La noticia, difundida primero por la Policía Nacional y luego amplificada por medios locales colombianos, reúne allanamientos simultáneos, armas, una granada, marquillas con la cara de Pablo Escobar y un personaje que habría convertido su viaje a Europa en una etapa de profesionalización criminal. Según la versión oficial, en seis diligencias de registro y allanamiento fueron detenidas once personas, señaladas de integrar “Los del 20” y “Los 300”, dos grupos con injerencia en las comunas 5 y 7 de Palmira.
El caso de “Vidal” concentra la atención pública en colombia porque habría regresado de España a finales de 2024 con conocimientos para la elaboración de tusi y con una lógica de comercialización apoyada en redes sociales, códigos de color y marquillas propias. Producto de este modelo de negocio, la investigación policial reveló ingresos semanales que podían llegar a los 25 millones de pesos (unos 5.912 euros).
Sobre la sustancia que "cocinaba" "Vidal", el Sistema de Alertas Tempranas del Observatorio de Drogas de Colombia lleva años advirtiendo que buena parte de lo comercializado como “tusi” o “tusibi” no corresponde necesariamente a 2C-B, sino a mezclas variables en las que aparecen con frecuencia ketamina, MDMA y otros compuestos.
En ese sentido, el operativo en Palmira puede leerse como una escena más de la expansión de un mercado de drogas sintéticas que ya no se explica solo por laboratorios o rutas, sino también por aprendizajes transnacionales, plataformas, estrategias de marketing digital y, además, habla de una cultura de consumo y de una economía ilegal que se adapta con rapidez a los códigos actuales.
La captura de once personas puede alterar temporalmente una red, pero no resuelve por sí sola el problema de fondo. Mientras el “tusi” siga circulando como una receta ambigua que varía de quien la cocine con los riesgos que eso implica, la conversación quedará atrapada entre el parte policial y el morbo.