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Canadá detalla cómo validar los análisis de cannabis

Health Canada publicó el 15 de septiembre una guía para comprobar la fiabilidad de los métodos con los que productores y laboratorios analizan el cannabis. El documento busca adaptar los criterios internacionales a flores, aceites, comestibles y extractos.

El Reglamento sobre cannabis de Canadá ya obliga a utilizar métodos validados sobre muestras representativas de cada lote. La novedad de la guía de Health Canada está en que reúne criterios para que productores y laboratorios demuestren que sus procedimientos sirven para el propósito previsto. El documento complementa la norma internacional ICH Q2(R2) y admite distintas técnicas, siempre que exista una justificación científica.

Uno de los principales desafíos es la diversidad de productos ya que está demostrado que un método que funciona con flores secas no tiene por qué ofrecer resultados igualmente fiables al analizar aceites, bebidas, caramelos o extractos. Cada composición puede afectar a la extracción de los compuestos o interferir en su medición. Es una dificultad conocida por los laboratorios especializados en el análisis de cannabis, que trabajan con muestras muy diferentes.

La guía también explica cómo evitar confundir sustancias químicamente parecidas. El delta-8-THC y el delta-9-THC, por ejemplo, pueden aparecer muy próximos durante un análisis cromatográfico. Si el método no consigue separarlos adecuadamente, existe el riesgo de identificarlos o cuantificarlos de forma incorrecta. Health Canada recomienda comprobar también las posibles interferencias de otros componentes de la muestra y de los subproductos de síntesis.

Otro aspecto importante es la sensibilidad real de las pruebas porque no basta con conocer la cantidad mínima que puede detectar un instrumento ya que se debe considerar lo que sucede durante la preparación de la muestra. Health Canada ofrece un ejemplo en el que un límite instrumental de un microgramo por mililitro equivale, después de las diluciones necesarias, a 200 microgramos por gramo del producto original. Ignorar esos pasos puede ofrecer una impresión equivocada de la capacidad del método.

La guía propone controles periódicos de calibración, recuperación y precisión para comprobar que los resultados siguen siendo fiables cuando cambian los equipos, los analistas o las condiciones de trabajo. También aborda cómo expresar la incertidumbre de las mediciones y evitar cifras decimales que aparenten una precisión superior a la demostrada.

Las diferencias entre el THC anunciado y el realmente medido en ciertos productos legales muestran la importancia de contar con resultados verificables. La nueva guía no garantiza que desaparezcan esos desajustes, pero proporciona criterios para evaluar los procedimientos que generan la información destinada a los controles de calidad y, finalmente, a las etiquetas. Su aportación consiste en concretar cómo medir con fiabilidad, no en modificar las reglas del mercado.

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