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Philip K.Dick

Ciencia ficción gnóstica y psiquedélica

Ilustraciones de Cristóbal Fortúnez
Ilustraciones de Cristóbal Fortúnez

El escritor Philip K. Dick alumbró una obra turbadora que nos puede sumergir durante años en mundos paralelos y en una visión de la realidad totalmente alucinante y sobrecogedora. A Philip K. Dick le ocurrió algo semejante a Raymond Chandler, ambos grandes escritores a secas: fueron clasificados como autores de género, de ciencia ficción el primero y de serie negra el segundo. Aunque reconocidos por sus colegas de profesión, en el caso de Chandler por el mismísimo T.S. Elliot, nunca pudieron escapar a la categoría en la que los situaron. De hecho, Philip K. Dick intentó publicar en vida novelas que no pertenecían al campo de la ciencia ficción, pero su agente nunca logró venderlas y se tuvieron que editar póstumamente.

Con los años, la obra de Philip K. Dick ha ido ganando cada vez más adeptos. Un cuarto de siglo después de su muerte, nuestra época distópica se asemeja cada vez más a una novela de Philip K. Dick. Su vida fascina a los críticos y a los fieles seguidores de todo lo que  publicó durante tres décadas. Su largo y extraño viaje es tan apasionante como su obra, y recientemente ha sido objeto de varias biografías. La distinción entre su vida y sus novelas fue siempre borrosa. Podemos ver a Philip K, Dick en cada uno de sus personajes, debatiéndose con el caos y la incertidumbre del universo, como hiciera él a lo largo de su compleja y extraordinaria vida.

Aunque actualmente ha sido reconocido como un clásico, su vida fue azarosa, luchando durante toda su existencia con la pobreza, los múltiples matrimonios fallidos, su relación con todo tipo de drogas y su lucha contra los ataques de pánico y la agorafobia. Su imagen popular es la de un profeta loco y un speed-freak que a final de su vida se dedicó a escribir de forma compulsiva lo que se conoce como Exegesis, un intento desesperado de describir lo que le sucedió entre febrero y marzo de 1974 y que le propulsó a una exótica y confusa búsqueda espiritual hasta su muerte.

Actualmente tiene un amplio número de devotos que se conocen como dickheads, a semejanza de los deadheads o seguidores de los Grateful Dead, que veneran sus aproximadamente ciento veinte relatos cortos y sus cuarenta y cuatro novelas. Su obra se estudia en las universidades más importantes del mundo, como Harvard, y se han hecho numerosas tesis doctorales sobre sus libros.

Un cuarto de siglo después de su muerte, nuestra época distópica se asemeja cada vez más a una novela de Philip K. Dick

Excepto en el caso de la celebrada película Blade Runner, que pudo llegar a ver y que alivió sus problemas económicos en la recta final de su vida, no pudo asistir al cinematográfico triunfo que alcanzaría con películas como Total Recall (1990 y 2012), Screamers (1995) o Minority Report (2002). Se ha hablado de planes para una versión a cargo de la factoría Disney de su obra The King of the Elves, que conseguiría atraer a una nueva generación de lectores a la obra del enigmático autor.

La obra de Philip K. Dick es compleja y filosóficamente enrevesada, muy influida por la ciencia, de cuyos descubrimientos estaba muy al día, pero también de fuentes tan diversas como Platón, los Evangelios gnósticos, el I Ching o el Libro tibetano de los muertos.

 

Una vida fantástica

La vida de Philip K. Dick fue tan fantástica como la mayoría de sus relatos, y solía incluir sus propias experiencias en su obra, donde se entremezclaban los hechos y la ficción, lo misterioso y lo místico, la paranoia y las experiencias paranormales, la percepción extrasensorial y la videncia, las conspiraciones y el caos. Se pasaba noches enteras golpeando las teclas de su vieja máquina de escribir, exorcizando sus demonios. En muchas ocasiones, propulsado por las anfetaminas, pasaba días sin dormir. Se sabe también que consumía LSD y marihuana, por no mentar las drogas legales que se hacía prescribir por sus psiquiatras.

