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Steve DeAngelo: “El cannabis no llegó a nosotros para concentrar riqueza y poder, sino para extender la libertad y la prosperidad”

La editorial errata naturae acaba de publicar en español por vez primera el Manifiesto Cannabis, la obra más influyente en su terreno del que es sin duda el principal y más creativo empresario de la industria del cannabis, el activista estadounidense Steve DeAngelo (Filadelfia, 1958). En esta entrevista revela cosas de las que apenas ha hablado públicamente y actualiza lo que ha sucedido en los últimos diez años desde que se publicó la primera edición de su manifiesto. 

Tengo un amigo, músico y compositor flamenco, un hombre sabio, artista y con altos estudios –los de la academia y los de la calle– que cuando fuma pitillos aliñaos saca toda su guasa y filosofía destilada y se pone Séneca. O sea, flamenco:

–Toli, el mundo se divide entre los que se dan cuenta y los que no se dan cuenta.

–¿Y de qué hay que darse cuenta?

–Si me preguntas eso es que no te has dado cuenta todavía.

Te ríes, claro. Primero por el aroma de la florcita que jumea, con sus terpenos y sus cositas alcaloides. Después porque, aunque uno tarda en darse cuenta, al final lo pilla. (Y si no lo pillas, mejor que no se den cuenta los otros de que no te has dado cuenta).

Lo que no cabe ninguna duda es que Steve DeAngelo –que no es músico ni flamenco, pero al que le gusta el blues tanto como a Raimundo Amador– se ha dado cuenta de muchas cosas. De cómo funciona el mundo. De cómo funciona su país. De cómo somos las criaturas humanas. De qué va realmente eso de la libertad. Cómo hay que tratar al Sistema. Cómo funciona la pasta. Cómo se construyen los prejuicios y cómo se destruyen. Cómo funciona el mercado. Cómo estar contra el Sistema haciendo que el Sistema te respete. Y, sobre todo, para qué sirve esa planta que siente tan sagrada, tan múltiple y poderosa y con tanta capacidad, él lo cree así, de cambiarle el paso al Sistema y de influir absolutamente en la manera en la que tratamos a la Naturaleza. 

El yippie que se hizo empresario

Steve, adolescente a todo color, y con sus hermanos, Daniel y Andrew.

Steve, adolescente a todo color, y con sus hermanos, Daniel y Andrew. 

“El movimiento por la liberalización del cannabis es comparable al sufragio femenino o al movimiento LGTBI”

Vamos al turrón: Steve DeAngelo es norteamericano. Nació en Filadelfia, la del sonido, en 1958 y se crio en Washington DC, la del Capitolio. Hijo de padres activistas por los derechos civiles se fumó su primer pitillo de preadolescente. Flechazo cannábico. Salió del Instituto a los 16. Se hizo activista. Entró a formar parte del movimiento yippie. (Miniclase de Historia: los yippies fueron los activistas de izquierda radical que incorporaron estrategias de performance teatral a sus protestas. Fin de la clase). Estuvo en las primeras protestas por legalización del cannabis. Otra vez frente al Capitolio, que tiene mucho tirón. Acabó licenciándose en Derecho. Y con notazas. Pero pasó de la carrera y los despachos, aunque aprendió el valor de la labia, la astucia y el argumentario. Siempre en la trinchera del activismo desprohibicionista, vivió la Era Nixon y sus consecuencias, la Era Reagan que fue a peor. O la Era Clinton, el que no se tragaba el humo y era un figura en eso del blow. El resto de los presidentes de los EE UU ya los deben recordar ustedes y si no, los buscan. Fue juzgado y encarcelado varias veces. Fue desarrollando poco a poco un argumentario solidísimo. Con los años, gracias al debilitamiento de las políticas prohibicionistas unido a las toneladas de evidencia científica en favor del cannabis como medicina se van logrando resquicios legales, se va regulando y despenalizando el consumo en varios estados (actualmente, 24 de 50) y permiten a DeAngelo convertirse en empresario, el mayor actual de la industria del cannabis. Es fundador del Centro de Salud Harborside en 2006 en Los Ángeles, tras varios intentos previos que las leyes le tumbaron, el mayor dispensario público de cannabis medicinal; del Laboratorio Steep Hill (el primer laboratorio de análisis de cannabis de EE UU) y del ArcView Group, el primer grupo inversionista procannábico norteamericano. 

Crea un par de argumentos definitivos y muy sencillos que acaban por minar a los guardianes de la moral: 1. todo consumo que no sea medicinal es un consumo que busca el bienestar (wellness) personal y 2. todo el dispositivo legal, policial y represivo creado por los EE UU, desde las primeras leyes de prohibición del consumo y venta de marihuana en los años 20 del siglo pasado, están basados en el racismo. ¡Bum! Las leyes cambian. DeAngelo ha conseguido hackear el sistema y meterse dentro para seguir minándolo. Sigue tomando cannabis. No ha dejado de hacerlo nunca. Solo dejó de fumarlo cuando sus pulmones le dijeron que ya estaba bien de tragar tanto humo.

Manifiesto cannabis (errata naturae, 2026), de Steve DeAngelo, 288 páginas, PVP: 24 €.

Manifiesto cannabis (errata naturae, 2026), de Steve DeAngelo, 288 páginas, PVP: 24 €.

