Un estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science evaluó extractos acetónicos de hojas de la variedad de cannabis «Gorilla Glue 1» frente a Aeromonas hydrophila, Edwardsiella tarda y Pseudomonas fluorescens. Estos patógenos pueden provocar enfermedades y pérdidas en la cría de peces, donde el uso intensivo de antibióticos también favorece la aparición de resistencias. Otros trabajos de laboratorio han explorado, por ejemplo, la actividad del CBD contra bacterias Enterococcus resistentes.
El resultado antibacteriano más destacado correspondió a un extracto cuya concentración mínima inhibitoria —la cantidad más baja capaz de impedir el crecimiento visible— fue de 0,02 miligramos por mililitro frente a E. tarda y P. fluorescens. Los experimentos se hicieron por triplicado y se repitieron tres veces, aunque describen actividad bajo condiciones controladas, no eficacia en estanques o criaderos.
El equipo también estudió las biopelículas, comunidades bacterianas adheridas a una superficie y protegidas por una matriz que dificulta el control de las infecciones. Todos los extractos previnieron su formación o alteraron biopelículas ya establecidas. Una de las preparaciones superó el 50 % de inhibición frente a los tres patógenos analizados. La búsqueda de aplicaciones antimicrobianas del cannabis también incluye materiales combinados, como un hidrogel con CBD y plata probado contra bacterias hospitalarias.
Otra fase examinó el quorum sensing, el sistema químico con el que las bacterias coordinan comportamientos colectivos. Mediante Chromobacterium violaceum como organismo indicador, la mayor inhibición de la producción de violaceína alcanzó el 98,61 % con una concentración de 1,25 miligramos por mililitro. Interferir en esta comunicación podría afectar funciones asociadas a la virulencia, pero esa hipótesis todavía necesita pruebas específicas.
El alcance químico del estudio es limitado. Los autores trabajaron con extractos crudos y no aislaron ni cuantificaron THC, CBD u otros cannabinoides. Por tanto, la actividad observada no puede atribuirse a una molécula concreta ni al llamado efecto séquito. Antes de pensar en aplicaciones será necesario caracterizar el material e identificar las sustancias responsables.
La seguridad plantea otra barrera. Una preparación mostró citotoxicidad alta en células Vero, tres presentaron toxicidad moderada y el mejor índice de selectividad fue 3,0. El estudio no administró los extractos a peces ni los probó como alimento, medicamento o sustituto de antibióticos.
El hallazgo ofrece una pista, no una solución lista para llegar al agua. Entre una placa de laboratorio y un tratamiento acuícola quedan por identificar los compuestos activos, descartar toxicidades y comprobar que el posible beneficio alcance a los peces sin trasladarles un riesgo nuevo.