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“Cocaína Negra” reconstruye los secretos del químico de Pinochet

El documental chileno “Cocaína Negra” recupera grabaciones realizadas por Eugenio Berríos, bioquímico vinculado a la policía secreta de Augusto Pinochet. A partir de esas cintas, la película vuelve sobre una historia que atraviesa la fabricación de agentes neurotóxicos, redes clandestinas de la dictadura y acusaciones que durante décadas lo vinculan a él y sus superiores en el tráfico de cocaína.

Eugenio Berríos murió hace más de treinta años en Uruguay, pero en “Cocaína Negra” vuelve a hablar con su propia voz. El documental dirigido por Cristóbal Valenzuela Berríos utiliza una serie de cintas grabadas por el bioquímico como eje para reconstruir una trayectoria estrechamente ligada a los aparatos represivos de la dictadura que gobernó Chile entre 1973 y 1990.

Para quien no conozca esa historia, Berríos fue un colaborador de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta creada durante los primeros años del régimen de Augusto Pinochet y causas judiciales lo relacionaron con el proyecto químico ANDREA y con trabajos destinados a producir gas sarín, un agente neurotóxico capaz de provocar convulsiones, parálisis y la muerte en dosis muy pequeñas. 

El nombre de este bioquímico también apareció en la investigación por el asesinato en Washington del excanciller chileno Orlando Letelier, cometido en 1976. Cuando la justicia quiso interrogarlo años después, Berríos salió clandestinamente de Chile y terminó en Uruguay, donde permaneció bajo control de integrantes de los servicios de inteligencia de ambos países. Su cadáver, con impactos de bala, fue encontrado en 1995  y la justicia chilena terminó condenando a varios militares por su secuestro y homicidio.

COCAINA_NEGRA

“Cocaína Negra” entra también en un terreno compuesto por acusaciones y testimonios que vinculan a Berríos y a sectores de la dictadura con circuitos de tráfico y elaboración de cocaína. Si bien esas afirmaciones no tienen el mismo grado de acreditación judicial que su participación en actividades químicas clandestinas, la película recurre a documentos y testimonios para reconstruir ese vínculo donde el poder político y la dictadura ya forman parte de un capítulo más amplio de la historia de las drogas en Chile.

Realizado en Chile en 2026, el documental tiene una duración de 84 minutos y es una coproducción de Blume Producciones (Chile) y Passaparola (Uruguay). La producción está a cargo de Flor Rubina, David Bravo, Emiliano Mazza de Luca y Adriana González. Este año participó en la Competencia Latinoamericana Documental del Festival Internacional de Cine de Lima y, tras la presentación de su tráiler, tiene fijado su estreno comercial en los cines chilenos para el 5 de noviembre.

En este recorrido, las cintas de audio ocupan un lugar central y son el material que permite al documental volver sobre una época en la que drogas, servicios de inteligencia, violencia política y operaciones clandestinas compartieron espacios cuyos límites todavía siguen reconstruyéndose. Aunque no resuelven por sí solas las zonas oscuras de la historia de Berríos, esas grabaciones aportan una vía concreta para revisitar los hechos y las conexiones que la película busca poner en perspectiva.

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