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100 canciones sobre drogas (3)

Humble Pie

95 Humble Pie. “30 days in the hole” (del álbum Smokin’, A&M, 1972)

“30 días en el hoyo / oh, Señor, ten piedad / Chicago Verde, hablando sobre Libanés Rojo / un sucio cuchitril y una cucharilla plateada de coca. / Dadme mi libertad, venga ya. / Nepalí Negro, te hace flojear las rodillas / semillas y polvos por los que te trincaron / sabes que es difícil de creer. / 30 días en el hoyo / eso es lo que te cayó. / Newcastle Marrón, ya te digo, puede fulminarte / píllate una puta grasienta y una pista de baile resbaladiza / te pondrá el coco a dar vueltas / si vives en la carretera, bien, hay un nuevo código de la autopista / te libras del ruido urbano con un poco de veneno de Durban / ya sabes que vas a acabar en la trena”. Supergrupo inglés formado por Steve Marriott tras acabar con The Small Faces, Humble Pie conquistaron Estados Unidos con su fibroso y vibrante hard rock. Durante una de sus giras por ese país, Marriott descubrió en Kentucky que en ciertos estados la tenencia de pequeñas cantidades de droga podía penarse con treinta días de cárcel. Sorprendido por la dureza de esa legislación, escribió este alegato por la legalización en el que prácticamente recorre todo el espectro de sustancias susceptibles de enchironar a su poseedor: potentes variedades de hachís (Red Lebanese y, mezclado con opio, Black Nepalese), cocaína, marihuana (Chicago Green y Durban Poison, sativa pura procedente de la ciudad sudafricana de Durban, muy estimulante y cabezona) y heroína negra disuelta en cerveza (Newcastle Brown).

94 Blur. “Beetlebum” (single, Food, 1997)

Blur

Número uno en listas británicas y primer single del quinto álbum de la banda británica Blur, uno de los más populares exponentes de lo que se dio en denominar Britpop. Si musicalmente “Beetlebum” se inspiraba en los Beatles, como sugiere el título, la letra refiere a la heroína y el papel desempeñado por esta en la relación sentimental entre Damon Albarn, cantante de la banda, y Justine Frischmann, a su vez parte de Elastica. Particularización, como reconocería Albarn en una entrevista, de un hábito que se universalizaba entre la juventud de la Inglaterra de finales de los noventa. “Beetlebum es como una pistola / te deja sin hacer nada, te deja adormilado / me enciende y toda mi violencia desaparece / nada está mal / te chupará el pulgar / te hará correrte / porque es tu pistola”. El título puede vincularse también a la frase “chasing the beetle”, sucedáneo de la tradicional frase china “chasing the dragon” (‘persiguiendo al dragón’), aplicable a la operación de inhalar por un tubo el vapor de una solución, generalmente calentada sobre papel de plata, que suele ser de opio, morfina, heroína, oxicodona o metanfetamina. También puede usarse como metáfora del intento de los adictos de recuperar la sensación de su primer ciego, esto es el dragón. Son varias las canciones en las que se menciona esa frase –por ejemplo, “Los dragones todavía andan sueltos (y solo es martes)”, de Willie Alexander–, no tantas las que giran completamente alrededor del asunto e incluso la utilizan como título, entre ellas las de la aragonesa Sara Serena y los metaleros holandeses Epica.

93 James Taylor. “A junkie’s lament” (del álbum In the pocket, Warner Bros, 1976)

Prototipo del singer-songwriter californiano, aunque nacido en Boston, Taylor arrastró durante la mayor parte de su carrera una adicción a la heroína adquirida a mediados de la década anterior, cuando intentaba abrirse camino artístico en Nueva York. Canciones como “Rainy day man” ilustran ese primer periodo yonqui, del que le rescataría su padre, sometiéndose a una primera desintoxicación. Fichado por Apple, el sello de los Beatles, en 1968 volvía a recaer en el hábito mientras grababa su primer LP, añadiendo metedrina a la dieta y sometiéndose de nuevo a varias curas de metadona y una larga hospitalización. La canción “Fire and rain” describiría ese periodo que parecía cerrado, pero no sería hasta 1983 que, impresionado por las muertes de John Belushi y Dennis Wilson, de los Beach Boys, ambos víctimas de la cocaína, desterraba definitivamente la hipodérmica. Perteneciente a su séptimo álbum, “A junkie’s lament” es la más dramática de esas autobiográficas viñetas sobre su relación con el jaco, un aviso a navegantes: “Oh, dios mío, un mono puede mover a un hombre / enviarle al infierno y de vuelta a casa / una mano vacía por la tarde, aullándole a la luna / está medio enfermo y medio colocado / seguro que le gustaría dejarlo / pero ha ido demasiado lejos / le calmaron con la metadona / ahora solo depende de él / nena, que no desista tu amor / odiaría parecer desconsiderado / tan solo es que comprendo / al hombre que el mono dejó atrás / solía pensar que era mi amigo”.

Nº 254 ya en los quioscos

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