En el año 2015 North Atlantic Group (Penguin Random House) publica The Cannabis Manifesto: A New Paradigm for Wellness y se convierte en un bombazo editorial. El libro es la concienzuda historia política, legal, antropológica, médica, cultural y social de una planta para cuya legalización el autor ha dedicado más de 50 años de lucha. Y una defensa impecable del valor medicinal de la planta y del bienestar que su uso y consumo puede ofrecer. Hace un mes, la editorial errata naturae ha sacado la primera edición de este libro en español. Una traducción impecable de un libro que está vivísimo. A sus casi 68 años DeAngelo ya domina el escenario como pocos actores. Se ha partido la cara para que miles y miles de personas desahuciadas y enfermas puedan tomar su dosis sin temor a que los encierren o arruinen. Ha encontrado las maneras de decir con serenidad y convicción que el rey y sus sicarios están desnudos y nadie lo ha sabido callar. Los ricos de su país lo respetan porque es un empresario de éxito. Un entrepeneur, como le dicen allí. Y en este país y en esta sociedad, a quien sabe hacer dinero se le mira con admiración. Ha asesorado a muchos políticos dentro y fuera de los EE UU que van entendiendo poco a poco su política pragmática de crear un acceso público controlado y legal al cannabis donde esté sometido a controles máximos de calidad y pague impuestos como el alcohol y el tabaco siendo además un remedio o alivio para muchas enfermedades y sus consecuencias. Tiene además una imagen estupenda: sombrerito, corbata, chaqueta informal y trenzas. Es un líder. Un líder sereno. Un tipo que se da cuenta, vamos.

Hemos entrevistado por correo electrónico a DeAngelo y no se ha cortado un pelo. Como todo lo bueno en este mundo es simbiótico, la entrevista no habría sido posible sin la ayuda de Marcos Vega, el traductor de la edición del Manifiesto Cannabis que ha hecho errata naturae, un libro imprescindible en la biblioteca de cualquier criatura, fumeta o no, interesada en la Historia y las historias de esta planta maravillosa con la que aún estamos alucinando de todo lo que es capaz. Nuestro interés principal es que esta charla les sirva para actualizar todo lo que cuenta y todo lo que no cuenta en el libro diez años después, un tiritiTrumptrantrán, muchas leyes, miles de detenidos y una covid mediante. Confiesa que todo lo mollar que ha hecho en su vida, todas y cada una de esas ideas y proyectos que le han hecho rico y famoso, le han venido del mismo lugar: de esa planta que él identifica sin duda como sagrada. Y sí, que es una persona muy espiritual y que ya no tiene sentido ocultarlo. Pero yo, como buen usuario de sombreros, lo primero que hago es preguntarle por su imagen. Y ya nos iremos poniendo profundos poco a poco.

Steve a las puertas del dispensario Harborside en Desert Hot Springs, en el Sur de California. Foto: Giacobazzi Yanez

Steve a las puertas del dispensario Harborside en Desert Hot Springs, en el Sur de California. Foto: Giacobazzi Yanez

“Necesitamos amantes de la hierba que frenen a los amantes de la codicia”

¿Sabe que me recuerda a Carlos Santana con ese bigote, sombrero y trenzas? Aunque las camisetas del músico son más psicodélicas que sus elegantes camisas. No sé si lo conoce personalmente. Explíqueme cuándo y por qué decidió vestir a su personaje público con esa mezcla de guiños indígenas y emprendedor de negocios.

Las trenzas no nacieron con ninguna intención de construir una imagen pública. Ocurrió en el festival de Burning Man en 2003. Para situar el contexto: siempre, siempre he llevado el pelo largo, salvo cuando tuve que cortármelo para comparecer ante los tribunales –y tuve varios incidentes de ese tipo entre 2001 y 2002, relacionados con mi arresto en 2001 por contrabando de 219 libras de cannabis desde Texas hasta Washington D.C–. Para el Burning Man de 2003, todas mis comparecencias habían concluido y el pelo me había crecido hasta rozar apenas los hombros. Burning Man es un lugar ventoso, polvoriento y abrasado por el sol, poco hospitalario para el cabello, y todo el mundo lleva algún tipo de sombrero –en mi caso, un sombrero de cowboy psicodélico–. Para el segundo día, mi pelo era una maraña retorcida y polvorienta que no hacía más que enredarse. Mi pareja, Yoli, me sugirió recogerlo en trenzas, y yo acepté. Ninguno pensábamos en imagen pública en ese momento. Pero empecé a recibir cumplidos, y cuando regresé a la ciudad y vi lo bien que quedaban las trenzas bajo los sombreros de ala ancha que siempre llevaba, decidí conservarlas. Años después, cuando abrimos nuestro primer dispensario Harborside en 2006, empecé a ir al trabajo cada día con chaqueta, camisa y corbata. En algún momento, quizás un par de años más tarde, caí en la cuenta de que mi imagen guardaba un gran parecido con la de Quanah Parker, el último jefe de guerra de los Comanches –la última tribu indígena sometida por el gobierno de EE UU–. Quanah se convirtió después en un próspero agricultor y lucía sombrero de cowboy, traje y corbata, y unas hermosas trenzas gruesas que jamás cortó. Por consiguiente, sentí cierta afinidad estilística e histórica con él.

En su libro destaca que el origen de la prohibición del cannabis en su país estuvo en una persecución racista en la que el objetivo judicial y policial nunca se centró en la sustancia sino en los consumidores, en su mayoría afroamericanos o latinos. ¿Ha disminuido la presión policial y judicial en la última década o por el contrario sigue aumentando?

“Mis mejores ideas creativas y empresariales han venido del cannabis”

En la última década hemos asistido a un descenso drástico en los arrestos por cannabis a medida que las leyes de legalización se fueron aprobando estado por estado: de cerca de 700.000 a unos 200.000 a nivel nacional. La presión policial también parece estar aflojando, aunque es difícil de cuantificar. Basta con fijarse en los controles de tráfico. Estamos empezando a ver resoluciones judiciales que establecen que un agente no puede registrar un vehículo simplemente porque huela a cannabis o porque vea papel de liar, pues esas cosas ahora son legales. Confiamos en que esas resoluciones desincentiven las paradas de tráfico, aunque aún no tenemos datos que lo confirmen. En cambio, hay algunos tipos de arrestos cuyos índices han aumentado. Un ejemplo es que generalmente hemos visto un aumento en las tasas de arresto en menores de 21 años en los estados que han legalizado el uso para adultos (lo que se denomina de un modo inexacto “recreativo”), porque no se les permite poseer cannabis legalmente hasta que se convierten en adultos, son las únicas personas que la policía todavía puede arrestar. Y, por supuesto, las personas negras siguen siendo arrestadas a una tasa varias veces superior a la de las personas blancas. La triste realidad es que una parte significativa de la sociedad estadounidense está integrada por racistas irredentos que han transmitido ese racismo a sus hijos. Y muchos de esos estadounidenses racistas son agentes de policía y jueces. Es la vergüenza más honda y persistente que carga mi país, algo en lo que debemos seguir trabajando hasta erradicarlo por completo, de raíz y tallo.