Fue en estas sesiones maratonianas donde se dedicó a escribir un diario de ocho mil páginas en el que reflejaba y exploraba sus experiencias visionarias y sus ideas espirituales. Diario que se conocería como Exégesis; para unos es la obra de un genio y para otros los delirios de un loco.

Philip K. Dick se basaba en sus amplios conocimientos científicos, religiosos y filosóficos para intentar explicar la naturaleza de una entidad que en ocasiones llamaba Dios, Zebra o Valis (Vast Active Living Intelligence System). Muchas de estas estrambóticas ideas aparecen en obras publicadas en vida como Valis, La invasión divina, Radio Free Albemuth y la Transmigración de Timothy Archer.

En sus últimos días en el planeta Tierra, Phil K. Dick fue mantenido por la tecnología, ironía que hubiera hecho las delicias del autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Desde un principio estuvo claro para Phil K. Dick que la realidad no era para él tan sólida y consistente como para el resto de los mortales

La realidad no existe

Philip K. Dick de muy joven fue un gran fan de la pulp fiction representada por la revista Stirring Science Stories. Su editor, Don Wollheim, puso a Dick en el camino de la fama, aunque no de la fortuna, cuando le compró su primera novela. Cuando entró en el instituto empezó a acumular revistas de ciencia ficción. Una colección que fue aumentando a lo largo de su vida y que arrastró por sus múltiples moradas.

Desde un principio estuvo claro para Philip K. Dick que la realidad no era para él tan sólida y consistente como para el resto de los mortales. Fue su interpretación de la realidad como ilusión lo que permitió a su imaginación ilimitada expandirse para crear toda una serie de mundos ficticios en los que no podemos dar nada por hecho.

En la excelente entrevista que concedió a Paul Williams, quien luego sería por un tiempo su albacea, publicada en la revista Rolling Stone, reconoció haber tenido tres crisis importantes en su vida, a los diecinueve, veinticuatro y treinta y tres años. En la primera pasó un tiempo en la clínica Langley Porter de San Francisco, donde conoció la obra de Jung, que luego incorporó a sus novelas.

Philip K Dick

Aunque pasó un tiempo breve en la universidad, sus estudios filosóficos, y particularmente las obras metafísicas de Platón, marcaron una impronta en sus ideas. Fue cuando llegó a la conclusión de que el mundo no era verdaderamente real, sino una proyección de nuestra percepción interna. Acabó puliendo estos temas a la hora de concebir el universo como una extensión de Dios y describiéndose él mismo como un “panteísta acósmico”. Esta idea de que lo que consideramos la realidad no existe sería un tema recurrente a lo largo de su obra.

Tras dejar la universidad prosiguió con una amplia y sofisticada educación autodidacta, que le llevó a estudiar a fondo a Bergson, Spinoza, Plotino, Leibniz y Whitehead, interesándose mucho también por poetas como Wordsworth, Yeats y Goethe.

 

Orgones, místicas orientales, ovnis y otras influencias en su obra

En la década de los años cincuenta empezó a escribir para revistas de ciencia ficción. Era la época perfecta para un escritor del género, pues aparecían numerosas revistas especializadas, constantemente acuciadas por la demanda de los lectores. Según Lester del Rey en su obra The World of Science Fiction, solo en el año 1950 existían veinticinco revistas, y en 1953 treinta y seis, que publicaron ciento setenta y cuatro números. Philip K. Dick en 1952 dio a luz solo cuatro historias, pero en 1953 le fueron aceptadas treinta y una.

