La relación entre cannabis, apetito y metabolismo arrastra desde hace años por un lado la idea de que el THC se asocia con el aumento del hambre y con ese impulso de comer que forma parte de la cultura popular cannábica y, por otro lado, algunos estudios poblacionales han observado entre usuarios habituales una menor prevalencia de obesidad y diabetes tipo 2. Este nuevo trabajo no resuelve por sí solo esa contradicción, pero sí plantea que quizás no todo dependa del THC aislado, sino de la composición más amplia de la planta.
En el experimento, el equipo encabezado por Nicholas V. DiPatrizio utilizó ratones macho alimentados durante 60 días con una dieta rica en grasa y sacarosa, un modelo habitual para estudiar la obesidad inducida por dieta. A partir del día 30, los animales recibieron durante un mes THC o extractos de cannabis ajustados para contener una cantidad equivalente de THC. Al final del tratamiento, tanto el compuesto aislado como los extractos completos se asociaron con una reducción del peso corporal y de la masa grasa en los animales obesos.
Donde el estudio introduce un elemento novedoso es en la regulación de la glucosa. Mientras el THC por sí solo no consiguió normalizar ese parámetro, los extractos completos sí llevaron la eliminación de glucosa a niveles comparables con los observados en ratones delgados. También mostraron una mayor capacidad para restaurar la expresión de adipocinas, hormonas producidas por el tejido graso que participan en el apetito, la sensibilidad a la insulina y el equilibrio metabólico. Esa diferencia refuerza la hipótesis que la planta de marihuana puede comportarse de un modo distinto a sus moléculas aisladas.
Para ampliar la lectura de esos resultados, los investigadores realizaron además pruebas con células 3T3-L1, utilizadas con frecuencia para analizar la formación de adipocitos. En ese modelo celular, tanto el THC como los extractos mostraron efectos antiadipogénicos y cambios en el metabolismo energético. La observación es relevante porque apunta a una posible participación del sistema endocannabinoide en la regulación del tejido graso, aunque no permite todavía hablar de una aplicación terapéutica directa.
Sin embargo, la comunicación de la Universidad de California en Riverside remarca que los resultados son prometedores, pero no equivalen a una recomendación para usar cannabis como tratamiento del peso corporal, la obesidad o la diabetes. La línea que abre el estudio parece ir en otra dirección: identificar compuestos no psicoactivos de la planta que puedan explicar parte de los efectos metabólicos observados sin reproducir la intoxicación asociada al THC, una discusión que ya aparece en otros trabajos sobre cannabinoides, inflamación y grasa visceral.