Los Tres Pilares de Oro

Entrevista Steve DeAngelo - Foto de Giacobazzi Yanez

“En los últimos diez años las grandes corporaciones cannábicas están intentando cerrar el paso a los pequeños productores artesanos”. Steve con cultivadores zapotecos en Oaxaca, México.

Cuáles son las empresas y proyectos que tiene en este momento funcionando. Cuénteme un poco del estado de cada una de ellas.

Mis proyectos abarcan un amplio espectro de actividades. En el terreno del activismo, mi proyecto más reciente es la One Plant Alliance, una iniciativa para dotar a la industria del cannabis –en Estados Unidos y en el mundo– de una regulación fundada en el sentido común y el rigor científico. Su premisa es que toda normativa sobre el cannabis debe apoyarse en lo que llamamos los Tres Pilares de Oro: análisis, para garantizar que el producto es seguro y está libre de contaminación; etiquetado, para que consumidores y pacientes puedan decidir con pleno conocimiento; y verificación de edad, para impedir el acceso de los menores. Nuestra visión es un mundo donde el cannabis, producto natural con reconocidas propiedades para el bienestar, se ofrezca en los mismos espacios donde se vende el alcohol, veneno neurológico que se cobra 2,6 millones de vidas al año. Supermercados, tiendas de barrio, gasolineras, estadios, conciertos, aeropuertos y aviones. El proyecto se puso en marcha a finales del año pasado y ya va ganando terreno, tanto en Estados Unidos como en foros internacionales. Como Embajador global de Blimburn Seeds trabajo asimismo para frenar la prohibición de semillas de cannabis incluida en una normativa más amplia sobre productos de cáñamo de consumo aprobada a finales del año pasado. La medida entrará en vigor el 12 de noviembre de este año si no se aprueba antes una legislación que la modifique. Varios proyectos de ley orientados a ese fin ya se han presentado ante el Congreso de EE UU, y mi labor será organizar la presión de la ciudadanía sobre sus representantes para asegurar que la legislación necesaria salga adelante. En el ámbito sin ánimo de lucro, ejerzo como Asesor Veterano de la Global Psychedelic Society. GPS es un centro coordinador de más de 350 sociedades psicodélicas surgidas en todo el mundo a lo largo de los últimos quince años. Su lema lo dice todo: “Encuentra a los otros”. 

“El cannabis ha desencadenado revoluciones espirituales a lo largo de la Historia en casi todas las sociedades en las que llegó” 

¿Y en el plano comercial?

Estoy explorando las oportunidades que abre la reciente reclasificación federal del cannabis: de la Lista I –alto potencial de abuso, sin aplicaciones médicas reconocidas– a la Lista III, con menor potencial de abuso y usos terapéuticos admitidos. Por razones de estrategia competitiva, no puedo hacer ahora declaraciones públicas al respecto. Quien desee participar puede escribirme directamente a steve@stevedeangelo.com.

Parte de la estrategia de su libro consiste en refundar el relato antiprohibición introduciendo argumentos que no se usaban en los primeros años de activismo. Formuló el concepto de “bienestar” (wellness) como alternativa al concepto “recreativo” para acabar así ampliando el valor medicinal como un uso que abarca más que curación o prevención de enfermedades. O sea, que "colocarse" no era el objetivo real del consumidor de yerba, sino la búsqueda del bienestar. 

El concepto de cannabis "recreativo" fue introducido en realidad por activistas cannábicos en los primeros tiempos, como contrapunto al prejuicio de que todos los usuarios de cannabis eran adictos. La idea de que la mayor parte del consumo de cannabis responde a fines de bienestar sigue siendo uno de los argumentos más poderosos que he esgrimido. Cada vez que comparto la teoría del bienestar con quien no la conoce, resuena. Creo que es porque resulta coherente tanto con la ciencia del cannabis como con la experiencia vivida de pacientes y consumidores. La ciencia es clara: el cannabis es una sustancia terapéuticamente activa que interactúa con el mayor sistema de neurotransmisores del cuerpo humano. Dados los profundos efectos del cannabis sobre la salud física y mental, equiparar su consumo con una actividad de ocio opcional es inexacto. Categorizar todo consumo de cannabis fuera del contexto médico como recreativo tampoco encaja con la experiencia de los consumidores, que describen usar la Planta para todo: desde facilitar conversaciones difíciles con un ser querido –Jim Belushi bautizó una de las variedades que desarrolló como Marriage Counselor precisamente por eso– hasta abrirse más plenamente al ritual o romper un bloqueo creativo: usos que van mucho más allá del entretenimiento. La teoría sigue vigente.

De lo sagrado y espiritual en la ganja

Entrevista Steve DeAngelo - Foto de Giacobazzi Yanez

“Tardé en entender que detrás del activismo político lo que había era un camino espiritual”. Con Nereri y Firstman en el Rastafari Indigenous Village, en Jamaica. Fotos: Giacobazzi Yanez

 “El cannabis es un Caballo de Troya que introdujimos en el corazón del mundo corporativo”

El cannabis como planta sagrada… ¿Mantiene alguna relación espiritual con ella y otras plantas con efectos psicoactivos vinculadas a culturas indígenas?

