasta el punto de que el día que le dije que se acabó, me dijo que sí, que estaba de acuerdo en que dejásemos de ser novios, para a continuación, sin mayor conflicto, ofrecerme ser su secretario. Yo tenía el corazón roto y ella solo podía pensar en alguien que le ayudara a gestionar su agenda.

El caso es que Pastora había entrado en crisis. “Herminio, necesito un cambio en mi vida, necesito una catarsis”. Y entonces salió, ella que el único contacto con la ebriedad que ha tenido en su vida fue la borrachera de Licor 43 y piña que se agarró a los quince años, con que quería probar la ayahuasca. “Me han dicho que te ayuda a darle la vuelta al sillón de la conciencia. ¿Tú que piensas, Hermi?”. Y ahí fue cuando abrí la tartera y la invité al bocata patatero de caldereta cósmica. No sería tan fuerte como la ayahuasca, pero sería sin duda un trago menos amargo, una catarsis más dulce para empezar a ser otra.

Por problemas de espacio y decoro no voy a describirles el colocón y el terapéutico trance que nos procuró la caldereta psicotrópica. Bastará decir que al día siguiente en la conferencia que Pastora tenía con los directivos de Coca-Cola en lugar de soltarles el rollo habitual del emprendimiento y de ser uno mismo en el trabajo, invitó a los trajeados oyentes a ser otros, a renunciar a sus privilegios jerárquicos y a dejar la empresa en manos de sus trabajadores: “La autogestión y el amor entre iguales es el camino hacia la libertad y el fin de la tiranía laboral que nos oprime”, eso me dijo, según me contó después entre risas. Yo me quedé pensando en el poder transformador de la marihuana y me acordé de los planes psicotrópicos de Poncio Kush. ¿Habría conseguido que los políticos de este país se tragaran su catering cannábico? Habrá que estar atentos a la campaña electoral. España puede ser otra.

Bocata patatero de caldereta cósmica, por Pablo Cuenca

Ingredientes para cuatro personas

  • 1 kg de patatas
  • 1 kg de cordero
  • ½ kg de setas shiitake
  • 1 tomate
  • 1 cebolla
  • ½ pimiento verde
  • 3 dientes de ajo
  • 1 vaso de vino blanco
  • ½ litro de caldo
  • Perejil, laurel y tomillo
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva
  • Aceite de oliva cannábico
  • Mantequilla cannábica

 

Preparación

En esta receta, las patatas confitadas son las que más magia tienen. Cortadas en rodajas finas se extienden en un recipiente y se cubren por completo en aceite de oliva cannábico. Metemos en el horno el recipiente bien tapado con papel de plata para que no se evapore nada de sustancia. Recuerda que la temperatura nunca puede sobrepasar los 70º. Los amigos de la prisa tendrán que ser pacientes, pues se tardan unas cinco horas en confitar las patatas al horno.

La caldereta para el relleno es una receta clásica. Aquí no empleamos el aceite cannábico, pues la alta temperatura del sofrito haría que el poder de la sustancia se desactivara. Lo primero que hacemos es dorar (con aceite de oliva) la carne sazonada con el ajo. Cuando esté, la retiramos y en ese mismo aceite se sofríen la cebolla, el pimiento y el tomate. Cuando el sofrito está, echamos la carne y añadimos el medio vaso de vino. Dejamos que se evapore y le añadimos el caldo, y que hierva a fuego lento durante 50 minutos. Una vez hecha la carne, la desmigamos y la salteamos con las setas shiitakes. Retiramos del fuego y añadimos el toque mágico de una cucharadita de mantequilla cannábica. Y montamos el bocata con las patatas confitadas.

La dosis correcta

Se estima que medio gramo por persona si no es usuaria de cannabis es una dosis su ciente para sentir los efectos. Si eres consumidor habitual la tolerancia hacia la sustancia activa hará que necesites el doble: un gramo. No olvides que durante la digestión el THC se convierte en una molécula más potente que propicia una experiencia retrasada y hasta tres veces más intensa que con una cantidad similar fumada. Si cuando fumamos o vaporizamos podemos apreciar los efectos a los 10 minutos y estos nos pueden durar hasta 4 horas, cuando comemos el efecto deseado tarda entre 30 y 90 minutos en mostrarse en todo su esplendor y puede llegar a mantenerse hasta 8 horas. Como es sabido, en ayunas el efecto es mayor.

Dado que no todas las hierbas son iguales y que todos somos diferentes, estos consejos sobre cantidades y efectos son orientativos. Es al comensal al que corresponde encontrar su medida. La prudencia siempre es buena consejera.

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