Las actividades conmemorativas comenzarán a las 17.00 horas, con el análisis de sustancias a cargo de Energy Control. Posterior a la jornada de testeo se celebrará un homenaje y encuentro comunitario en la plaza de Emili Vendrell. La edición de este año tiene un significado particular ya que se conmemora la versión 25 del Día Internacional de Sensibilización sobre la Sobredosis y adopta el lema “25 Years On. Still Needed”, que puede traducirse como “25 años después. Sigue siendo necesario”. Esta iniciativa nació en Australia y cada 31 de agosto reúne actividades destinadas a recordar a quienes han muerto y promover medidas capaces de evitar nuevas pérdidas.
En Barcelona, Metzineres durante 2025 realizó más de 9.000 acompañamientos al consumo y 55 análisis de sustancias junto con Energy Control. La entidad asegura que durante ese periodo no se produjo ninguna sobredosis dentro de sus espacios, mientras registró 16 episodios ocurridos fuera del local entre las personas acompañadas.
La Agencia de la Unión Europea sobre Drogas señala que los espacios de consumo supervisado buscan reducir la mortalidad y otros daños, intervenir ante las sobredosis que ocurren en sus instalaciones y conectar a personas con patrones de consumo de alto riesgo con servicios sanitarios y sociales. La evidencia disponible indica que estos dispositivos pueden contribuir a reducir las muertes relacionadas con drogas, aunque medir su impacto presenta algunas dificultades metodológicas.
A estos espacios se suman herramientas como la formación para reconocer una sobredosis, el análisis de sustancias y la disponibilidad de naloxona, medicamento que permite revertir una sobredosis de opioides si se administra a tiempo y su acceso forma parte de las políticas de reducción de daños. La distribución de naloxona a bajo coste se ha extendido en distintos lugares mientras países como EE UU han registrado recientemente una caída de las muertes por sobredosis.
La conmemoración del Raval desplaza la mirada desde la responsabilidad individual hacia las condiciones en las que se produce el consumo donde tener información sobre las sustancias, contar con personas preparadas para responder ante una emergencia y acceder a naloxona o a espacios supervisados no elimina todos los riesgos, pero sí permite reducirlos. Por eso, y veinticinco años después de la primera jornada internacional, prevenir una muerte por sobredosis sigue dependiendo también de que estas herramientas estén disponibles para quienes las necesitan.