Desde la primera vez que consumí la Planta, mi relación con ella ha sido espiritual; sin embargo, nunca había hablado públicamente de ese vínculo, por no comprometer mi credibilidad en los debates políticos. Lo que he aprendido desde aquella primera experiencia es que el cannabis desencadenó revoluciones espirituales en casi todas las sociedades a las que llegó, desde el hinduismo hasta el sufismo y el rastafari. Esto incluye la Antigua Grecia, donde el cannabis y otras plantas psicodélicas se consumían tanto en contextos sociales como rituales: resulta que algunos de los conceptos fundacionales de la “civilización occidental” –como la lógica y la democracia– fueron fruto de mentes bajo su influencia. No hacemos más que recuperar una tradición milenaria.

Así que también ha ido saliendo del armario espiritual en los últimos años…

En el aspecto espiritual, mantengo desde 2019 un vínculo con Rastafari Indigenous Village, que se volvió más profundo cuando me integré seis meses en su comunidad entre 2022 y 2023. Para que quede claro, yo no soy rastafari, pero soy hippie, y los hippies y los rastafaris somos primos cercanos. RIV fue el primer –y hasta hoy único– pueblo rastafari en Jamaica en incorporar la psilocibina, la ayahuasca y el iboga a su práctica espiritual junto al ganja. A mitad de mi primera visita, las lágrimas corrían ya por mis mejillas: ante mí había una comunidad entera viviendo lo que las plantas sagradas nos enseñan. El reciente huracán en Jamaica ha abierto la posibilidad de que la comunidad compre el terreno que ha arrendado los últimos quince años, y también la posibilidad de que se venda a otros compradores. Yo mismo ayudaré a recaudar fondos para ese fin, incluyendo la organización de retiros y ceremonias medicinales en RIV. Si alguno de sus lectores desea pasar un tiempo en Jamaica, puede enviarme un mensaje directo.

“Consumir directamente la planta es más eficaz y placentero que cualquier alternativa sintética”

¿En qué le ha ayudado a usted personalmente el cannabis? ¿Le ha abierto algún tipo de entendimiento y percepción creativa?

El cannabis me ha ayudado en casi todos los aspectos de mi vida: mente, cuerpo y alma. Me ha impulsado a pensar más allá de los límites convencionales, a ir a contracorriente cuando todos seguían la misma dirección. Esas revelaciones me permitieron crear o contribuir a crear numerosas primicias: entre ellas, Steep Hill Laboratory, el primer laboratorio de análisis de cannabis; el ArcView Group, la primera firma de inversión del sector; y la National Cannabis Industry Association, la primera asociación empresarial del cannabis. Durante más de cincuenta años ha sanado y aliviado mi cuerpo ante toda clase de problemas de salud, ayudándome a prescindir casi por completo de los medicamentos recetados. Y mi alma se ha fortalecido de manera inconmensurable gracias al vínculo espiritual con la Planta: ella me ha otorgado el valor necesario para librar todas las batallas que he debido librar. He recibido el gran don de conocer mi propósito a una edad muy temprana, y la innegable autoridad de la Planta me ha dotado del coraje que he necesitado para librar todas las batallas que me ha tocado librar. 

Steve con su hermano Andrew en su juventud.

Steve con su hermano Andrew en su juventud.

¿Ha consumido otras plantas psicoactivas consideradas sagradas como ayahuasca, yopo, iboga, peyote, San Pedro, hongos psilocibios? ¿Las legalizaría?

Sí, he tenido relación con la mayoría de las entidades que mencionas, y sí, las legalizaría todas. Todas ellas son plantas maestras que portan mensajes cruciales de la Madre Tierra y el cosmos. El cannabis es, simplemente, el miembro más suave y generoso de esta familia.

“Tardé en entender que detrás del activismo político lo que había era un camino espiritual”

Mucha gente que consume cannabis y otras plantas desarrolla una visión de amor global a la naturaleza y conciencia medioambiental.

De adolescente, tuve la bendición de recibir lo que hoy reconozco como revelaciones divinas durante mis primeras experiencias con el cannabis, la psilocibina y el LSD. Aquellas revelaciones eran inequívocas: tenía el deber de difundir estas sustancias y las lecciones que transmiten tan lejos como fuera posible. La más importante de esas lecciones es que somos parte del mundo natural, parte de una red de vida que tenemos el deber de preservar y proteger. Sobre eso nunca tuve la menor duda. Pero me llevó mucho tiempo entender esas revelaciones y el camino que me trazaron como algo espiritual. Al principio concebía la misión en términos políticos: cambiar leyes, acabar con la Prohibición, hacer la Revolución, ser un guerrero del amor y la justicia. Después, durante los años de Harborside, trabajando con miles de pacientes gravemente enfermos, mi comprensión de la Planta se fue profundizando y empecé a sentirme más cómodo pensando en mi papel no solo como guerrero, sino también como sanador. Pero no fue hasta que me integré en Rastafari Indigenous Village cuando me sentí plenamente a gusto con la idea de que todos hemos sido llamados a una misión sagrada por fuerzas divinas. En el Village encontré una forma de vida centrada en lo espiritual que incorporaba de lleno las enseñanzas de las plantas y moléculas sagradas, junto a una resistencia sin concesiones a lo que nosotros los hippies llamamos el Sistema y lo que el rastafari llama Babilonia. Las enseñanzas que recibí allí de mis hermanos y hermanas espirituales me ayudaron a comprender y aceptar por fin que mi propio camino –y todo nuestro movimiento– es un camino espiritual.

Una década más tarde

Steve arengando en el Freedom Rally (1988).

Steve arengando en el Freedom Rally (1988).

“Buscamos que el cannabis se ofrezca en los mismos espacios donde se vende el alcohol”

A diez años de la publicación de su Manifiesto, ¿qué cosas añadiría y cuáles cambiaría con respecto a las tesis de su libro?

