El Departament de Salut ha introducido cambios metodológicos que amplían los casos incluidos, entre ellos las personas mayores de 65 años y las defunciones en las que solo se detectó alcohol o antidepresivos. De las 308 personas fallecidas, 215 eran hombres y 93 mujeres.
El elemento más consistente del informe está en el policonsumo. En más de ocho de cada diez muertes apareció más de una sustancia. Los grupos detectados con mayor frecuencia fueron el alcohol, los hipnosedantes y la cocaína, presentes en más de la mitad de las defunciones, mientras que los opioides aparecieron en el 36% de los casos.
Los datos apuntan así a un escenario más complejo que el de una sola sustancia responsable. El riesgo está asociado también a las combinaciones, las dosis, las condiciones de consumo y la rapidez con la que una persona puede recibir asistencia. En España, los servicios de análisis de sustancias vienen ofreciendo información precisamente sobre esas variables. Un reciente balance de Energy Control basado en casi 30.000 muestras mostró la diversidad de adulterantes y composiciones detectadas durante una década.
Otro dato relevante desplaza buena parte de la prevención fuera de los dispositivos sanitarios: el 68% de las muertes ocurrió en domicilios. Para Salut, esta situación refuerza la necesidad de que las personas usuarias y quienes las rodean sepan reconocer una sobredosis, llamar al 112 y colocar a la persona afectada en posición lateral de seguridad.
Este tipo de intervención forma parte de las estrategias de reducción de daños, un enfoque que no condiciona la atención sanitaria a que la persona abandone el consumo, sino que busca reducir los riesgos y consecuencias negativas asociados a él.
Cuando existe sospecha de una sobredosis por opioides, la naloxona puede revertir temporalmente sus efectos mientras llegan los servicios de emergencia. El medicamento no actúa frente a otras sustancias y no sustituye la atención sanitaria, pero constituye una de las herramientas centrales frente a la sobredosis con opioides y su expansión no se limita a Catalunya ya que en EE UU también se ha ampliado recientemente el acceso a naloxona nasal sin receta.
Las cifras catalanas muestran por qué las muertes relacionadas con drogas no pueden explicarse únicamente preguntando qué sustancia consumió una persona. También importan las mezclas, el contexto, la información disponible, la presencia de otras personas y la posibilidad de recibir ayuda rápidamente.
Cuando la mayoría de estas muertes ocurre en espacios privados y el policonsumo aparece en más de ocho de cada diez casos, una política de drogas orientada a reducir la mortalidad necesita ir más allá de la prohibición y la abstinencia como únicas respuestas. Facilitar información, acompañamiento, análisis de sustancias y acceso a herramientas de emergencia permite intervenir sobre riesgos que existen independientemente de que el consumo sea legal o ilegal.