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Hachís en las naranjas y pastillas en las galletas

Operativos recientes de la Policía Nacional en Andalucía y Madrid agregaron nuevos camuflajes a la lista de contrabandeo creativo de drogas. Ahora las naranjas de látex, sandías y batatas falsas, se suman también junto a los botes de chicles y paquetes de galletas.

Cajas de naranjas que, al pelarlas, revelan una piel de látex y, por dentro, hachís. Así lo describieron los agentes en Málaga tras la "Operación Zidanne", con 1.600 kilos intervenidos y dos detenidos enviados a prisión. Semanas antes, la ‘Operación Bachata’ había localizado 1.800 kilos de hachís empaquetados como “bolas de naranja” dentro de sacos de obra, además de más sustancia oculta en sobres de cacao.

Pero el juego de camuflajes tiene larga data y goza de una creatividad sin límites y, sólo en lo que va de 2025, ya tenemos varios reportes. En julio, la investigación ‘Operación San Pedro’ interceptó el mayor alijo del año con 15,3 toneladas de hachís transportadas en un camión frigorífico con destino Almería, camufladas entre sandías y sacos de batatas falsas.

15,3 toneladas de hachís camufladas entre sandías y sacos de batatas falsas.

15,3 toneladas de hachís camufladas entre sandías y batatas falsas.

El trayecto, iniciado en Nador (Marruecos), aprovechaba la intensa logística hortofrutícola de temporada. Ocho personas fueron detenidas y la imagen de las “batatas” rellenas parece un chiste, pero funciona engañando al ojo entrenado y haciendo que el escáner aduanero vea comida y no contrabando.

En enero, la Policía Nacional desarticuló en Madrid una red que enviaba MDMA en botes de chicles y paquetes de galletas: diez detenidos, más de 24.000 pastillas y 1.124 gramos de MDMA. La logística de la distribución mezclaba mensajería con entregas locales de baja intensidad para pasar desapercibidos.


La recurrencia en este tipo de camuflaje hace suponer que corresponde a una tendencia y que los mercados de drogas están expandiendo los “camuflajes alimentarios” que van desde tomates o plátanos,  hasta envases de comestibles manipulados para burlar controles y apoyarse en la extensa red de distribución que tienen estos productos.

Sin embargo, lo importante es no perderse en el disfraz, porque cada decomiso frena ventas puntuales, pero no modifica la demanda ni la oferta. Si la conversación se queda en naranjas, sandías o galletas falsas, la ciudadanía deja de mirar lo sustantivo y deja de exigir una regulación que desplace el negocio hacia circuitos legales.

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