Habría incluido un capítulo sobre regulación sensata y científicamente fundamentada, al servicio del consumidor final y habría propuesto los Tres Pilares de Oro. Desde la publicación original hemos visto cómo las grandes corporaciones cannábicas emplean su poder para levantar barreras regulatorias que cierran el paso a los competidores más pequeños, e impulsan una legislación concebida ante todo para blindar su cuota de mercado, no para defender los intereses de consumidores y pacientes. Cientos de millones de dólares –procedentes, en última instancia, de los propios consumidores de cannabis– se han destinado a ese fin, mientras los grupos activistas malviven buscando financiación. También hemos aprendido mucho más sobre la importancia de los terpenos para la calidad del cannabis y su volatilidad. Estos valiosos compuestos no pueden conservarse en largas cadenas de suministro a gran escala; solo pueden preservarse mediante cultivadores artesanales y cadenas de suministro cortas que hacen llegar el cannabis a consumidores y pacientes en cuestión de semanas, en lugar de meses o incluso más de un año, como suele ocurrir con el cannabis industrial.

Uno de sus proyectos más celebrados por su alcance político y social en estos últimos años es Last Prisoner Project. Cuéntenos.

Imagina lo que sentiría alguien que cumple condena por cannabis al ver en televisión la riqueza que genera la industria legal del cannabis de generación en generación. Esa es la realidad cotidiana de 40.000 estadounidenses encarcelados por cultivar, transportar o vender cannabis –y de un número mucho mayor en el resto del mundo–. En EE UU, aún hay personas que cumplen cadena perpetua sin posibilidad de indulto; en países como Indonesia, se llegan incluso a dictar penas de muerte. LPP es la organización sin ánimo de lucro que fundé en 2019 para luchar por la liberación de todos los presos por cannabis, allá donde estén, hasta que el último de ellos sea libre. El nombre proviene de la última línea de Manifiesto cannabis. En más de siete años de andadura, LPP no ha dejado de crecer y transformarse; su hito más reciente ha sido el nombramiento de Stephanie Shepard como directora ejecutiva, un paso con una carga simbólica enorme: Stephanie es una exconvicta. Y entre nuestros últimos logros destaca el del estado sureño de Virginia, donde la aprobación de una nueva ley podría suponer la liberación de hasta 390 personas condenadas por delitos relacionados con el cannabis.

El cannabis tiene su propia agenda

Steve con el rapero M1 de Dead Prez y con el músico Umi RBG en una protesta cannábica frente a la Casa Blanca.

Steve con el rapero M1 de Dead Prez y con el músico Umi RBG en una protesta cannábica frente a la Casa Blanca.

¿Hacia dónde cree que se encamina la industria del cannabis?

La industria está cumpliendo el propósito con el que la pusimos en marcha: avanza a buen ritmo hacia una presencia planetaria, movilizando la fuerza del comercio y el espíritu emprendedor para transformar las leyes sobre el cannabis y ofreciendo a quienes aman la Planta la posibilidad de ganarse la vida junto a ella con plenas garantías. Pero ese poder tiene un coste; el capitalismo puede ser muy cruel: sacar una industria de la clandestinidad para llevarla a la luz del día es siempre un proceso imperfecto, con frecuencia caótico y, a menudo, profundamente injusto. Estas dinámicas se expresan de formas distintas según el país y la cultura, y seguirán en plena ebullición durante años. En EE UU hemos asistido al ascenso de grandes corporaciones cannábicas cotizadas en bolsa, que consolidan el mercado y se valen de la regulación para blindar su cuota. Pero la Planta tiene su propia agenda. No llegó hasta nosotros para concentrar riqueza y poder; llegó para extender la libertad y la prosperidad, y esa agenda apunta hacia un panorama de numerosos productores artesanales de cannabis de alta calidad, en lugar de un puñado de corporaciones fabricando productos de gama comercial. Si el sistema legal no abre espacio para esos cultivadores artesanales, operarán en el mercado no regulado –en la California de hoy, ese mercado no regulado ya supera al legal–. Y a medida que la legalización se ha ido extendiendo por Estados Unidos, vemos también a miles y miles de personas ejerciendo los nuevos derechos que les asisten para cultivar su propio cannabis y compartirlo con amigos y familia. El partido sigue en juego; si amas la Planta, te animo a encontrar la manera de ganarte la vida trabajando con ella y de traer tu buena influencia a la industria: necesitamos amantes de la hierba que pongan freno a los amantes de la codicia. 

“La vergüenza más honda y persistente que carga mi país es el racismo. Y en él se fundamenta la persecución del cannabis”

¿Qué eco han tenido en su país y en el resto del mundo las opiniones y argumentos de su manifiesto?

Sin duda hemos cambiado la opinión pública y las leyes. Desde cualquier punto de vista, el movimiento de liberación del cannabis es uno de los movimientos de justicia social más exitosos de los últimos dos siglos, al nivel del sufragio femenino o la liberación gay. En estos últimos 50 años el apoyo a la legalización plena en múltiples sondeos nacionales pasó de un exiguo 12 % en 1969 a cerca del 65 % de los estadounidenses hoy, mientras que un contundente 90 % respalda ya el cannabis medicinal: un consenso bipartidista extraordinario en tiempos en que los estadounidenses no se ponen de acuerdo en casi nada. Ese vuelco en las actitudes sociales ha tenido su traducción en cambios legales de alcance histórico: cuando abrimos el primer dispensario Harborside en 2006, California era el único estado del país que había legalizado el cannabis medicinal. Desde entonces, 41 de los 50 estados han aprobado su uso adulto o medicinal, y cerca de 30 países han seguido el mismo camino. Y poco antes de esta entrevista, el Gobierno federal de Estados Unidos reconoció y legalizó por fin los usos medicinales del cannabis: otra victoria monumental. Empieza ahora la batalla por desplazar los modelos de regulación construidos sobre el estigma y reemplazarlos por los Tres Pilares de Oro, y por llevar la legalización y la normalización a cada rincón del planeta. ¡Siempre adelante, libres para siempre!

