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2031: una odisea psiquedélica

Entrevista con Rick Doblin, fundador de MAPS

Rick Doblin

Hemos tenido la fortuna de hablar durante alrededor de una hora con un personaje clave del mundo psiquedélico estos días. Rick Doblin es la mente detrás de la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (MAPS), que se dedica a promover y a desarrollar el marco médico, legal y cultural para que la sociedad se beneficie de las bondades de los psiquedélicos y la marihuana.

Entablamos conversación con él cuando apenas acababa de terminar un Skype sobre la fabricación de cápsulas de calidad farmacéutica para MDMA, uno de los diversos pasos que está siguiendo en su estudio del trastorno por estrés postraumático con esta sustancia. Esto es lo que ha respondido a nuestras preguntas.

Rick, ¿cuál es la diferencia entre el renacimiento psiquedélico que estamos viviendo y el movimiento de los años sesenta, donde todo empezó por primera vez?

Tras cincuenta años, la cultura ha madurado. Había cosas que no era posible hacer cuando los psiquedélicos emergieron: la naturaleza irracional de Hitler, la segunda guerra mundial y el genocidio y demonización del holocausto judío estaban todavía en la memoria de la gente. Había un miedo a lo irracional en los años cincuenta y sesenta, a las mujeres se las sedaba para dar a luz, no había una comprensión tan amplia de la meditación o el yoga, la espiritualidad se extraía racionalmente de los libros y no tanto de la experiencia espiritual. Por otra parte, hoy tenemos una actitud más profunda hacia la muerte que en los sesenta. En hospitales y lugares semejantes la gente está mucho más cómoda hablando de la muerte, ha cambiado también nuestra actitud en esto y también con respecto al nacimiento: hoy en día tenemos centros para ello y las mujeres no tienen por qué estar sedadas. Hay también una cierta insatisfacción general con las herramientas que la terapia y la industria farmacéutica han desarrollado para tratar la enfermedad mental. Se creía que los ISRS [inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina] y otras nuevas drogas revolucionarían la psicoterapia y la psiquiatría. Y han hecho mucho, pero se ha extendido la sensación de que hay una enorme cantidad de sufrimiento que los medicamentos y la psicoterapia disponibles no tratan. Esta insatisfacción y el desencanto con las aproximaciones tradicionales y su forma de entender la enfermedad mental han provocado en nuestra época actual una actitud mucho más abierta hacia los psiquedélicos y ganas de comprobar qué soluciones pueden aportar. También hemos tenido, yo diría que en los últimos veinte años pero con mayor aceleración desde el 2006, un enorme crecimiento de la ayahuasca en América y Europa, que está permeando en la sociedad y en más personas influyentes. Tampoco hay que dejar de lado que, debido a los movimientos de los sesenta, ahora tenemos a babyboomers envejecidos que siguen estando a favor de los psiquedélicos. La mayor parte de ellos no se han vuelto locos, ni han saltado por una ventana, ni sus bebés han padecido daño cromosómico a causa del LSD, etc. Pueden ser defensores de los psiquedélicos en un momento de su vida en el que no temen desafiar la ortodoxia de lo que se cree acerca de las drogas. Además de todo lo anterior, también está el hecho de que hemos sido capaces de introducir buena parte del imaginario psiquedélico en el mundo mainstream y en los anuncios. Creo que todas estas experiencias han sido digeridas por la sociedad a lo largo de los últimos cincuenta años, y que ahora estamos realmente preparados para integrar sus frutos.


¿Qué crees que pasaría, por comparación con los psiquedélicos, si se preguntase si la ayahuasca debería ser legal? ¿Crees que es más fácil de digerir para la gente pensar en una planta que ya forma parte de las bases de una cultura o crees que la ciencia es la mejor herramienta para producir su aceptación?

