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El cultivo de tejidos ayuda a ordenar la genética cannábica

Ante la propagación inadvertida de patógenos como el hop latent viroid (HLVd), la industria del cannabis está recuperando una herramienta de laboratorio que promete limpieza, orden y eficiencia: el cultivo de tejidos.

Durante años, el clon fue el recurso más directo para replicar una planta cannábica con rasgos deseables. En mercados emergentes y de rápido crecimiento, el intercambio informal de esquejes consolidó esta práctica como norma. Sin embargo, esa misma dinámica facilitó la circulación de enfermedades silenciosas, muchas veces invisibles al ojo cultivador.

Uno de los patógenos más problemáticos en la actualidad es el hop latent viroid (HLVd), un viroide que puede habitar en esquejes sin mostrar síntomas evidentes y, aún así, impactar severamente el rendimiento. Esto ha obligado a la industria a tomarse en serio la procedencia y el estado sanitario del material genético.

Síntomas asociados a HLVd en plantas de cannabis susceptibles.

Síntomas asociados a HLVd (distorsión de las hojas y amarillamiento de las venas) en plantas de cannabis.

En ese contexto, el cultivo de tejidos reaparece como una solución posible. La técnica, común en otros cultivos comerciales, permite multiplicar plantas a partir de fragmentos pequeños en ambientes estériles y controlados. Expertos indican que el método está disponible hace tiempo, pero en la industria del cannabis sigue infrautilizado, aunque hay empresas que lo aplican como estrategia para conservar una biblioteca genética y reducir el espacio dedicado a plantas madre.

En la nota aparecida en cannabisindustryjournal.com se destaca dos aplicaciones principales de esta técnica. Una es la multiplicación estandarizada de clones, que mejora la homogeneidad de los lotes. La otra es el rescate de genéticas afectadas: al trabajar con meristemos apicales –tejidos en crecimiento con menor carga viral–, es posible, en ciertos casos, sanear líneas que de otro modo se perderían. 

Además del beneficio sanitario, el cultivo de tejidos responde al desgaste que implica clonar indefinidamente una planta madre. Con el tiempo, muchas pierden vigor o desarrollan sensibilidad. Reiniciar una línea en laboratorio permite revitalizarla sin modificar su identidad genética. En términos logísticos, también representa una optimización del espacio y que puede reducirse entre un 75% y un 80% la superficie destinada a madres.

La transición del clon al laboratorio no desplaza la experiencia del cultivador, sino que la amplifica y, en un panorama donde la genética se comercializa y circula globalmente, garantizar su trazabilidad y sanidad se vuelve un criterio central.

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