Selecto bubble hash de Oaxaca en manos de Steve.

Selecto bubble hash de Oaxaca en manos de Steve.

¿Cómo ha logrado que en un país tan conservador como EE UU la opinión pública acepte una figura tan controvertida como la suya donde se combina el activismo político, el apoyo a una sustancia que se ha considerado una droga muy peligrosa hasta hace poco y el éxito empresarial? 

Gran parte de mi éxito se debe precisamente a esa combinación de roles. Como empresario, he podido financiar directamente los proyectos activistas que consideraba más importantes y dedicarles tiempo y atención, sin verme obligado a gastar energías buscando el favor de filántropos. Y como emprendedor con un historial de éxito, gano credibilidad automáticamente ante la mayoría de los estadounidenses: si sé hacer dinero, se supone que sé de lo que hablo. Tener peso en ambos mundos me permite tender puentes entre ellos, como hice cuando diseñé los programas de recaudación del Last Prisoner Project, orientados en su mayoría a la industria del cannabis.

 “Mi objetivo prioritario como activista es eliminar para siempre el cannabis de la Ley de Sustancias Controladas”

¿Cuáles son los principales problemas que debe afrontar como activista y como empresario cannábico en EE UU?

Como activista, mi gran desafío es convencer a la industria de que financie iniciativas que sirvan a los intereses de la comunidad cannábica en un sentido amplio, en lugar de a la defensa de sus propios intereses comerciales. El objetivo prioritario en este frente es avanzar desde la reciente reclasificación del cannabis –de Lista I a Lista III– hacia la desclasificación total, su eliminación completa de la Ley de Sustancias Controladas, y la liberación de los presos por delitos relacionados con estas sustancias. Como empresario, encontrar oportunidades rentables que sean coherentes con mis valores, y después buscar socios inversores dispuestos a respaldarlas.

Supongo que usted será muy querido por los consumidores y por la gente con dolencias a quienes ha podido ayudar con sus dispensarios y activismo. Pero también habrá acumulado muchos enemigos tanto desde el tráfico ilegal como desde las filas políticas, policiales y hasta médico-farmacéuticas.

Hay, por supuesto, una larga lista de prohibicionistas que me han tenido en el punto de mira. Uno de los más peligrosos fue una fiscal federal llamada Melinda Haag. En 2011, prometió cerrar todos los dispensarios de cannabis medicinal de California, acusándonos a todos de simple especulación. Y lo logró con 600 de los 1.800 que operaban entonces. Luego cometió el error de convertir a Harborside –el grupo de dispensarios que yo dirigía– en el número 601. Éramos la primera organización con recursos económicos suficientes y voluntad política para plantar cara. Hicieron falta decenas de comparecencias judiciales, miles de páginas de escritos legales, incontables conferencias y millones y millones de dólares en honorarios, pero en 2016 el Gobierno federal retiró el caso con perjuicio –lo que impedía que los cargos pudieran volver a presentarse–. Fue una victoria decisiva: el último frente de los prohibicionistas. Desde entonces, ningún fiscal federal ha intentado cerrar un dispensario regulado por un estado. 

¿Y algún enemigo más que le venga a la memoria?

Otro ejemplo especialmente lacerante fue el congresista Bob Barr, de Georgia. En 1998, mi hermano Andrew y yo fuimos de los principales impulsores y recaudadores de la Iniciativa 59, la propuesta de cannabis medicinal en Washington D.C. Nos dejamos el alma en esa campaña, y los votantes respondieron con contundencia: el 69 % votó a favor. Pero Barr se valió del poder del Congreso para bloquear la aplicación de la ley, llegando incluso a impedir que se diera a conocer el recuento de votos hasta que una demanda judicial obligó a publicarlo. Fue una de las derrotas más amargas de mi carrera, no porque perdiéramos en las urnas, sino porque ganamos, y esa victoria nos fue arrancada de las manos por el poder federal. Años después, en otro ejemplo de cómo la Planta obra a través del corazón de los seres humanos, Barr rectificó, se convirtió en defensor del cannabis medicinal e incluso trabajó para deshacer la propia enmienda que llevaba su nombre.

Asesorar a España

DeAngelo frente al monumento a Cristóbal Colón en Barcelona.

DeAngelo frente al monumento a Cristóbal Colón en Barcelona.

“Que el Gobierno español escuchara de verdad lo que puedo aportar sobre el cannabis sería un sueño hecho realidad”

¿Conoce usted España? Si pudiera asesorar al gobierno español, ¿qué recomendaciones le haría con respecto a la legalización?

Conozco bien España: hablo español con cierta soltura, he estudiado su historia y su cultura en profundidad, tengo muchos amigos españoles y soy Embajador global de Blimburn Seeds, una empresa española de semillas. Que el Gobierno español escuchara de verdad lo que puedo aportar sobre el cannabis sería un sueño hecho realidad. Les hablaría de los efectos beneficiosos para la salud pública que hemos observado tras la legalización en distintos estados de EE UU: descenso en el consumo de alcohol y en los episodios de ingesta excesiva; reducción en las recetas de analgésicos opioides, en las tasas de sobredosis y en las recaídas; y disminución de la violencia doméstica, las agresiones sexuales, los robos y otros delitos violentos. Les mostraría el ahorro en recursos policiales y judiciales, el aumento de la recaudación fiscal y la proliferación de pequeñas empresas. Y les recomendaría la mejor forma de maximizar esos beneficios –y tantos otros– en España: adoptar los Tres Pilares de Oro como marco legal y regulatorio. Que el cannabis circule por los mismos canales que el alcohol. Que se analice, para garantizar su seguridad. Que se etiquete, para que consumidores y pacientes decidan con plena información. Que se exija identificación antes de cada venta, para mantenerlo lejos de los menores. Y un último paso: liberar a todos los presos por delitos relacionados con cannabis. Después, simplemente, dejar hacer a la Planta.