Me decanto por la ciencia y la investigación. Creo que la gente tiene un impulso ilógico y romántico creyendo que todo aquello que viene de una planta está bien, que todo lo que viene de la naturaleza es bueno por contraste a las sospechas de lo que viene de un laboratorio. De todas formas, el contexto cultural de la ayahuasca es importante porque gracias a esto se acepta en otros lugares en base al argumento de la libertad religiosa. En general, hay más preocupación por las drogas de abuso y menos por los psiquedélicos. La forma en la que estos están llamando la atención de la gente ya no se relaciona con una rebelión juvenil, sino más bien con científicos de una cierta edad que no utilizan el lenguaje de la contracultura. Por otra parte, es necesario saber que algo funciona más allá del “si es una planta está bien”. El opio viene de la amapola y es una planta, la coca también es una planta, pero eso no hace que desaparezca la preocupación en torno a los opioides y la cocaína. En el caso de la ayahuasca influye más bien el contexto, uno donde la gente la ha estado utilizando durante cientos de años sin que aparentemente haya habido muchos problemas y con una cierta espiritualidad que la rodea. Creo que en su caso influye más esto que el hecho de que sea una planta.

Rick Doblin, fundador y Director Ejecutivo de MAPS, durante su intervención en el Psycodelic Science 2017
Rick Doblin, fundador y Director Ejecutivo de MAPS, durante su intervención en el Psycodelic Science 2017.

¿Puedes hablar brevemente de la estrategia que tienes en torno al trastorno por estrés postraumático (TEPT) y el MDMA?, ¿cómo ves este tipo de avances?, ¿cuál es el camino que estás siguiendo?

Diría, de nuevo, que el de la ciencia y la medicina. El mayor progreso que estamos haciendo es poner de relieve que hay mucha gente sufriendo y que estas sustancias pueden ser de ayuda para ellos. Por otra parte, los medios pueden difundir noticias sobre nuevos estudios y gracias a ello tenemos la oportunidad de hacer una gran labor de educación pública. Esto nos permite un margen distinto al del argumento de la libertad religiosa. Con él, las personas hablan de sus experiencias, lo cual está muy bien, pero la ciencia es el mejor método para rebajar los miedos y ansiedades que hay desde hace más de cincuenta años. Creo que la ciencia más cruda será la que eliminará los miedos de la gente y les dará esperanza, porque a lo largo de los últimos cuarenta años ha habido muchas historias negativas diciendo que las drogas son muy dañinas, pero no oímos hablar tanto de los beneficios. Viendo el resultado de los pacientes en terapia quizás deberíamos hablar más de ellos y del respaldo que la ciencia puede ofrecer. Creo que aquí el movimiento desde la medicina va a ser y ha sido muy efectivo. Es algo que también vemos con la marihuana. La marihuana se aceptó hace veintiún años médicamente, y hoy contamos con un gran apoyo también a la marihuana recreativa y su legalización, pero esto viene después de veintiún años de la difusión de su parte médica.

Si es que puedes compartir algo de eso con nosotros, ¿cuáles son los últimos avances con respecto a la venta legal de MDMA para el año 2021?

Podría, para el 2031, haber miles de clínicas psiquedélicas a lo largo de Estados Unidos y Europa

Seguimos creyendo que el 2021 es una fecha realista. De todas formas, nos hacen falta treinta millones de dólares para llevar a cabo el proyecto en Estados unidos y Europa, aunque estoy bastante seguro de que conseguiremos el dinero. Así que, asumiendo que lo haremos, es probable que en julio podamos terminar la fase III. Para el 2021, las únicas personas que podrán prescribir MDMA serán aquellas que estén entrenadas en nuestro método de terapia, y habrá solo una clase especial de clínicas donde el MDMA podrá ser ofrecido. Lo que sucederá después, desde el 2021 hasta el 2031, será que habrá una expansión del número de clínicas. Podría, para el 2031, haber miles de clínicas psiquedélicas a lo largo de Estados Unidos y Europa. Una vez consigues que la vía médica se extienda también consigues alcanzar a personas distintas a los habituales usuarios psiquedélicos, gente que sufre y para la que los métodos tradicionales no funcionan. Ellos vendrán a estas clínicas y este modo de terapia se extenderá aún más en la sociedad. Así la expansión de las clínicas podrá incrementarse mucho en apenas una década.

¿Las clínicas trabajarán solo con MDMA?

