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El fentanilo arrasa en Norteamérica

La adicción a los opioides en América del Norte es mucho más fuerte que cualquier otro vicio, y con el fentanilo agregado es más mortífera que muchas enfermedades. Mientras escribo esto, dos colegas acaban de morir a causa de una sobredosis.

Una emergencia está azotando América del Norte; olvídense del COVID, el tabaquismo o el alcoholismo. La adicción a los opioides es mucho más fuerte que cualquier otro vicio, y con el fentanilo agregado es más mortífera que muchas enfermedades. Mientras escribo esto, dos colegas acaban de morir a causa de una sobredosis.

Hay muchos factores por los cuales la gente cae en las garras de la adicción. Por supuesto, están los factores socioeconómicos, las enfermedades mentales y los traumas que empujan a que la gente busque aliviar sus dolores mentales y físicos a través de las drogas. También existe una desconexión social que no experimentamos en Hispanoamérica, donde los valores familiares son más sólidos. En Canadá y Estados Unidos existe mucha soledad y sus redes de apoyo para alguien que haya caído en desgracia o en la pobreza se limitan a una endeble asistencia gubernamental. La gentrificación –un anglicismo necesario recién adoptado por nuestro idioma– también es señalado como uno de los culpables, ya que el desplazamiento de los pobres ha llevado a una crisis de indigencia en ciudades hípsteres como San Francisco, Los Ángeles y Portland, y otras metrópolis como Baltimore, Filadelfia y Nueva York, donde los indigentes son las principales víctimas de esta letal epidemia. La mayor ganancia del narcotráfico se queda en Estados Unidos, por lo que a los narcos gringos (muchas veces, el mismo gobierno) les conviene tener esta epidemia.

Lejos de aminorar en relación con el año pasado, las muertes por sobredosis han aumentado un dos por ciento y en el 2022; según el Centro de Control de Enfermedades (CDC), hubo más de cien mil muertes anuales a causa del fentanilo. Estas cifras están basadas en los certificados recibidos y procesados por el Centro Nacional para las Estadísticas de Salud (NCHS). Se cree que debe haber por lo menos cinco mil personas que no han sido registradas y otras tantas que nadie reclamó y perecieron en el olvido más avieso.

Trevor, un músico de Vancouver (Canadá), perdió a su hermano debido a una sobredosis: “Mi hermano fue una de las 207 personas que murieron por el abastecimiento de una droga tóxica en la ciudad en febrero; 211 murieron en enero. ¿Hasta qué punto nos vamos a dar cuenta de que la prohibición provee un mercado lucrativo a los bastardos que están vendiendo este veneno? Podríamos estar pagando educación y tratamientos en lugar de estar dando dinero a los camellos. No entiendo por qué no se dan cuenta de que las personas tienen la autonomía de tomar drogas, sean legales o no. ¿Qué es lo que ha logrado la prohibición además de crear un récord de muertos? 2.272 personas murieron de sobredosis en la provincia de la Columbia Británica el año pasado comparadas con las 2.996 personas que murieron en las Torres Gemelas. Hasta se inició una guerra por estas personas. Aquí estamos sin hacer nada cuando cada año mueren el equivalente a dos Torres Gemelas por drogas tóxicas”.

Vivian McPeak, un activista cannábico de Seattle, se encuentra preocupado por la situación que vive su ciudad: “Más de 2.400 muertes se han reportado en nuestro estado (Washington) en los últimos doce meses. Necesitamos lugares de consumo seguros y legales que salven vidas y saquen el uso ilegal de drogas fuera de las calles. Necesitamos lugares donde existan apoyo y supervisión y, sobre todo, modelos que hayan sido probados con éxito de reducción de daños”.

Es necesario también contar con lugares donde se prueben las drogas, se descriminalice a los usuarios y se tenga el control de la oferta para regular la calidad de las drogas y quitarlo de las manos de los criminales, a los que no les importa el bienestar de las personas.

Incluso en México, que es considerado como un país de tránsito para este tipo de drogas, ya se está consumiendo y, según el gobierno de Estados Unidos, los cárteles lo están traficando hacia su país.

En el 2019, el fentanilo llegó a la zona fronteriza de la Baja California: se empezó a vender mezclado a las personas usuarias que no sabían que estaban consumiendo fentanilo, entonces una persona que consumía una cierta cantidad de repente tuvo una sobredosis por la misma cantidad que estaba acostumbrada a consumir. También la abstinencia del fentanilo es mucho peor. Es mortal hasta en pequeñas dosis, y no se pueden observar ni percibir su sabor ni su olor. El fentanilo es cincuenta veces más fuerte que la morfina: 2 mg de fentanilo puede ser una dosis letal, del tamaño un poco mayor a dos granos de sal, aunque se ha reportado que hasta 0.5 mg puede provocar un coma respiratorio.

El fentanilo, ya sea que venga de China o de los cárteles mexicanos y distribuido por mafias y políticos estadounidenses, no haría tantos estragos si existiera una educación integral y una legalización total de todas las drogas, únicas armas contra este monstruo químico moderno.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #305

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