Ya ha sido traducido a muchos idiomas, ¿a qué idioma le gustaría ser traducido?

Al hindi, pues India es hoy el país más poblado del planeta y el debate sobre la legalización del cannabis comienza allí a cobrar impulso. Después al alemán, porque este país se ha convertido en el mayor mercado nacional de Europa. Pero me gustaría también que el libro llegara a aquellos lugares donde la libertad cannábica sigue siendo una cuestión de vida o muerte: Indonesia, Arabia Saudí, China, Singapur y otros donde una condena por cannabis puede llevar al patíbulo.

¿A qué países ha asesorado hasta hoy? 

He asesorado a representantes electos, candidatos y organismos de Canadá, Colombia, Chile, Jamaica, México, Uruguay, Reino Unido y otros países y naciones tribales. La naturaleza de ese asesoramiento ha variado mucho según la historia y la cultura de cada lugar, y según el momento en que se encuentra en su propio camino hacia la legalización. Algunas de mis experiencias más significativas en este terreno tuvieron que ver con los países que produjeron el cannabis con el que trabajé en los primeros tiempos de mi carrera clandestina: México, Jamaica y Colombia. Allí animé a los responsables políticos a no conformarse con el papel de simples proveedores de materia prima, sino a desarrollar sus productos, con su propio valor añadido, y sus marcas, para sacar partido del prestigio y el reconocimiento que sus países ya han ganado en el mundo del cannabis.

Lo que la Planta me contó

Entrevista Steve DeAngelo - Foto de Giacobazzi Yanez

En una protesta en Oakland, California, en 2011, en defensa de los dispensarios de cannabis medicinal.

“En los últimos diez años las grandes corporaciones cannábicas están intentando cerrar el paso a los pequeños productores artesanos”

Quienes mantienen una larga relación en el tiempo con el cannabis, saben que una de sus capacidades es ofrecer pensamientos creativos para la solución de problemas. ¿Cuántas de las ideas creativas desde el punto de vista del activismo y el emprendimiento le han surgido directamente del consumo de cannabis? 

La mayoría de mis aportaciones intelectuales más importantes nacieron en conversaciones con la Planta: la Teoría del Bienestar (Wellness Theory), el Despertar del Fumeta (the Stoner Epiphany), la Vista del Preso desde su Celda (the Prisoner’s View from their Cell) y la raíz racista de la prohibición del cannabis en EE UU. Todos y cada uno de los conceptos empresariales que he desarrollado surgieron de esas mismas conversaciones: Ecolution, Harborside, Steep Hill Laboratory y el ArcView Group. Cada nombre y cada logotipo en los que he tenido parte brotaron también de esa colaboración creativa con Mama Ganja. En todos los casos, las revelaciones del cannabis actúan apartándonos de nuestra función cerebral ejecutiva habitual –lo que Michael Pollan llama la Red Neuronal por Defecto– para permitirnos establecer asociaciones y alcanzar perspectivas inaccesibles al cerebro en estado ordinario; para que podamos ir a contracorriente cuando la sabiduría convencional dicta seguir el cauce.

Estará al tanto de las investigaciones sobre inteligencia vegetal y las estrategias adaptativas que muchas plantas tienen para que el resto de los animales nos convirtamos en agentes activos de su supervivencia: nos ofrecen alimento, belleza, medicina, herramientas, materia prima o bienestar. Hay pocas plantas que hayan ofrecido tantos recursos diferentes al ser humano como el cáñamo. 

El cannabis es quizá la planta más valiosa de cuantas existen para los seres humanos y, como tal, la hemos llevado con nosotros a todos los rincones del mundo. Uno de los primeros pueblos en diseminar el cannabis por el planeta fueron los escitas, la primera tribu humana en domesticar el caballo. Usaban el cannabis psicoactivo tanto en la vida cotidiana como en sus rituales, y lo transportaron a lomos de sus caballos desde su tierra natal en Asia Central hasta las orillas del mar Negro, introduciéndolo en Mesopotamia, Persia, Grecia y Egipto. El cáñamo fue un material estratégico de primer orden para los imperios marítimos –el portugués, el español y el inglés–: todas las jarcias, las velas y el calafateado de sus barcos procedían de la Planta, de modo que estos imperios la sembraban sin demora en cada tierra donde echaban el ancla. Y según la mejor evidencia disponible, en uno de los testimonios más estremecedores del amor humano por el cannabis, los africanos esclavizados sentían un vínculo espiritual tan hondo con la Planta que encontraron la manera de pasar semillas de contrabando a través del espantoso pasaje transatlántico desde Angola hasta Brasil, introduciendo en América por primera vez cannabis de alta potencia.

El cannabis nos hace más intuitivos. ¿Qué piensa usted de la deriva política, ideológica, social y económica que está siguiendo el mundo actual? 

Creo que el cannabis y todas las plantas sagradas son mensajeras enviadas por la Madre Naturaleza para despertarnos y movilizarnos en defensa del planeta. Las ideologías dominantes de nuestra época –el capitalismo desbocado de Estados Unidos, el comunismo de Estado de China o el nacionalismo ortodoxo autoritario de Rusia– pueden parecer muy distintas en la superficie, pero comparten el mismo error fatal: ven a la Madre Tierra no como un ser vivo, sino como un almacén de recursos que extraer, consumir y convertir en productos. Todas ellas colocan a los seres humanos en la misma cinta sin fin: producir más, consumir más, competir con más intensidad, y llaman a eso progreso. Entre tanto, la riqueza generada por esa extracción fluye hacia las manos de unos pocos, que la emplean en construir yates, refugios privados y cohetes, como si la solución a un planeta herido fuera huir de él. Las plantas sagradas enseñan la lección contraria. Nos recuerdan que no estamos separados de la Tierra, y desde luego no estamos por encima de ella. Somos parte de su cuerpo. Y si seguimos tratándola como materia prima para bienes desechables y fantasías de élite, destruiremos la misma fuente de vida que nos sostiene.