Diría que para el 2035 puede haber una buena oportunidad para que los psiquedélicos sean legales; podríamos vivir en un mundo posprohibicionista tanto para los psiquedélicos como para la marihuana

No. La gente que vaya a trabajar en la clínica tendrá una formación más amplia, porque en el fondo de lo que se trata es de hacer medicina psiquedélica. No se trata de que el MDMA sea la mejor droga para todo, o de que lo sea la psilocibina. Las clínicas serán verdaderas fuentes de recursos que evolucionarán hacia clínicas de psicoterapia psiquedélica. Para cuando pasen los diez años que hay entre el 2021 y el 2031 seremos capaces de acercarnos a personas que no necesariamente tienen que ser etiquetadas como pacientes, de modo que se producirá una expansión en quien viene a los centros. Después, entre el 2031 y el 2035 o el 2036, estaremos inmersos en una discusión social mucho más amplia en la que probablemente se debata sobre si cualquier persona puede usar estas drogas en el contexto que quiera. Creo que para entonces ya habremos visto también los resultados de la legalización de la marihuana y cómo, por ejemplo, estará funcionando en Canadá, en distintos lugares de Estados Unidos o lo que pasará en España con los clubs sociales de cannabis. Creo que la experiencia con la marihuana hará más fácil de imaginar para la gente lo que se podría hacer con los psiquedélicos. Puede incluso que pase lo mismo con la heroína, la cocaína y otras drogas semejantes. Así que diría que para el 2035 puede haber una buena oportunidad para que los psiquedélicos sean legales; podríamos vivir en un mundo posprohibicionista tanto para los psiquedélicos como para la marihuana. Esto seguramente venga acompañado de la expansión de grupos religiosos que querrán trabajar con estas sustancias y un número de terapeutas formados en nuestras clínicas de varios miles. Consigues la vía médica, consigues las clínicas, luego expandes el número de personas que vienen a las clínicas, en las clínicas promueves una especie de iniciación, y entonces ya puedes empezar a hacer otras cosas por tu cuenta. ¿Suena bien, eh?

Sí, suena muy bien. Cambiando un poco de tema: ¿qué tipo de historias humanas estás viendo en los estudios que estás llevando a cabo?

Me gusta decir que no hacemos ciencia, sino ciencia política. Al investigar los efectos y las resistencias del tratamiento para TEPT nos hemos encontrado con la dimensión política del estudio. En su día tuvimos que decir que no era únicamente para veteranos de guerra, que era también para bomberos y oficiales de policía, para aquellos que están en la primera línea de fuego. No creíamos que fuéramos a tener en el estudio bomberos y oficiales de policía, pero sorprendentemente los tuvimos. Dos bomberos y un oficial de policía formaron parte de él, además de veintitrés veteranos. El hecho de tener a un oficial de policía que en el pasado había estado muy en contra de las drogas pero luego las encontró beneficiosas es increíble. Otra pequeña cosa como esta que me dio una gran esperanza es que tuvimos un exmiembro de la DEA que ahora nos asesora en el estudio. Hay un gran potencial de cambio en ciertas partes de la sociedad que siempre han estado en contra de lo que hacemos pero con las que ahora tenemos una relación de colaboración. En este sentido, un momento muy importante para mí vino después del primer estudio de MDMA que se intentó llevar a cabo en España y se echó abajo por motivos políticos. Nosotros, en el 2004, conseguimos permiso para nuestro estudio de TEPT con MDMA, pero el revisor institucional estaba tan nervioso que tuvimos que pagar una póliza de seguros por la que indemnizaríamos con un millón a la Junta de Revisión Institucional (JRI) en caso de que cualquiera de los sujetos del estudio les demandase por haberlo aprobado. De manera que tuvimos que gastar 50.000 dólares en un seguro por cosas que nunca llegaron a pasar solo para que la JRI se sintiese cómoda. Luego me encontré, en cuanto empezamos, con uno de los sujetos del estudio que me había escrito. Me dijo que quería hablar conmigo y pensé: “Dios mío, creía que la JRI estaba exagerando, pero vete tú a saber qué quiere decirme ahora esta persona”. Y al contactar con ella me comentó: “Me habéis salvado la vida, solo quería daros las gracias”. El contraste entre los miedos excesivos y las reacciones que luego nos hemos encontrado es algo fantástico. Fíjate que muchos de los veteranos son republicanos: ver a personas que no son usuarias de drogas ni son afines a ellas reaccionar de esta manera es emocionante.

