La sensación de que cuesta tragar después de consumir cannabis tiene un nombre: xerostomía. El término describe la percepción subjetiva de sequedad bucal, mientras que la hiposalivación corresponde a una disminución medible de la producción de saliva. Ambas pueden coincidir, aunque no significan exactamente lo mismo. Por lo mismo, la relación entre algunos componentes del cannabis y la sequedad de boca ya ha sido objeto de otras investigaciones.
Un estudio publicado en 2025 en JDR Clinical & Translational Research analizó datos de 29.721 adultos de Estados Unidos. El 9,7% declaró experimentar sequedad bucal frecuente o permanente. Tras ajustar los resultados por variables demográficas y de salud, los investigadores observaron que el consumo diario de cannabis se asociaba con 2,1 veces más probabilidades de presentar xerostomía.
El diseño fue transversal registrando consumo y síntomas en un periodo determinado, aunque no permite concluir que el cannabis causara directamente la sequedad. Tampoco despeja por completo la influencia de medicamentos, tabaco, vaporizadores u otras condiciones capaces de reducir la salivación. Aunque vaporizar cannabis reduce algunos subproductos tóxicos de la combustión, los estudios sobre xerostomía todavía no permiten establecer con claridad cuánto cambia el riesgo según la vía de administración.
Otra investigación, publicada en noviembre de 2025, revisó los historiales de 1.600 pacientes mayores de treinta años atendidos en una clínica odontológica de la Universidad de Nevada, Las Vegas. El consumo de cannabis apareció como el predictor independiente más fuerte de xerostomía o hiposalivación en esa muestra, con un riesgo relativo de 3,10.
Otro estudio, esta vez utilizando ratones y que fue publicado en Scientific Reports encontró receptores cannabinoides CB1 en las conexiones nerviosas que controlan la glándula submandibular. Según sus resultados, el THC activa esos receptores y reduce la secreción de saliva.
Si bien la boca seca no convierte al cannabis en una amenaza tampoco debería normalizarse como una simple anécdota del colocón. Una regulación basada en evidencia también implica comunicar efectos concretos, distinguir los riesgos del alarmismo y ofrecer herramientas para que cada persona pueda tomar decisiones mejor informadas.