Ya no fumo

DeAngelo hablando del futuro del cannabis en el megafestival SXSW, en Austin, Texas, en marzo de 2020.

DeAngelo hablando del futuro del cannabis en el megafestival SXSW, en Austin, Texas, en marzo de 2020.

¿Sigue consumiendo cannabis?

Cada día, tres veces al día, sin excepción. Tras haber fumado una cantidad absurda de cannabis a lo largo de mi vida, mis pulmones me comunicaron hace unos años que había llegado al último porro, así que, en la actualidad, elaboro mis propias cápsulas a partir de Rosin puro, descarboxilado y diluido con aceite MCT o de cáñamo. Entre una y tres cápsulas de 100 mg, tres veces al día.

Cómo aconseja consumirlo hoy, cuando se han desarrollado tantas formas y tecnologías de uso.

A los nuevos consumidores les aconsejo que empiecen por las formas más naturales de la planta: flores y tinturas elaboradas a partir de ellas. Que conozcan la Planta tal como la Madre Naturaleza nos la entregó, y que luego exploren todo lo que el ingenio humano ha construido sobre esa base. Que busquen cannabis fresco, con todos sus terpenos –o la mayor parte– intactos. Que salgan a la naturaleza, o que se queden en casa rodeados del arte, la música, la comida, los aromas y las texturas que aman. Que lo compartan con amigos, con amantes, y que de vez en cuando salgan a hacerlo bajo un árbol.

“Debemos velar para que la terapia no acabe siendo la única vía legal para consumir plantas psicoactivas”

Ahora que se pueden sintetizar y aislar tantos cannabinoides de la planta, ¿sigue prefiriendo usar la planta directamente como abogan los líderes indígenas? 

Sí, tengo preferencia por el cannabis natural: es, sencillamente, más eficaz y placentero que cualquier alternativa. A ello se suma que los cannabinoides sintetizados entrañan riesgos serios, como demuestran los problemas con el K2, el Spice y el Rimonabant. En un mercado cannábico maduro y bien regulado no debería faltar cannabis natural para la extracción con fines específicos. Los líderes indígenas hacen bien en lanzar advertencias: miles de años de experiencia humana avalan la seguridad del cannabis natural, pero con los sintéticos apenas estamos empezando.

¿Qué opina del futuro no sólo del cannabis sino de otras plantas y hongos con capacidad psicoactiva en el tratamiento de las enfermedades mentales? 

El cannabis, la psilocibina y todas las plantas y moléculas enteógenas pueden sin duda ayudar a quienes se sienten perdidos –lo que llamamos enfermedad mental– a reencontrarse. Ya existe evidencia científica más que suficiente sobre su eficacia para estos fines, y estas plantas y moléculas sagradas deberían integrarse en todos los sistemas sanitarios. Pero debemos tener cuidado de no encerrar a los psicodélicos en un gueto terapéutico. Los seres humanos han usado estas plantas como herramientas espirituales durante miles de años, mayoritariamente en comunidad. Y según el propio Gobierno de EE UU, se calcula que 30 millones de estadounidenses han tenido experiencias psicodélicas, de las cuales menos del uno por ciento se produjeron en el marco de una terapia asistida. Así pues, debemos velar por que, al reintegrar estas medicinas en la sociedad, la terapia no acabe siendo la única vía legal. 

¿Cree que será posible evitar el control absoluto de estas plantas y sustancias por parte de la industria farmacéutica?

Sin duda. La Madre Naturaleza nos ha dotado de los medios para acceder a estas medicinas por nuestra propia mano, en cualquier momento. Los hongos de psilocibina son relativamente fáciles de cultivar, y sus esporas se han extendido ya por todos los rincones del planeta. Lo mismo puede decirse del cactus Huachuma o San Pedro: como el peyote, contiene mescalina y se adapta al cultivo en muy diversas partes del mundo. Y otro tanto ocurre con el DMT, del que el mundo natural ofrece numerosas fuentes. Los antiguos griegos preparaban algo muy similar a la ayahuasca a partir de acacia y ruda. Estas medicinas están en todas partes; solo necesitamos difundir el conocimientoos siempre a nuestro alcance. 

En su país, el comercio y el mercado siempre han tenido un valor muy importante. Pero actualmente da la impresión de que el capitalismo está llegando a unos límites donde ya es difícil hablar del bien común y la prosperidad. 

Concibo el cannabis como una especie de Caballo de Troya que introdujimos en el corazón del mundo corporativo, que ahora abre con entusiasmo los dones que contiene, empleando sus beneficios para impulsar la legalización y extender la Planta por todo el mundo. Pero, como hemos ido viendo, a medida que más y más personas tengan acceso seguro y legal a la Planta, esta abrirá sus mentes, liberará sus almas y las acercará a la Madre Naturaleza, inspirándolas a construir un nuevo orden social fundado no en la codicia y la dominación, sino en la generosidad y el amor. Jugamos a largo plazo: alcanzar el mundo nuevo con el que soñamos llevará varias generaciones.

Los ocho puntos del manifiesto

DeAngelo divide el libro en ocho capítulos, cada uno de los cuales desarrolla una idea del manifiesto mientras va intercalando datos biográficos, con datos históricos y hasta prehistóricos. Los ocho puntos de su manifiesto son:

–El cannabis no es dañino, pero su prohibición sí.

–El cannabis nunca debió ser ilegal.

–El cannabis siempre ha sido una medicina.

–El cannabis puede consumirse por sus efectos en el bienestar, no para colocarse.

–La reforma consciente del cannabis no debilita a las comunidades, las fortalece.

–El cannabis debe estar sujeto a impuestos y regularse como producto de bienestar.

–La reforma legal del cannabis es un movimiento de justicia social.

–La legalización no puede detenerse y no se detendrá.

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