Cuando su madre, con la que Philip K. Dick tenía una ambigua y agridulce relación, empezó a interesarse por la energía orgónica de Wilhem Reich y la dianética de L. Ron Hubbard, Phil utilizó este material para uno de sus relatos de los años cincuenta, The Turning Wheel. Philip K. Dick conocía la obra de ciencia ficción de L. Ron Hubbard y, aunque había apreciado sus primeros relatos, era muy crítico con su obra posterior y consideraba la dianética, que en última instancia desembocaría en la cienciología, como algo ridículo. El relato nos habla de una filosofía mística promulgada por un grupo de elite conocido como Los Bardos, capitaneados por un bardo llamado Elron Hu. Un evidente juego de palabras con el nombre de L. Ron Hubbard. En este temprano relato corto, Philip K. Dick ya combina la filosofía oriental con el sistema social y político occidental. Fue la época en la que descubrió el I Ching, que le estimularía para publicar una de sus obras maestras: The Man in the Hight Castle (1962).

En su primer periodo californiano, Philip frecuentó un grupo de entusiastas de los ovnis. El grupo tenía una líder carismática, y algo descentrada, que le sirvió de modelo para su obra Confessions of a Crap Artist, que fue la única novela que no pertenecía al género de la ciencia ficción que vio publicada en vida, pero que contiene muchos de los temas típicos de Dick, como la búsqueda de la salvación espiritual, los poderes psíquicos, la regresión a vidas pasadas, la videncia y la porosa distinción entre lo real y lo irreal.

En un relato de 1958, Time Out of Joint, introduce la idea gnóstica de que el mundo que percibimos es una ilusión y de que hay un mundo real más allá de nuestros sentidos. Incluye también el tema de la precognición o el arte de predecir el futuro.

 

Anfetaminas, psiquedélicos, heroína y paranoia

A finales de los años cincuenta, Philip K. Dick empezó a utilizar las anfetaminas en grandes cantidades para escribir unas sesenta páginas diarias. Fue entonces cuando pergeñó su obra The Man in the Hight Castle, que describe un hipotético mundo en que los nazis y los japoneses han ganado la segunda guerra mundial. Posteriormente escribiría The Three Stigmata of Palmer Eldritch, una de sus primeras novelas de tema religioso. Muchos dicen que la escribió influenciado por sus viajes con la LSD, aunque él en una entrevista aducía que le influyó un artículo de Aldous Huxley sobre alucinógenos.

Fue en los años sesenta cuando Philip K. Dick, un gran amante de la música clásica (trabajó muchos años en una tienda de discos), empezó a interesarse por el rock psiquedélico y a experimentar con LSD. Se dice que la primera vez que tomó LSD fue en 1964 con su amigo, y también escritor de ciencia ficción, Ray Nelson. Parece ser que en estos primeros trips Dick adoptó la personalidad de un antiguo romano y afirma que le habló a su amigo en un impecable latín (aunque este posteriormente reconoció que era un latín de garrafa y de péplum de Hollywood).

Lo cierto es que Dick, acosado por las deudas y la necesidad de escribir, no paró nunca de automedicarse con drogas legales e ilegales

Una de sus esposas, Anne R. Dick, en su interesante obra The Search for Philip R. Dick  –“La búsqueda de Philip K. Dick”–, afirma que solo tomó LSD en una ocasión. Algo que desmienten quienes le conocieron en esa época y él mismo en muchas entrevistas. Lo cierto es que Dick, acosado por las deudas y la necesidad de escribir, no paró nunca de automedicarse con drogas legales e ilegales. En un momento dado compró a un camello anfetamina adulterada, lo que le llevó a ser hospitalizado con pancreatitis aguda.

El abuso de drogas lo llevó a la paranoia de que los comunistas, la CIA, el FBI y los nazis iban detrás de él. Empezó a nutrirse del speed que le proporcionaba un miembro del “capítulo” local de los Ángeles del Infierno, y su casa se convirtió en un paraíso de dealers y chavales escapados de casa. Pronto perdió el control de su hogar, en el que se instaló el camello del mismísimo William Burroughs.

