El trabajo fue realizado por investigadores de universidades y centros científicos de Marruecos. El equipo estudió cómo distintos cannabinoides podrían interactuar con la proteína F del virus del sarampión, una estructura que cambia de forma para permitir que el patógeno se fusione con las células e inicie la infección.
Mediante técnicas de acoplamiento molecular y simulaciones, los investigadores compararon varios compuestos con un inhibidor de referencia. El ácido cannabicroménico (CBCA), la cannabicromevarina (CBCV) y el cannabiripsol (CBR) obtuvieron los resultados iniciales más favorables.
Entre ellos, la CBCV presentó el mejor comportamiento general en los modelos. Las simulaciones sugieren que podría mantener la proteína viral en su estado previo a la fusión e impedir el cambio estructural necesario para ingresar en la célula. Los análisis informáticos también le atribuyeron propiedades compatibles con el desarrollo de un fármaco y un perfil toxicológico preliminar favorable.
Estos resultados amplían el interés por los cannabinoides minoritarios, relacionándolos con otras investigaciones sobre compuestos del cáñamo frente a virus. En los últimos años, diversos equipos científicos han explorado las posibles propiedades biológicas de estos compuestos mediante estudios de laboratorio y modelos computacionales, con resultados que justifican seguir investigando. Sin embargo, esos trabajos se encuentran en diferentes etapas experimentales y no permiten trasladar sus conclusiones a pacientes ni considerarlos tratamientos eficaces frente a enfermedades virales.
La principal limitación es que toda la investigación se realizó mediante programas informáticos. No se midió si la CBCV detiene la replicación del virus, qué dosis sería necesaria ni cómo se comportaría dentro de un organismo. Además Scientific Reports advierte, que el manuscrito disponible corresponde a una versión todavía no editada y que podría contener errores.
La investigación muestra que la diversidad química del cannabis puede ofrecer nuevas pistas para el desarrollo farmacológico. Pero siempre vale la pena recalcar que una molécula prometedora en una simulación sigue siendo una hipótesis científica, no un tratamiento ni menos una alternativa a la vacunación.