El pasadizo apareció en una nave del polígono del Tarajal y excavado a unos 12 metros de profundidad. En su tramo español, la galería alcanzaba alrededor de 50 metros y presentaba unas dimensiones que refuerzan la idea de una logística clandestina. Cabe precisar que este hallazgo fue parte de una investigación por tráfico de hachís que ya había logrado decomisar más de seis toneladas de esa sustancia ocultas en camiones.
En las distintas fases de la denominada "Operación Hades" fueron detenidas varias personas vinculadas, presuntamente, a la introducción de droga desde Marruecos, entre ellas agentes de la Guardia Civil y el entonces diputado ceutí Mohamed Ali Duas. Para enero de 2026, la causa acumulaba 15 detenidos y seguía abierta, aunque algunos investigados ya habían quedado en libertad provisional bajo fianza.
La hipótesis de que el túnel habría funcionado durante al menos una década fue publicada por La Razón el pasado 10 de marzo. Leída junto con las detenciones practicadas en la "Operación Hades", esa versión no apunta solo a la existencia de una galería subterránea, sino a un entramado más amplio de complicidades. Que una infraestructura así pudiera construirse, mantenerse oculta y servir presuntamente para introducir hachís desde Marruecos sugiere fallas prolongadas en un espacio especialmente vigilado. La frontera, el puerto y los dispositivos de control dejan entonces de aparecer como un muro y se revelan más bien como puntos de fricción, donde el dinero del narcotráfico puede abrir paso, comprar protección o aprovechar negligencias.
La novedad a la fecha es que el túnel habría estado operativo “al menos” diez años y los investigadores no descartan que sirviera también para otros tráficos ilícitos, incluido el de personas. Pero ese marco temporal no encaja con otras informaciones publicadas en 2025, que situaban su funcionamiento en un periodo mucho más acotado, entre 2022 y 2024.
Lo importante, en el fondo, no es solo cuánto tiempo estuvo activo el túnel, sino qué condiciones hicieron posible su existencia. Un paso subterráneo de esta escala no se explica únicamente por la audacia de una red criminal, sino por el valor económico de una ruta del hachís que lleva décadas empujando a las organizaciones hacia formas cada vez más complejas de ocultación.