Ilustración: mi vida con un fumeta

Podrida de dinero

Este artículo se publicó originalmente en el número 250 de la revista Cáñamo España

En Lavapiés han cerrado varios clubes cannábicos y he tenido que regresar de Sevilla para contratar nuevos porteadores que cubran el incremento de la demanda. Mi empresa de distribución de cannabis a domicilio surte en estos momentos a casi dos mil personas a la semana, cuando veníamos de atender, antes del verano, a menos de la mitad. La plantilla se ha duplicado y ahora, además del surtido menú de variedades de hierba, vendemos BHO, cera y tres clases de hachís de las plantaciones del Rif que trabajan con Marcelo.

    Llevar una empresa ilegal, con trabajadores emigrantes, no es una tarea fácil. La decisión más difícil ha sido emplear a porteadores blancos. Es decir, me he tenido que negar a incluir en plantilla más negros. Modou y Abdul se han enfadado y me han llamado racista, pero es que no podía hacer otra cosa. Vivimos en una sociedad xenófoba, donde la policía te detiene si eres negro. La piel blanca no llama su atención, pero si eres negro tienes todas las papeletas para que la policía te detenga y te pida los papeles. Aunque ir en bicicleta y con una mochila de Glovo! a la espalda los hacía menos llamativos, a Abdul, Modou y Ousmane tuve que comprarles ropa de marca carísima para que parecieran negros norteamericanos en lugar de africanos. Y aun así ya los han parado como cuatro o cinco veces a pedirles los papeles, con la buena suerte de que volvían de una entrega y no llevaban hierba encima.

    Entre los nuevos porteadores hay dos italianos, un suizo y tres españoles. Los cinco habían trabajado antes para Glovo! y para Deliveroo, y están muy felices de ganar 3000 euros al mes. Su entusiasmo ha dinamizado la empresa y las ganancias han sido enormes. Lo cual ha terminado de hundirme, ¿qué hago yo con tanto dinero? La red que tenemos para lavar dinero (la discreción me impide contar el entramado financiero) no admite tanto cash. A veces me entran ganas de regalarlo casi todo.

    Marcelo dice que desde mi encuentro con los Guardias Civiles me he vuelto paranoica. Y puede que tenga razón. Demasiada gente dependiendo de mí, demasiado dinero en casa, demasiado riesgo. Septiembre es un mes depresivo, eso también hay que tenerlo en cuenta. Y también que el tiempo pasa y ya no tengo 20 años. Es curioso, pero ahora que se descubre que tantos políticos han falseado sus tesis, me han entrado ganas de terminar la mía, un estudio sobre el uso del adjetivo en la literatura del siglo XVIII. Un poco rollo, lo sé. También podría empezar una tesis nueva. Una tesis que recogiese lo aprendido en estos años, algo así como “Transformaciones del sector cannábico ilegal español”. Hoy cualquier tema se presta para hacer una tesis.

    Estoy deprimida sin saber qué hacer y estar podrida de dinero tampoco ayuda. ¿Trabajar por 1000 euros al mes? Para eso me quedo en casa. Tal vez me haga escritora profesional, de esas que escriben eso que llaman porno para mamás. En la última feria del libro de Madrid había una escritora gordita y con un mechón de pelo verde a juego con la portada de su novela –una novela romántica titulada Te acordarás de mí– que tenía una fila kilométrica de seguidoras, y no pocos seguidores, esperando que les dedicara su libro. Por curiosidad compré un ejemplar y era como un culebrón para quinceañeras calentorrillas, con frases en plan “ella sintió su pene atravesarla hasta el alma y no pudo evitar llorar a moco tendido cuando le vino el orgasmo”, o esa otra que se me ha quedado grabada: “El hermoso pene de Carlos en erección le hacía creer que era posible ser feliz en este mundo de injusticias”.

    Una tesis, una novela porno y cursi, o un libro de autoayuda. La mayoría de esos libros con afán salvador tratan sobre gente como yo, podrida de dinero, que una vez han conquistado el éxito se dan cuenta de que son infelices y deciden cambiar de vida y te lo cuentan, porque, oh, milagro, en su nueva vida también conquistan el éxito. Yo quiero cambiar el rumbo de mi vida, pero ¿hacia dónde? Y la duda que ahora me asalta, ¿qué coño hago con tantos billetes?
 

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