Los oyentes siguen con atención la conferencia de Doblin en el Psycodelic Science 2017. Una audiencia blanca y de clase media-alta casi en su totalidad
Los oyentes siguen con atención la conferencia de Doblin en el Psycodelic Science 2017. Una audiencia blanca y de clase media-alta casi en su totalidad.

Muchas de las personas que defienden un acercamiento político a las drogas ven los psiquedélicos como un fenómeno para gente blanca de clase media o alta, casi como si fuese un objeto de lujo. Se denuncia que en Filipinas se están asesinando personas, con lo que, al comparar, los psiquedélicos parecen una distracción menor. ¿Cuál es tu perspectiva al respecto?, ¿crees que deberíamos hacer de los psiquedélicos un tema de mayor impacto en las clases bajas u ocuparnos más de temas como el racismo?

Uno de los grandes errores de MAPS, y de la comunidad psiquedélica hasta ahora, ha sido nuestra falta de capacidad para iniciar una investigación con la adicción a los opioides. Mucha de la gente que ha votado por Trump viene de lugares pobres, y esto hubiera sido un puente para ayudarlos en sus problemas. Es frustrante también que no se esté investigando en torno a la ibogaína para hacer con ella un medicamento y ayudar a la gente que sufre, aunque no venga de la comunidad de las drogas. No queremos ayudar únicamente a gente blanca con dinero a la que le gusta pensar cosas espirituales. El medioambiente está siendo destruido para todos, de la misma manera tenemos que demostrar que nuestros estudios con drogas son también para ayudar a todos. Y también tenemos que trabajar en el tema racial. Tenemos veteranos que dicen que muchos de sus compañeros eran afroamericanos, pero ningún afroamericano se ha prestado como voluntario para el estudio. Esto me recuerda un estudio sobre sífilis de los sesenta y setenta donde los afroamericanos tenían miedo de ser discriminados en el estudio al no sentirse protegidos en la sociedad. Hay que generar ese espacio de seguridad y protección y extender nuestros esfuerzos más allá de la comunidad de clase media y alta. Por eso creo que la ibogaína sería fantástica, porque se podría insertar en el contexto de las drogas de abuso y la crisis de la adicción a opioides, y ayudar a quienes más lo necesitan.

La última pregunta es acerca de la era Trump. En términos de psiquedélicos: ¿adónde estamos yendo?

Trump y sus colaboradores no van a poder hacer que las cosas vayan más lentas, en absoluto. Estamos trabajando con veteranos de guerra, no van a tirar eso abajo. Donde creo que podemos ver problemas potenciales vinculados a Trump es en el ámbito de la marihuana, ese sí puede ser un aspecto que vaya más despacio. Pero, por otra parte, hay mucho dinero en juego en esa industria y es demasiado importante como para que Trump renuncie a puestos de trabajo. Oponerse a esto sería algo muy estúpido. Por otro lado, la reducción de daños psiquedélica puede salir dañada en el período de Trump. El año pasado en Burning Man hubo reducción de daños, había flyers y charlas informativas. Aquello fue una ruptura positiva, yo pensaba: “genial, lo siguiente sería hacer lo que Energy Control y otros hacen”. Pero con Trump parece complicado hacer drugtesting. Desde un punto de vista práctico, estas pueden ser algunas de las cosas que vayan a peor. Otra cosa importante acerca de la era Trump es que la gente se está dando cuenta de los peligros de su actitud sin empatía, compasión y ninguna reflexión interior al demonizar a los otros. Estos son los peligros de no hacer ningún trabajo interior, que es de lo que tratan los psiquedélicos y la marihuana al fin y al cabo. Son tiempos que asustan mucho, pero creo que pueden surgir también procesos más conscientes. Con suerte, sobreviviremos a este período y las personas despertarán, lo cual requerirá realmente un acto de comprensión de las frustraciones de la gente, justo lo contrario que Trump está haciendo al cebar esas frustraciones. Así que al final es probable que esa actitud se vuelva contra él.

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