Botsuana dio un primer paso para incorporar el cáñamo industrial a su estrategia de diversificación económica. Un ensayo desarrollado por el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Agrícolas confirmó que la planta puede cultivarse en el país, según informó el servicio oficial Daily News tras una visita del presidente Duma Boko al proyecto.
La prueba se realizó con semillas procedentes de Bulgaria y, según indicó el Gobierno, los resultados reducen la incertidumbre agronómica y permiten avanzar hacia una fase comercial. Boko presentó el cultivo como una posible fuente de empleo, exportaciones y materias primas para sectores como la construcción, el textil, el papel, los biocombustibles y los materiales biodegradables.
El proyecto continúa una política que ya habíamos seguido cuando Botsuana apostó por el cáñamo bajo fuerte control estatal. En 2025, el Parlamento aprobó una ley para regular el cultivo, la producción, el almacenamiento, el transporte, la investigación, la importación y la exportación de cannabis medicinal y cáñamo industrial mediante licencias. Una reforma paralela adaptó la legislación sobre drogas para permitir esas actividades bajo control estatal.
Antes de esta cosecha, Botsuana había iniciado ensayos de cultivo de cannabis medicinal como parte de la misma estrategia. El Gobierno también anunció que el proyecto se ampliaría a agricultores locales una vez que el marco regulatorio estuviera plenamente operativo.
Pero una planta que completa su ciclo en una parcela experimental no equivale todavía a una industria rentable. Las autoridades no han publicado rendimientos por hectárea, consumo de agua, costes de producción, resultados detallados de THC ni el comportamiento de las variedades en distintas zonas del país. Aunque el Gobierno afirma que las pruebas fueron positivas bajo condiciones climáticas diversas, no ha difundido datos técnicos que permitan comprobar el alcance de esa conclusión.
Tampoco se ha anunciado una fecha concreta para abrir el cultivo comercial a productores. El acceso dependerá de las licencias y de requisitos técnicos, financieros y de seguridad todavía decisivos para saber quién podrá participar. El precedente de Uganda, que impulsó su primer programa nacional de cáñamo industrial tras ensayos favorables, muestra que pasar del campo experimental a una cadena de valor requiere infraestructura, mercados y reglas de acceso claras.
Botsuana ha demostrado que el cáñamo puede crecer en su territorio. La siguiente prueba será comprobar si también puede sostener una industria rentable y si las oportunidades prometidas llegan a agricultores y empresas locales, en lugar de concentrarse desde el comienzo.