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1 de Octubre de 2022

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Entre progresistas, prohibicionistas y oportunistas

Editorial Cáñamo Colombia #21

Políticos, técnicos, funcionarios, ciudadanos y medios de comunicación llevamos años apostándole al final de la guerra contra las drogas con evidencia, experiencia, valentía, alma corazón y vida, y ahora nos enfrentamos al reto de consolidar las propuestas progresistas.

Se prendió el debate electoral en Colombia y, como suele pasar, meses antes de lo que la ley permite, solo se habla de candidatos, alianzas, estrategias y tiempos. Las próximas elecciones a la presidencia y al Congreso de la República tendrán como nunca la reforma de las políticas de drogas en el centro del debate. Seguramente, los políticos prohibicionistas en campaña o los que gobiernan volverán a mostrarnos el fracaso de la guerra contra las drogas como culpa de las drogas y no de sus decisiones políticas. Muchos seguirán creyendo que la misma fórmula pueda dar diferentes resultados. Allí no hay caso, morirán con las botas del prohibicionismo puestas.

Sin embargo, el cambio cultural y generacional que el profesor Juan Daniel Gómez planteaba está ocurriendo: no solo contamos con una nueva generación de políticos con ideas de cambio para dejar atrás el prohibicionismo y caminar hacia la regulación de los mercados, sino que contamos con una generación de jóvenes entre los 18 y los 35 años que han visto el fracaso innegable de la guerra contra las drogas y aceptan con tranquilidad que con educación, reducción de daños y autocuidado es posible convivir en paz en un mundo con drogas. Una generación de jóvenes que ha sido educada en reducción de daños, consumo responsable, regulación de mercados y derechos de personas consumidoras por proyectos como Échele Cabeza, que acaba de cumplir sus 10 años.

Políticos, técnicos, funcionarios, ciudadanos y medios de comunicación llevamos años apostándole al final de la guerra contra las drogas con evidencia, experiencia, valentía, alma corazón y vida, y ahora nos enfrentamos al reto de consolidar las propuestas progresistas. Cada vez la resistencia es menor, pero muchos prohibicionistas siguen dispuestos a todo con tal de mantener esta guerra a como dé lugar. Sabemos que carecen de argumentos, pero también que no van a dejar de infundir miedo y terror. Hablarán de catástrofes por venir, usarán imágenes degradantes y repetirán el famoso estribillo de “que alguien piense en los niños”.

Bienvenidos son todos aquellos que cambiaron de parecer, aquellos que en la batalla entendieron la locura de esta guerra y han acabado asumiendo el camino de la razón y la regulación de los mercados. Quien no cambia de parecer en la vida frente a la evidencia de los acontecimientos no es inteligente. Sin embargo, también hay mucho oportunista sin principios que ahora se adhiere a la cresta de la ola reformista, buscando subirse donde no cree y amarrarse a la burocracia a como dé lugar.

Hemos creado una corriente que ya no tiene vuelta atrás y, para materializar las reformas desde el Estado y el poder político, en las próximas elecciones deberemos elegir entre valientes progresistas, radicales prohibicionistas y hábiles oportunistas. ¡Alerta! Hay mucho en juego.

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