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Ubulawu Nomathotholo

Del laboratorio de Shulgin a los rituales de los chamanes sudafricanos. Brujos, sanadores y adivinadores bantúes terminaron adoptando el 2C-B en sus ceremonias tradicionales cuando escaseaban sus plantas sagradas.

Hola. En 1974, el químico orgánico y benefactor de la humanidad Alexander Shulgin, buscando fenetilaminas homólogas a la potente anfetamina alucinógena DOB, sintetizó por primera vez el compuesto 4-Bromo-2,5-Dimetoxifenetilamina, al que bautizó como 2C-B por esa “famosa” cadena de dos átomos de carbono entre el grupo amino y el anillo de benceno de la molécula. El 2C-B fue el primero de una deliciosa familia de 29 golosinas psiquedélicas que Shulgin fue, después, sintetizando metódicamente: 2C-M, 2C-C, 2C-I, 2C-E, 2C-T, 2C-T7...

Un año más tarde, en junio de 1975, tras experimentar sus efectos por sí mismo, el propio Shulgin describió (junto a Michael Carter) la psicoactividad del 2C-B. Era una de sus seis sustancias favoritas, “ojitos derechos” las llamaba el Maestro, de la que escribió: “Uno de los compuestos más elegantes, eróticos, sensuales e introspectivos que he inventado. Para la mayoría, es un psicodélico de corta duración y agradable, sin efectos secundarios tóxicos ni resaca al día siguiente”. Su maravillosa criatura tuvo una infancia tranquila, circulando en un reducido contexto de enterados y psicoterapeutas entre los que era muy apreciada. En los ochenta se empezó a constatar su consumo en discotecas norteamericanas y el fenómeno se disparó, dentro de un orden, a partir de la prohibición del MDMA en 1985. 

Aunque suene raro ahora, estamos hablando de un psiquedélico que era completamente legal entonces. Por eso, una modesta farmacéutica alemana, Drittewelle, con sede en Leipzig, sacó al mercado dos suculentos medicamentos que se vendían sin receta: Erox y Nexus. Erox, en una cajita finamente ilustrada con la silueta de una pareja fornicando en la postura que los hindúes denominan yab yum, contenía 30 grageas con 5 milígramos de 2C-B cada una. Estaba indicado para “el alivio temporal de la impotencia masculina y la frigidez femenina” y recomendaba tomar una pastilla una horita antes de la coyunda. Nexus fue el gran triunfador, con sus cápsulas de 10 miligramos de preparado de alta pureza y el que, finalmente, acabó dando nombre popular al 2C-B. Sin olvidar los productos de la competencia, vendidos también como presuntos afrodisíacos en sexshops: Perfomax, Spectrum, Venus... Huelga decir que la mayor parte de la producción de Erox y Nexus se vendió en Estados Unidos y en los smart-shops holandeses.

Como siempre, la popularidad mató el sueño de un 2C-B legal y en 1993, como siempre también, después de una campaña de prensa alarmista, fue prohibido en Estados Unidos y, en rápida sucesión, en el resto del mundo. Por supuesto, se obviaron todas las voces autorizadas que clamaron por una regulación sensata dada la nula toxicidad del 2C-B. Sudáfrica, sin embargo, fue de los últimos países que aguantó la ofensiva prohibicionista. Inkwazi, una empresa de Lesoto, comercializaba allí desde finales de los ochenta el medicamento en comprimidos Ubulawu Nomathotholo (que al parecer se traduce del xosha como “la medicina de los ancestros cantores”), cuyo prospecto aseguraba que cada pastilla “abre la mente a mensajes, visiones y sueños de espíritus ancestrales. Esto lo convierte en un excelente remedio para ser utilizado por curanderos tradicionales africanos durante sus ceremonias de sanación”. 

Por alucinante que parezca, eso fue exactamente lo que sucedió. Que sanadores, curanderos y adivinadores bantúes, zulúes, xhosa, ndebele y swazi empezaron a utilizar 2C-B en sus ceremonias tradicionales. Hasta entonces habían utilizado en sus rituales un bebedizo hecho con una variada mezcla de plantas y hierbas (Silene Capensis, Acacia Xantophloea, Synaptolepis Kirkii, Helinus Integrifolius o Rhus Pauciflorus), pero, con el éxodo masivo a las ciudades y la sobreexplotación de las plantas, resultaba cada vez más difícil conseguir los vehículos vegetales místicos. Aquella problemática la resolvió, para pasmo de new agers, la molécula diseñada por Alexander Shulgin. Con la importante ventaja añadida de eliminar las intoxicaciones derivadas de una mala mezcla o dosificación que, antes de aparecer el espíritu empastillado, sucedían con cierta frecuencia. 

Los más respetados sangomas, término zulú que designa a brujos y sanadores, descubrieron con agrado que aquel vehículo místico, sintetizado con cariño y paciencia en el laboratorio de Shulgin, les transportaba al mismo reino espiritual que sus medicinas vegetales ancestrales. Por supuesto, el 2C-B acabó siendo prohibido en Sudáfrica. Concretamente en 1998. Por supuesto, también, hoy día sigue vendiéndose en el mercado negro, con la diferencia de que, además de a ravers y fiesteros, los camellos también despachan su producto a los chamanes locales. Triste, sí, pero también bonito. Adiós. 

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #339

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