Hablar de “abuso” como si existiera una cifra universal ha sido, durante décadas, una forma de esquivar el debate en torno al problema de cuánto se consume y qué consecuencias produce. En clínica, el trastorno por consumo de cannabis (CUD por sus siglas en inglés) se define por criterios como pérdida de control, interferencia con responsabilidades, tolerancia, abstinencia y persistencia pese al daño. Por y considerando que en un mercado regulado se puede acceder a flores, resinas, extractos y comestibles de potencias dispares, contar porros o gramos puede resultar engañoso.
Para sortear esa confusión, el estudio adopta la “unidad estándar de THC” (5 mg de delta‑9‑THC), una propuesta previa para comparar dosis entre productos y vías de consumo. Con una herramienta de registro retrospectivo llamada Enhanced Cannabis Timeline Followback (un “calendario” guiado para reconstruir, con detalle, qué se consumió y con qué frecuencia), el equipo reconstruyó cada tres meses la cantidad, frecuencia y potencia consumidas durante 12 meses y, al final, evaluó el CUD en 85 adolescentes (16–17 años) y 65 adultos (26–29).
El hallazgo más relevante es que la cantidad semanal de THC, expresada en unidades, discrimina mejor el riesgo que métricas tradicionales. En adultos, además del umbral de 8,26 unidades y el punto asociado a severo se situó en 13,44 unidades ( unos 65 mg). En adolescentes, los umbrales fueron más bajos con 6,04 y 6,45 ( unos 32 mg), con una distancia mínima entre ambos escenarios. Los autores subrayan que no se trata de un “límite seguro” ni de un criterio diagnóstico, sino de una referencia orientada a prevención y reducción de daños.
La investigación abre un flanco que para muchos consumidores les es difícil conversar. Por eso, traducir el consumo a unidades de THC (en mercados donde es legal) puede facilitar el debate sobre potencia, frecuencia y riesgos, especialmente entre jóvenes. Pero su utilidad real dependerá del acceso a información fiable en el etiquetado de los productos, educación y servicios de apoyo disponibles antes de que el “umbral” se transforme en diagnóstico.