En esos tiempos se produjo un episodio confuso en el que alguien reventó una caja fuerte en la que Philip guardaba sus manuscritos, pero en la que al parecer había también una considerable cantidad de heroína. En una entrevista de 1978, Dick sugería que la caja fuerte había sido dinamitada por el Gobierno preocupado por su novela La verdad definitiva, en la que describe una guerra falsa entre Rusia y Estados Unidos. Según él, se acercó tanto a la verdad que sospecharon que tenía acceso a material clasificado.

 

La gran epifanía de Exégesis

No queda claro quién reventó la caja fuerte, pero Philip empezó a recibir llamadas amenazantes de la policía acusándole de ser un gurú de la droga. A partir de entonces cayó en una de sus clásicas espirales depresivas y llevó a cabo varios intentos de suicidio. Pero sería en 1974 cuando tuvo su gran epifanía al ver un colgante de un pez sobre la blusa de la chica que le traía sedantes de la farmacia. En paralelo, empezó a recibir extrañas cartas desde Estonia. Al parecer, Dick puso al FBI en conocimiento de dichas cartas, aunque lo hizo de forma peculiar; depositándolas en el cubo de la basura que estaba convencido el FBI escudriñaba. Fue a partir de entonces cuando empezó a escribir sus obras más metafísicas que adoran algunos de sus seguidores y detestan otros, como Ubik o Valis.

Desde ese momento, Philip K. Dick empezó a bucear en un espacio metafísico que le llevó a las miles de páginas de Exégesis, que el escritor Jonathan Lethem y Pamela Jackson editaron, de forma “ordenada” y “resumida” en el año 2011, produciendo un inquietante y enrevesado volumen de unas mil páginas, The Exegesis of Philip K Dick.

La obra, escrita entre 1974 y 1982, incluye reflexiones sobre el sufrimiento, la compasión y la naturaleza del universo, pero también alienígenas con tres ojos, robots hechos de ADN, antiguos cultos cristianos reprimidos por la Iglesia, viajes en el tiempo, radios que funcionan incluso desenchufadas y la verdadera naturaleza del universo tal y como la describió Parménides o revela el Libro tibetanos de los muertos.

En el fondo, aunque se trata de un material intimidante, no se aleja del que manejó en sus novelas populares escritas entre 1952 y 1982. Se sigue haciendo las preguntas fundamentales: ¿qué significa ser humano? y ¿cuál es la naturaleza del universo?

¿Por dónde empezar? Seis novelas selectas para introducirse en el universo de Philip K. Dick

‘Los tres estigmas de Palmer Eldritch’

Sobre la frágil naturaleza de la realidad y el mundo de los alucinógenos. Un auténtico viaje a las realidades múltiples que combina el gnosticismo, las máquinas como símbolo de la muerte, la intriga política y el viaje en el tiempo.

‘El hombre en el castillo’

¿Qué hubiera sucedido si los nazis y los japoneses hubieran ganado la segunda guerra mundial? Una compleja novela con varias líneas paralelas y un montón de personajes que interactúan. Para los dickheads, una obra maestra.

‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’

Novela en la que se basó, en parte, Ridley Scott para su celebrada película Blade Runner. En el fondo es una novela antirrobots sobre una fantasía paranoide acerca de las máquinas que pueden llegar a ser personas.

‘Una mirada a la oscuridad’

Una de las mejores obras sobre drogas de Philip K. Dick en una América que ha perdido la guerra contra las drogas. La profunda mirada hacia un mundo de mentes descarriadas de un hombre que tenía una gran experiencia personal sobre la cuestión.

‘Ubik’

Un clásico. Hay quien considera que su lectura tiene un efecto parecido a un trip psiquedélico. Incluye el típico material de Phil K. Dick, la paranoia, unos personajes muy logrados y una narrativa que nos lleva a una realidad muy distinta de la convencional.

‘Valis’

Bastante autobiográfica. En esta obra, Dick despliega todo su poderío filosófico y conocimientos gnósticos. Una novela difícil, pero que vale la pena abordar, intentando que no nos deje tirados en la cuneta metafísica.

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